Seguridad y tolerancia le regalarían los caraqueños a la Sultana del Ávila en su 449 aniversario

Hace 59 años, a un mes del golpe de Estado a Marcos Pérez Jiménez, llegó Carmen de San Antonio del Táchira a Caracas. La Pastora la acogió en sus casas coloniales que le recordaban a las de su pueblo natal; desde entonces, la abuela de 76 años ha querido más a Caracas que a su propio terruño. Ahora Carmen vive en Caricuao, lugar al que califica como “la mejor parroquia de la ciudad“.

Hace 449 años, un 25 de julio, el español Diego De Losada fundó la ciudad de Santiago de León de Caracas. El nombre de la capital derivó del apóstol tradicional de la conquista española: Santiago, un santo militar de España. El “León” fue en honor al gobernador de aquella época, Ponce de León, y Caracas para honrar a los indígenas que habitaban el valle.

La “noble y leal ciudad” de los techos rojos ha cambiado desde entonces y muchísimo. Solo en el primer semestre de 2016, a la morgue de Bello Monte han ingresado 2.827 cadáveres como consecuencia de la violencia que sacude a la “sucursal del cielo”.

En unas de las esquinas de la histórica plaza Bolívar, Alfredo Vera, un lustrador de zapatos con más de 34 años en su oficio, tiene su silla. En esta butaca se han sentado algunos políticos de la actualidad. “Yo le limpié los zapatos a Maduro cuando era canciller”, recuerda Vera, mientras pule un calzado colegial.

Vera vive en Caracas desde que tenía 5 años. Para él, a pesar del deterioro, el centro de la ciudad ha recibido algunos “cariñitos”. “Sí la han acomodado bastante; para como estaba antes, está bastante recuperada”, aseguró

En un recorrido por la capital, Efecto Cocuyo preguntó a los caraqueños qué le regalarían a la ciudad en su cumpleaños número 449.

Omar Enrique, un artesano que se encontraba vendiendo sus piezas cerca de la Catedral de Caracas, se definió como un caraqueño de “pura cepa”. A la ciudad le regaló un poema: “Cuando te sientas triste, llora y luego sonríe. Cuando pienses en el mañana, lucha de nuevo hoy (…) Cuando pienses en mi amistad, linda Caracas, recuérdame como una gotita de agua dentro de un vaso de cristal”, recitó.

Alan Espinoza (1)

Sentadas, tomando un café en un centro comercial de Chacao, Gabriela y Vanessa no pensaron dos veces lo que le obsequiarían a la ciudad. La primera, de La Trinidad, le regalaría a la Sultana del Ávila mayor puntualidad. Todos, aseguró, “llegamos tarde”. La segunda, residenciada en La California, le daría a la capital más tolerancia. “Tenemos que ponernos en los zapatos del otro y entender situaciones que no nos atañen a nosotros”, dijo.

Al otro lado de la ciudad, bajo el puente de las Fuerzas Armadas, Leonel Fernández vende libros. Entre el agite que vive en el centro de Caracas, el librero aseguró que rescataría más espacios culturales para que la gente tenga mayor diversidad de lugares de esparcimiento. Eso sí, con seguridad incluida.

Leonel Fernández

La Caracas de los recuerdos

A Carmen, la orgullosa abuelita de Caricuao, recuerda el antaño caraqueño como si fuera ayer. “Yo me iba a la plaza de La Pastora a disfrutar de los carnavales, eso era maravilloso. Como mi familia es muy grande, siempre preparábamos comparsas y nos presentábamos en la plaza”.

Comentó que los “bonches” en Plaza Caracas con la Billo’s Caracas Boy y Los Melódicos eran hasta el amanecer. “La retretas los domingos en las plazas de la ciudad eran buenísimas. Siempre me iba a mis misas de aguinaldo, en ese tiempo no había temor de salir a la calle”.

Carmen prefiere no salir mucho de su casa por temor a ser asaltada. Al igual que los demás caraqueños, quiere que todo vuelva a ser como antes. “Yo le regalo a Caracas mi amor, mi bendición y la esperanza de seguir luchando por mejorar la capital, mijo”.

Texto: Reynaldo Mozo

Fotos y videos: Reynaldo Mozo / Julett Pineda

Diseño: Gina Domingos

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