Primero fue el simulacro y luego el sismo real, Ciudad de México revive la pesadilla 32 años después

Fue el 19 de septiembre de 1985 cuando un estruendo a las 7: 15 am, aproximadamente, anunció la tragedia en Ciudad de México. Hoy, más de tres décadas después, a la 1:15 pm y justo luego del simulacro general, otro sismo, menos fatal pero igualmente aterrador, sacudió los cimientos de la ciudad.

El miedo y la incertidumbre se apoderaron inmediatamente de muchos, especialmente en el centro de la ciudad, donde algunas colonias luego fueron declaradas zonas de desastre. El gobierno de la Ciudad de México declaró en emergencia las 16 delegaciones mientras evalúan los daños.

Poco antes, a las 11:00 am, millones de mexicanos participaron en el simulacro general. Como estaba previsto, sonó la alerta sísmica y en cada sector las personas salieron a la calle, se reunieron en las áreas de seguridad y evaluaron la infraestructura.

Dos horas después, ya no sería un simulacro y tampoco las reacciones serían de calma. Para esa hora muchos aún estaban en la escuela o en sus trabajos, ya que la hora de almuerzo es a las 2:00 pm. Tampoco todos oyeron la alerta sísmica.

De los edificios, la mayoría bajó como pudo. Algunas madres angustiadas intentaban saber de sus hijos, otros de sus familiares. La electricidad se desconectó, se percibía en algunas zonas olor a gas, las calles aledañas a las avenidas Insurgentes y Reforma se congestionaron. Nada se movía, sino el piso.

En el edificio donde me encontraba, en el piso 8, todo empezó a saltar. Cayeron sillas, se abrieron gavetas.  El edificio luego fue declarado inhabitable. Algunos propietarios acudieron a rescatar a sus mascotas. Mi colega Gerardo Álvarez subió a buscar nuestras computadoras y nuestros documentos de seguridad, mientras Ileana García, su esposa, intentaba llegar a casa.

Luego se sabrán con exactitud las consecuencias de este sismo, pero por los momentos muchas personas deben permanecer fuera de sus inmuebles mientras Protección Civil evalúa las fallas.

Pasadas cuatro horas, la calma todavía no retornaba. Apenas se restableció el servicio eléctrico, mientras queda gente que camina rumbo a sus casas. Un trabajador ha caminado 12 kilómetros y nos dice: aún me faltan 5 km más.

Por las calles hay gente que camina con maletas. En ellas llevan lo esencial. Es parte del paquete de prevención, sobre el cual se entrenan; allí deben tener documentos importantes, objetos de valor. Nada muy pesado.

Otros, como mis colegas Ileana y Gerardo, debieron abandonar su apartamento porque el edificio fue severamente golpeado.

Por las redes sociales una vez más circulan los videos que muestran cómo se derrumbaron los edificios. También se ven otros inmuebles cuyos daños los hacen inhabitables.

Luego de la conmoción inicial,  empresas y personas abrieron sus cuentas de WiFi para que todos en las calles pudieran tener acceso y así comunicarse con sus familiares y amigos.

Pasadas seis horas del sismo, las víctimas superan las 139 personas en todo el país. En Ciudad de México hay más de 20 edificios colapsados. Cuando llegaba la noche, se informó sobre algunos hechos vandálicos, aunque aislados.

La solidaridad se hace notar. Esta noche me toca dormir refugiada con  Ileana y Gerardo en la casa de Freddy,  un amigo cubano que nos abre las puertas de su casa. Nos ofrece cama y comida. No creemos que podamos dormir.

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Foto: EFE