“Para los del Poder es como si hubiera muerto un perro”, hermana de Ányelo Quintero #AUnAñoDeLasProtestas

Ángel, de año y medio, mira la foto de Ányelo Quintero Rivas y balbucea “papá”. Aún es muy pequeño para comprender que no lo verá más en persona. pero la tía del bebé, Yurlexy Rivas, dice que al crecer le irán contando sobre su padre, que murió el 12 de febrero de 2018 tras un paro respiratorio. Tenía 29 años.

Quintero Rivas estuvo más de siete meses internado en el Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (Hula), en el estado Mérida,  ingresó el 28 de junio de 2017, tras recibir un tiro en la cabeza, en el sector Trapichito de Ejido, donde se realizaba una protesta opositora al Gobierno de Nicolás Maduro.

Yurlexy recuerda que el día que le dispararon se vieron por última vez en la casa. Él había pasado a buscar su tarjeta para ir al banco. La mujer le preguntó si había pedido permiso para ausentarse y le respondió que sí. El joven trabajaba como obrero. Sus compañeros afirman que ese día salió alrededor de las 5:00 pm.

Luego, como acostumbraba, fue a visitar a su bebé en el sector el Trapichito. La mamá de Ángel relató que 15 minutos después de que se fue, le avisaron que estaba herido en la calle.

La familia de Ányelo no tiene la certeza de si él estaba participando en la manifestación o estuvo en el lugar y momento equivocado.

Sin embargo, Yurlexy insiste en que eso no justifica lo que le sucedió. “Él no estaba robando, no estaba matando… Él tenía derecho de estar ahí de cualquier forma”, expresa.

Añade que su hermano no era ajeno a las protestas y consideraba “que sí teníamos que salir (a la calle)” para que la situación del país mejorara. De hecho, una vez hubo una manifestación cerca de donde vivían y él llegó indignado a contar que había visto cómo habían herido a un adolescente.

Intervenciones

Los meses que Quintero estuvo hospitalizado fueron duros. Pasó por más de cuatro intervenciones quirúrgicas incluyendo una traqueostomía, para asegurarse de que le llegara aire a los pulmones, y la colocación de una válvula de derivación peritoneal para tratar la hidrocefalia.

“Uno le hablaba y él a veces trataba de mirarnos, pero se le iba la vista. Después de que se le colocó esa válvula vimos más cosas de él. Lo llamábamos o preguntábamos algo y movía el pie”, cuenta su hermana.

Mientras estuvo internado, la familia tuvo que costear la gran mayoría de los medicamentos porque no había disponibilidad en el centro de salud, donde además  contrajo bacterias en reiteradas ocasiones. Yurlexy recuerda que salían a la calle a hacer potazos para recolectar dinero y poder comprar los antibióticos.

Cuando Ányelo murió, su hermana tuvo que regresar a declarar ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Estando ahí uno de los funcionarios al oír de qué caso se trataba dijo que al joven lo había matado un policía.

La familia recibió distintas versiones. Unos responsabilizan a grupos colectivos. Por otro lado, la doctora que le dio los primeros auxilios relató que apenas ella se agachó para ponerle un paño en la cabeza, una moto con dos guardias nacionales se detuvo frente a ellos y la apuntaron. La mujer alcanzó a decir: “¿Qué te pasa? No ves que está muerto”, y los funcionarios se retiraron.

Yurlexy cree que las autoridades no están trabajando para averiguar quién le disparó a su hermano. “Ellos no me han llamado más para decirme que están investigando”. Dice que lo dejará “en manos de Dios”.

Lamenta que muchos venezolanos inocentes hayan perdido la vida durante los más de cuatro meses de protestas, entre abril y la primera quincena de agosto, que hubo el año pasado. “Esa gente que está montada en el Gobierno actúa como si no hubiera pasado absolutamente nada… siento que para los que están en el poder es como si se hubiera muerto un perro”.

Fotos: Cortesía. 

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