Pacientes trasplantados siguen en riesgo por escasez de inmunosupresores

Cuando un paciente recibe el tan esperado trasplante, la lucha no termina. Durante los primeros meses después de la operación, su cuerpo debe adaptarse al nuevo órgano mientras intenta defenderse de las amenazas ambientales. Luego, necesita tomar medicamentos específicos de por vida para evitar que su organismo rechace al nuevo miembro.

Actualmente, Venezuela atraviesa una férrea crisis política y económica que ha afectado al sector salud. Mientras en las calles las protestas se mantienen, en los hospitales los pacientes luchan por su bien más preciado: la vida.

De acuerdo a las cifras suministradas por Codevida, al menos 3500 personas que han recibido trasplantes se encuentran en riesgo por falta de inmunosupresores y otros fármacos alternos que les ayudan a tratar infecciones y otras dolencias. Por tener una condición tan especial, no pueden darse el lujo de cambiar de dosis o pastillas sin más, pues esto puede traerles complicaciones que los llevarían a la muerte.

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Francisco Valencia, director de Codevida, explica que desde el año pasado se han visto intermitencia en el suministro de ciertos medicamentos pero que este año la escasez se ha agudizado.

“En todo el país está ausente Prograf (Tracolimus). Hay Ciclosporina, pero ese medicamento está ausente en presentaciones de 25mg y 50mg. Hay un medicamento, Certican, la presentación de 0,50mg está ausente en el país, no hay disponible”, comenta y añade que los medicamentos utilizados para tratar las infecciones de trasplantados, tampoco están disponibles, algo que pudiera ser la diferencia entre la vida y la muerte.

El remedio puede ser peor que la enfermedad

El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) es el único ente autorizado de suministrar este tipo de medicinas para los pacientes trasplantados, como también para aquellos que sufren de enfermedades como cáncer VIH o SIDA.

Según Reymer Villamizar, director de la organización Amigos Trasplantados de Venezuela, el IVSS tiene deficiencias en la entrega de fármacos, sobre todo en los estados del interior del país, los cuales reciben suministros y los entregan a través de la red de farmacias de alto costo.

La institución gubernamental ha dicho, a través de su cuenta en Twitter, que “garantizamos principios activos, no marcas”. Sin embargo, los medicamentos genéricos pueden no ser efectivos.

En 2010, el Gobierno nacional trajo Micoflavin, un medicamento genérico procedente de Uruguay. En muchos casos, las reacciones fueron adversas provocando enfermedades y hasta rechazo del órgano.

El presidente de Codavida explica que esto sucede porque recetar un medicamento para alguien que ha recibido un trasplante no es cosa fácil. Se necesitan hacer exámenes específicos para conocer cuál es el estado del paciente y, una vez comenzado el tratamiento, cómo lo ha recibido su organismo, pero no hay reactivos para realizar esta prueba.

¿Picar la pastilla para adaptar el medicamento a la dosis recomendada? Esta opción tampoco es posible. Por su composición, la mayoría de los fármacos vienen en cápsulas blandas, lo que cierra aún más las alternativas de los pacientes para recibir tratamiento.

“Nuestro riñón no espera”

Juan Valdez, residente del estado Bolívar, tenía 15 días sin tomar Ciclosporina. La espera por el medicamento lo llevó a Caracas, ciudad donde también había escasez del fármaco. Los médicos tratantes del Hospital Clínico Universitario se vieron en la necesidad de cambiarle el tratamiento para poder “remediar” lo que la ausencia había hecho en su organismo. La reacción no fue favorable, su salud se deterioró y falleció el pasado 27 de diciembre. Tenía seis años con el riñón de otra persona.

Varios trasplantados en su situación no quieren correr con la misma suerte y, a través de las redes sociales de Codevida, se activó una campaña donde se le exige al IVSS que provea las medicinas necesarias.

Villamizar, asegura que la escasez viene por la deuda que mantiene el gobierno nacional con los laboratorios fabricantes. Insiste en que es el Estado el que tiene la responsabilidad y capacidad para resolver esta crisis, la cual además, tiene el proceso de trasplantes “paralizado”, pues el mal estado de los quirófanos en hospitales públicos no permite que se hagan estas delicadas intervenciones.

Suma que el alto costo de las mismas en las clínicas privadas, tampoco ayuda y mantienen a muchos enfermos renales en diálisis, procesos que cada día se hacen con mayor dificultad en todo el país por el deterioro de las máquinas.

“Sabemos que la situación política está complicada, pero es que nuestro riñón no espera. Nosotros no somos políticos ni estamos siendo pagados por un laboratorio, somos pacientes que exigimos nuestro derecho a la salud y a la vida”, sentencia.

Recuerda que, anteriormente, era posible recibir medicinas del exterior por servicios de encomienda, pero que por orden presidencial emitida en 2014, esta facilidad quedó anulada.

Por su parte, Francisco Valencia narra que un pequeño con a penas un mes de operado, no hallaba su medicina. La médico tratante se vio en la necesidad de comunicarse con el IVSS, pero la respuesta fue menos que satisfactoria.

La doctora llamó al Seguro Social para pedir el Prograf para el niño, la respuesta de quién la atendió fue que por qué estaban haciendo trasplantes si no habían medicamentos”. 

Las tácticas para sobrevivir

Después de la diálisis y la espera de un órgano, un paciente trasplantado hace lo que sea por ganarle a la muerte. Por ello, buscan alternativas para no dejar de ser medicados.

Alfredo Cáceres recibió un riñón hace 9 años. Antes de este milagro, estuvo dos años en diálisis, proceso en que se deterioró al punto de perder la visión de un ojo y sufrir un edema cerebral.

Ahora, su lucha es otra. Cuenta que, como muchos pacientes, busca ayuda por WhatsApp para no quedarse sin tratamiento.

“Tengo tres meses sin que el Seguro Social me de el Prograf, ellos no lo tienen ni siquiera en una versión genérica. ¿Cómo me he podido mantener? Lamentablemente con los compañeros que han muerto, porque no le han entregado el medicamento específico a tiempo o alternativos para otras dolencias como insulina, para los diabéticos o antihipertensivos para hipertensos”, explica.

También le ha tocado reducir las dosis o alternarlas. “Esto me ha traído problemas como que mi creatinina ha subido por tener la necesidad de ahorrar el medicamento. Yo pudiera estar en una proyección a futuro de perder el trasplante, regresar a diálisis y hasta morir”.

“¿Cómo es posible que haya dinero para comprar armamento, para costear giras fuera del país. Cada vez que compran armas me provoca un malestar terrible porque la gente se está muriendo. No hay un canal humanitario. Como dicen por allí ‘ni lavan ni prestan la batea’”, expresa.

Cáceres comenta que tanto él como el resto de los pacientes de todo el país, continúan a la espera de la ayuda que el presidente Nicolás Maduro pidió a la ONU para regular la escasez de fármacos.

Mientras tanto, algunos se han visto en la necesidad de consumir Prednisona de uso veterinario para sobrevivir.

 

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