Pacientes con diabetes “en una encrucijada” ante la escasez de insulina

“Doctora, por favor ayúdeme. Tengo dos meses que no me inyecto insulina”. Peticiones como esta suelen llegar a diario por vía telefónica a la endocrinóloga y presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones y unidades de Diabetes (Fenadiabetes), María Suniaga. De Carúpano, de Puerto Ordaz, de todo el país llegan ruegos de pacientes con diabetes tipo 1 y tipo 2 por medicinas. La respuesta, desde hace meses es la misma: no hay.

“La escasez de medicamentos para los diabéticos viene desde hace un año aproximadamente y ha sido progresiva; pero desde enero y febrero se ha vuelto exagerada, tanto que los pacientes que requieren de insulina están desesperados”, aseguró Suniaga. No solo su teléfono está lleno de mensajes de pacientes que “tocan la puerta” para ver si logran conseguir algo de insulina. En las redes sociales y los noticieros abundan los servicios públicos para solicitar aunque sea una donación o una dosis al precio que sea.

Desde el estado Bolívar, Suniaga es testigo de cómo la tasa de mortalidad por la diabetes ha aumentado por la falta de medicamentos. “En Ciudad Guayana cada semana aumenta la cifra de mortalidad en cuanto a diabetes se refiere por el déficit de insulina”, aseguró, “antes fallecían dos pacientes por mes. Ahora hemos perdido la cuenta”.

Ni cifras ni registros quedan de la agonía de los pacientes. De acuerdo con el último anuario de mortalidad publicado por las autoridades en materia de salud —difundido en 2015, pero correspondiente al año 2013— la diabetes pasó de ser la quinta causa de muerte a convertirse en la tercera. Solo le siguen las enfermedades del corazón y el cáncer. Para 2013, la enfermedad causó la muerte de 11.459 personas, un incremento de 13,33% en comparación con el año anterior.

“Antes nos llamaba la gente diciéndonos que necesitaban insulina porque les quedaba tratamiento solo para una semana. Ahora nos llaman cuando ya están en hospitales”, aseguró Martha Palma, una de las fundadoras de Guerreros Azules, una red de apoyo para padres de niños con diabetes tipo 1.

Palma explicó que la escasez de medicamentos es tal que los pacientes prefieren tener los niveles de azúcar altos a tener una hipoglucemia, que incrementa el riesgo de muerte. Sin embargo, la fundadora de la ONG y madre de paciente diabético, advirtió que los niveles de azúcar altos y los niveles de insulina bajos pueden ocasionar una cetoacidosis, un desequilibrio que puede llevar a un coma diabético.

“En el hospital J.M. de los Ríos están llegando casos de cetoacidosis. Antes llegaban uno o dos casos al mes que podían ser de adolescentes que no se querían inyectar la insulina. Ahora son entre cinco y seis casos y son porque no consiguen el medicamento”, lamentó Palma.

Las insulinas que anteriormente recibía Guerreros Azules como donaciones provenientes del exterior se agotaron. La restricción impuesta en abril a envíos médicos procedentes de destinos internacionales imposibilita la reposición de inventario y restringe aún más los canales de acceso a la medicina. La posibilidad de buscar la insulina en otro país es nula para muchos: el precio del tratamiento puede rondar los $ 500.

Mientras que abocarse a la odisea de buscar la insulina en suelo propio puede salir, con la suerte de conseguirla, muy costosa. “Los pacientes han denunciado que en los alrededores del hospital Ruiz y Páez (en Ciudad Bolívar) y en los hospitales del Seguro Social en Puerto Ordaz los bachaqueros venden la insulina humana que comercializa el Ministerio de Salud hasta en 190 mil bolívares. Las insulinas más nuevas, que producen menos efectos secundarios, cuestan 20 mil bolívares”, denunció Suniaga.

La endocrinóloga recordó que para hace cuatro años la tasa de morbilidad de la diabetes era de un millón 500 mil personas y advirtió que para la fecha esa cifra se tuvo que haber duplicado. Añadió que las tasas de mortalidad se han modificado debido a la falta de insulina y antibióticos para atender las complicaciones y las infecciones a las que se vuelven más propensos los pacientes tras no recibir la medicina. “No hay ni antibióticos para atender eso”, insistió Suniaga.

Agregó que ni los pacientes que no son insulinodependientes llevan una vida normal, pues no pueden hacer ejercicio al aire libre porque la inseguridad siempre amenaza y no pueden llevar una dieta acorde a su condición debido a la escasez y los altos precios de los alimentos.

“Esta es una forma de dejar morir al paciente, sobre todo si es insulinodependiente”, lamentó la presidenta de Fenadiabetes. “Estamos en una encrucijada. Si la situación no cambia, ya no vamos a tener cifras de morbilidad ni mortalidad, sino de mortandad”.