Operaciones en Neurocirugía caen a la mitad durante 2017 #AgoníaEnJM

“Es necesario operar”, dice el doctor Edgar Sotillo, del servicio de Neurocirugía del hospital infantil José Manuel de los Ríos luego de evaluar las dos resonancias de Yusmila. Desde una sala del piso cinco, explica a la madrina y a la abuela de la adolescente de 12 años que en el lado derecho del cerebro, cerca del oído, está alojado el tumor que luego de cuatro años mermó su capacidad para caminar. Trata de omitir los rimbombantes términos médicos y ser lo más claro posible. “Ahora viene la realidad del país”, afirma, tras una profunda inhalación.

La realidad es que si Yusmila llegara a encontrar una cama en el servicio de Neurocirugía del Hospital de Niños de Caracas estaría de quinta en una lista de espera de cuatro pacientes con tumores cerebrales. Todos permanecen a la expectativa de que se libere un puesto en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Sin el cupo en esa sala, pasar por el quirófano no serviría de nada.

“Si entra al hospital, no sé cuándo la voy a operar”, aseguró Sotillo a la abuela y a la madrina de la adolescente. De las 12 camas de la UCI solo están cuatro operativas porque únicamente hay personal para atender ese limitado número de pacientes. A esto se suman las remodelaciones al centro de salud aprobadas por el Ejecutivo en junio de este año y prometidas el 1 de agosto.

“Para marzo de 2016 hicimos 37 operaciones; mientras que para junio de 2017 solo hicimos 36. La misma cantidad que practicamos el año pasado en un trimestre las hicimos este año en un semestre”, lamentó el galeno. Es decir, las operaciones que se hicieron en los primeros tres meses de 2016, tardaron 6 meses en hacerse durante 2017. Una reducción ligeramente por debajo de la mitad de las del año anterior.

Lo mejor que pueden hacer, indicó el galeno a la familia de Yusmila, es tomar el primer cupo que consigan en cualquier hospital con servicios en Neurocirugía: el Hospital General de Lídice, el Domingo Luciani, el Pérez Carreño o el Hospital Universitario de Caracas.

Mientras tanto, en el piso cinco de la torre de hospitalización del J.M. de los Ríos el primer paciente en la lista de espera para operarse un tumor cerebral acumula ya dos meses. La extracción de la protuberancia se retrasó primero por falta de cupo en la UCI y ahora porque la empresa a cargo de las remodelaciones aún no entrega el quirófano.

Un servicio sin espacio

Ochenta por ciento de los pacientes atendidos en el servicio de Neurocirugía tiene tumores cerebrales, hidrocefalia, desanclaje medular o craneosinostosis. Todos requieren ser operados, algunos para extracción de tumores y otros para colocarles válvulas de drenaje; pero no todos están en el mismo piso.

Ya son tres años desde que mudaron el servicio de Neurocirugía del ala del piso cinco, donde siempre estuvo, al área de cirugía cardiovascular, en la misma planta. Para aquel momento, se prometió la remodelación del servicio. Sin embargo, hasta la fecha los cuartos de hospitalización están cubiertos de polvo y repletos de camas y equipos dañados.

Según Sotillo, hay 14 camas disponibles en el servicio que fue cerrado por remodelación, mientras que en Cirugía Cardiovascular son 10. El espacio se ha vuelto insuficiente, tanto así que hay niños de Neurocirugía en camas “prestadas” en los servicios de Medicina III y Medicina IV.

Quirófanos paralizados

Las cirugías practicadas por los galenos del servicio han ido en picada. No porque lleguen menos pacientes, sino porque cada vez son más las irregularidades que ocasionan la paralización del quirófano.

El funcionamiento de la sala de operaciones depende de que el aire acondicionado esté en funcionamiento, de que haya anestesiólogos para trabajar el día de la intervención quirúrgica y de que no se produzca un bote de aguas negras. De producirse alguna de las situaciones nombradas, se impediría la realización de una operación.

En abril de este año, una tubería de aguas servidas cedió e inundó el pasillo del servicio de Neurocirugía. Sotillo recuerda que también este año hubo una falla en el aire acondicionado del quirófano que se extendió por un fin de semana y que impidió las operaciones. Cada vez que falta uno de los cinco anestesiólogos del hospital las cirugías también se suspenden.

La falta de operaciones no solo pasa factura a los pacientes del hospital, sino también a los residentes. Actualmente dos médicos realizan su posgrado en Neurocirugía en el centro de salud infantil; sin embargo, la escasez de operaciones también se traduce en falta de práctica. “No es lo mismo operar dos tumores cerebrales en cinco años que operar 10″, indicó Sotillo, quien también es coordinador docente del postgrado de Neurocirugía de la Universidad Central de Venezuela.