“Oí un crujido y el miedo se apoderó de mí”, el terremoto más fuerte de México en un siglo

El día anterior sonaron las alarmas antisísmicas y no pasó nada. Los mexicanos llegaron a bromear. “Hay tantos corruptos en el país que hasta nos robaron el temblor“.  Más de 24 horas después los corazones se agitaron mientras los edificios se mecían como si fuesen palmeras ante los vientos de una tormenta, las paredes crujían y la mayoría de las personas reaccionaba siguiendo el mantra de la educación sísmica en este país: no corro, no grito, no empujo.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… los segundos se hicieron interminables. El movimiento duró más de un minuto que se eternizó porque, para muchos de los 50 millones de personas que, según los cálculos oficiales,  sintieron el terremoto que estremeció a México, el de este 7 de septiembre fue el más fuerte que han experimentado, incluso para aquellos que sobrevivieron el sismo de 1985. El temblor fue de 8,4  de magnitud en la escala de Richter,  aunque sus consecuencias no se acercaron a la catástrofe  de 1985.

En la oficina donde trabaja Ileana García, periodista venezolana que ya cuenta tres años viviendo en Ciudad de México, le recuerdan constantemente el lema: no corro, no grito, no empujo. Ella suele participar en los simulacros y escucha a sus compañeros mexicanos, ya habituados y entrenados para reaccionar ante un movimiento telúrico.  Pero este jueves,  poco antes de la medianoche, ella casi olvida la consigna.

Esta vez no fue falsa alarma. Tengo el sueño ligero y la alerta sísmica me despertó esta noche, pasadas las 11:00 pm. La teoría dice que desde que se activa la alerta hasta que tiembla pasa un minuto, que debe servir para evacuar el edificio por las escaleras. Me levanté de la cama, prendí las luces, me puse los zapatos, agarré las llaves, el celular y me replegué en la pared de seguridad dentro de mi apartamento, pensando que, como en otras ocasiones, vendría algo relax. Pero no. Lo que vendría sería lo más atemorizante que he vivido en mis 33 años”, relata 

“Comenzó un movimiento oscilatorio leve que fue creciendo paulatinamente. Yo seguía pegada a la pared, desde donde podía ver, a través de la ventana, cómo mi edificio se movía. Veía destellos verdes en el cielo. No entendía. Y me seguía meciendo… A medida que empeoraba el vaivén, los nervios me empezaron a traicionar y comencé llamar a gritos a Paco, mi vecino, a ver si él iba bajar a planta desde nuestro altísimo piso 8. Pero nada, sólo escuchaba el crujido de las paredes, las puertas batiéndose, cosas cayéndose. En medio de aquel movimiento las luces comienzan a ser intermitentes. En segundos se apagaron completamente. Se fue la luz en mi apartamento, en el edificio, en la calle. Y si antes estaba nerviosa, con esto me sentía desesperada. Inicié una nueva sesión de gritos al pobre Paco, él seguía sin contestar. El movimiento paró un poco y pensé que era la oportunidad de salir del apartamento, porque me temía lo peor. Como pude, caminé hacia la puerta de la casa, abrí y comencé a gritar en medio de la oscuridad a ver si había alguien con quien pudiera bajar. La pareja del piso 9 apareció. Ella me preguntó si yo estaba bien, le dije que sí, que gracias, gracias, gracias por aparecer y comenzamos el camino escaleras abajo.  Ya afuera del edificio,  en medio de la oscuridad vi una gran cantidad de piedras que quedaron en las aceras. Vi gente abrazándose, gente en pijama, gente hablando de un terremoto de 8,1 grados, de 8,4 grados. Me senté en la acera. Respiré”.

Pasarían tres horas más para que Ileana y sus vecinos volvieran a ingresar al edificio, ya que debían esperar las réplicas. En menos de una hora se produjeron más de 60, la mayoría con magnitud debajo de 7. El epicentro del terremoto fue en Chiapas, pero se sintió en casi todo el país.

Para el venezolano Isidro Vargas, las autoridades reaccionaron eficientemente. Explica que aunque muchas personas estaban nerviosas, el comportamiento fue ejemplar.

Cómo lo viví

A diferencia de Ileana, el terremoto me tomo desprevenida. Estoy de visita en Puebla, una ciudad ubicada a dos horas de la capital,  para participar en un encuentro de periodistas de medios digitales. Casi a medianoche estaba escribiendo en la cama,  cuando la pared de mi cabecera empezó a moverse. No sabía qué ocurría y seguí escribiendo, pero luego el movimiento se intensificó.

Había empezado a contar, creyendo que al igual que el reciente temblor que sentimos en Caracas, este pasaría en breve.  Pero no. Llegué a pensar por lo extenso que era un movimiento del volcán Popocatepelt que se ve a lo lejos.

Miré hacia mi ventana y había vehículos transitando en la calle, lo cual aumentó mi confusión. Me puse de pie y seguía temblando. Ya había pasado de 30 en mi cuenta mental y la oscilación no cesaba. Me paré debajo del marco de la puerta del baño y el susto fue peor porque veía batirse la puerta de la ducha. Sentí que en cualquier momento las paredes se desprenderían. Oí las paredes como si fuesen rasguñadas desde adentro.  Como pude abrí la puerta de la habitación, un colega  me vio y me ayudó a salir del edificio. Ya la mayoría estaba fuera. Unos en pijamas, otros descalzos como yo.

Mientras soplaba un fuerte viento, me tranquilicé al ver a la mayoría de los mexicanos nerviosos, pero calmados.

Un hombre de unos 60 años me dijo: Soy sobreviviente del terremoto de 1985 y este fue más fuerte.

Poco a poco fuimos volviendo a nuestras habitaciones, orientados por el equipo de seguridad del hotel, cuyos integrantes nos recordaban que esta moderna estructura es “antisísmica”.

 

 

Intenté dormir, mientras veía los noticieros que mostraban los videos más emblemáticos del terremoto, como el que muestra el vaivén del Monumento del Ángel de la Victoria. En las redes sociales corrían desde chistes hasta teorías por las “luces del terremoto”, fenómeno que se suele reportar en estos movimientos.,

“Fue intenso, fue prolongado y fue muy fuerte” declaraba a los medios, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, quien ordenó la suspensión de clases en todos los centros educativos para que Protección Civil evaluara los daños.

Chiapas y Oaxaca fueron los estados donde se produjeron la mayoría de las 32 víctimas fatales reportadas hasta el mediodía de este viernes 8 de septiembre.

Este viernes, la normalidad reinaba en Ciudad de México y otras zonas del país, como Puebla, pero el congreso al que asisto, organizado por la Benemérita Universidad de Puebla fue suspendido por instrucciones de Protección Civil.

Foto: EFE

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