“Nos dejaron abandonados bajo cloacas”, lugareños de La Esmeralda inundados por el Lago

Con lágrimas en los ojos, Morelba Millán enseña la casa donde crió a sus hijos desde hace cuarenta años. Es fruto del trabajo de su vida entera, pero hoy se convirtió en el lugar donde comenzó a vivir la pesadilla de las inundaciones en el sector La Esmeralda, al sur de Maracay (Aragua) por el desbordamiento del Lago de Valencia.

A partir de 2012, los ríos Limón y Madre Vieja han salido de sus cauces por las lluvias que terminan por colapsar el lago. Con las recientes precipitaciones, las casas de La Esmeralda están cubiertas por el agua.

Hoy, el que ha sido el hogar de la familia Millán durante más de cuatro décadas es un sitio inhabitable. Está rodeado de agua estancada: en la entrada, la calle parece un río, mientras que en el patio de la casa ni siquiera es posible ver el fondo del jardín.

Las paredes blancas ahora tienen brotes de color verde: el moho apareció por las filtraciones; por ello, han tenido que mudar enseres para evitar daños y, poco a poco, fueron quedando vacíos distintos espacios de la casa, como la cocina o el área donde solían ir los televisores.

“Era una niñita cuando compramos aquí (en La Esmeralda). Tuvimos permiso del Estado para realizar construcciones en esta zona, pero hoy nos sentimos abandonados. ¿Qué es lo que hace este Gobierno que no se aboca?”, dice la señora Millán con desesperación y tristeza mientras hace un recorrido por su cuarto anegado.

El área total de la propiedad supera los 200 metros cuadrados y cuenta con un enorme patio donde solían cultivarse frutas y vegetales; ahora está completamente sumergido en aguas servidas provenientes del río Madre Vieja que, debido al crecimiento del Lago de Valencia y las fuertes precipitaciones que caen casi diariamente en la zona en estos días, también se desborda e ingresa a las casas de la calle “Y”.

Un olor fétido se siente en el ambiente desde que se ingresa en la residencia. Es tan intenso que, incluso, provoca resequedad en los ojos e irritación en la nariz. “Mi hija sufre de asma y yo tengo cáncer en la piel“, expresó. Además, han padecido otras enfermedades con fuertes síntomas como diarrea y fiebre.

De tres baños que posee la casa, ninguno funciona. Si se intenta bajar la palanca del inodoro, el agua comienza a subir hasta que rebosa la taza y su contenido cae en el suelo porque no hay forma de que decante en las cloacas. “¿Cómo hacemos para vivir aquí? Le hemos pedido ayuda a la Gobernación (de Aragua), Protección Civil y a los bomberos, pero nadie nos ayuda“.

Antes del anochecer deben abandonar el lugar, pues “la plaga” (de insectos) se convierte en su peor enemigo.  Cerca de las 6:00 pm van a casa de algunos familiares o amigos, donde pasan la noche para regresar al día siguiente a limpiar los estragos de las inundaciones en su vivienda. “Dormimos y preparamos comida afuera, pero imagínate, ¿hasta cuándo vamos a andar en eso? Nos da pena”.

Por el frente y por detrás, la casa de la familia Millán luce completamente rodeada por distintas capas de agua que evidencian la gravedad de la situación. “Le pido al Presidente (Nicolás Maduro) que por lo menos trate de venir aquí cinco minutos para que sepa lo que vivimos”, exigió Morelba.

“También se meten a robarnos”

Gregorio Pulido estaba cocinando junto a su familia, cuando de repente las hornillas dejaron de funcionar. Extrañado, fue al patio a revisar qué había ocurrido con las bombonas y la sorpresa fue que ya no estaban los cilindros de gas. Alguien ingresó a la parte trasera de la casa y se los llevó.

“Aquí llegan ladrones que se aprovechan de la situación”, recordó enfurecido Gregorio frente a su hija, mientras mostraba las filtraciones de agua que también afectan toda su casa.

Los Pulido viven a tan solo tres viviendas de distancia de los Millán y en su hogar se reproducen los mismos problemas con el agua estancada, que en el patio supera la altura de las rodillas, mientras que los muros gotean y los mosquitos vuelan por doquier.

“¿Cómo se siente uno? Bueno, con mucha rabia porque sentimos que no nos toman en cuenta”, contestó Gregorio con indignación. Han ido a Hidrocentro y Protección Civil, pero siempre la respuesta es la misma: una espera agotadora que nunca termina de dar una solución a su situación.

Aunque han vivido contingencias en otros tiempos, los vecinos de La Esmeralda coinciden en que en ninguna se compara con la tragedia actual donde al menos un tercio de las 150 residencias que conforman la urbanización están afectadas por las aguas putrefactas.

  • betiee

    excelente, en espera de la nota de paraparal