Ni la escasez de medicamentos ni la de insumos y equipos frena a los doctores venezolanos #DíaDelMédico

Ni la espiral caótica en la que parece consumirse el sistema de salud en el país amilana a los doctores venezolanos. Pese a la severa escasez de tratamientos, la falla en insumos y la falta de equipos en clínicas y hospitales, los galenos renuevan su vocación día a día y no se quedan de brazos cruzados frente a la emergencia sanitaria. Es por esta razón que hoy, sábado 10 de marzo y Día del médico venezolano, merecen un reconocimiento por ejercer la medicina en condiciones tan adversas.

Para Maritza Durán, médico internista con 29 años de experiencia y presidenta de la Sociedad de Medicina Interna, es difícil ponerse una bata blanca y tratar a los pacientes ante la agudización de la crisis. Sin embargo, su vocación la impulsa a ir todos los días a la Clínica El Ávila, donde trabaja, que a pesar de ser una clínica privada no es ajena a las carencias que azotan a los centros de salud de todo el país.

“Esto no es un negocio ni algo que puedes tomar ahorita y después dejar. El que hace medicina tiene que amar la profesión”, asegura.

Augusto Pereira es jefe del servicio de Oncología del hospital J. M. de los Ríos desde el año 2000, pero empezó a ejercer la medicina en el centro pediátrico desde 1985, cuando ingresó como residente. Desde entonces, el galeno se mantiene comprometido con los pacientes oncológicos, quienes padecen con mayor severidad la escasez de medicamentos antineoplásicos.

“Me quedo aquí porque me gusta lo que hago”, asegura Pereira, quien ve en los pasillos del hospital los espacios en los que se formó la mitad de los oncólogos del país y quien además valora la experiencia que comparte con los pacientes y las investigaciones que se realizan en el servicio.

El resurgimiento de enfermedades como el sarampión, el paludismo y la difteria, ya controladas o erradicadas años atrás en Venezuela, muestran la realidad a la que deben hacer frente los galenos y la lucha contra el deterioro del sistema de salud. “Siempre ha habido carencias”, recuerda Durán, pero aclara que nunca habían sido tan graves como ahora. “Ya no prescribimos a los pacientes lo que deberían tomar, sino lo que se consigue”, agrega.

Algo que lamenta la presidenta de la Sociedad de Medicina Interna es que los pacientes no tienen acceso a lo esencial ni, mucho menos, a las innovaciones médicas. “Los diabéticos pasan semanas para encontrar la insulina, los anticoagulantes desaparecieron del mapa, no hay anibióticos para tratar una amigdalitis”, enumera.

Lo más difícil, asegura, es tragarse la impotencia de tener a un paciente sentado frente a ella con un diagnóstico y no poder atenderlo como debiera porque no dispone de los recursos para hacerlo. “Ese es el sentimiento que tenemos hoy día: el ver morir a la gente con enfermedades totalmente tratables porque no cuentan con su tratamiento”.

Aún así, se mantiene firme con su bata blanca y asegura que es necesario continuar trabajando para que las generaciones de relevo puedan seguir creciendo en Venezuela.

“A nuestros residentes les diría que son unos héroes. Tenemos una responsabilidad con los que se fueron y debemos hacer que vuelvan a este país. Esta crisis se tiene que superar y tenemos que preparar las condiciones para que las generaciones de relevo que se fueron tengan oportunidades aquí”, afirma Durán.

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