“Menos mal no es grave”, venezolanos incumplen tratamientos debido a la escasez

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Flor Romero quiere llorar porque no consigue sus medicinas, pero no puede hacerlo. Y por el mismo motivo. Sufre de resequedad crónica en los ojos por lo que debe usar Systane, unas gotas oftalmológicas, pero desde febrero no las consigue. La última que consiguió, ni siquiera la obtuvo en una farmacia. Fue por intercambio.

“Voy entrando en desespero. En un naturista me dieron agua salina, que medio me ayuda. Pero ahorita estoy hablando contigo y tengo los ojos cerrados”, dijo Romero vía telefónica. “Todo el tiempo ando con lentes de sol, como si fuera ciega”.

Y no es su única carencia. Para las varices de sus piernas también debe usar DaflonFlebosmin, pero tampoco las consigue. “No hay, no hay y no hay. La última pastilla me la tomé hace tres meses. Ahora, si me duelen mucho las piernas, mi esposo o mi hijo me hacen un masaje y ya”, contó.

La misma escasez la sufre Mariela, otra caraqueña. Ella debe tomar Livial, un THS (Tratamiento Hormonal Sustitutivo), que reemplaza la pérdida de la producción de estrógenos en las mujeres postmenopáusicas, y alivia los síntomas menopáusicos.

Desde hace meses no la consigue. Desde hace meses no puede dormir bien. “Y no importa lo mal que haya dormido, al otro día hay que trabajar”.

Dice que para ella no es mal de morir, “no es grave, pero sí afecta”. Y lo que más le afecta es ver a su mamá en la misma situación: a sus 81 años tiene un mes buscando, sin éxito, Lyrica, un analgésico, anticonvulsivante y ansiolitico. “Y lo de ella es más grave, porque le afecta la tensión“.

La escasez afecta en todos los ámbitos. Gabriela Márquez, de 37 años, tuvo pastillas anticonceptivas hasta enero de este año. No son las más típicas en mercado porque tienen una carga variable de progestorena. Comercialmente se conocen como Novial, Triquilar y Trinordiol.

La última vez que las consiguió en una farmacia fue en diciembre de 2014. Poco a poco se las arregló hasta el pasado enero, pero desde entonces, cada menstruación es más dolorosa. “Antes la dismenorrea era mínima y de apenas un día. Ahora, sin las pastillas, pasó de entre tres a cinco días”.

Los otros métodos anticonceptivos no le sirven, por lo que, como protección sexual, su pareja debe usar condones. “Todos los métodos anticonceptivos resultan contraindicados para mí”, aseguró.

Foto: Venepro