Médicos venezolanos no tienen “nada que celebrar” este 10 de marzo

No importa la edad, lugar de trabajo o especialidad, todos los médicos coinciden: este 10 de marzo, día del médico venezolano, no hay nada que celebrar. Como dijo el doctor Manuel Parra, del Hospital General de Lídice Dr. Jesús Yerena: “ya ni siquiera podemos decir que estamos trabajando con las uñas, porque ni uñas nos quedan”.

“Este año no tenemos nada que celebrar. Esta es una de las crisis más severas que he visto en el sector salud. No hay insumos, no hay material médico quirúrgico y hay una fuga masiva de profesionales, nos estamos quedando sin generación de relevo”, señaló Parra, médico pediatra con 30 años de experiencia.

Y esas son las principales quejas del gremio médico: malos sueldos, escasez de insumos, fuga de cerebros y el mal estado de los hospitales. Y ahora las clínicas. En eso hace énfasis Luisa del Moral, médico neurólogo quien, además de ser presidenta de la Sociedad Venezolana de Neurología, ejerce en tres clínicas privadas.

En los tres centros donde trabaja hay problemas serios, dice. “Las clínicas están sin insumos médicos y totalmente deterioradas, porque no tienen divisas para comprar, por ejemplo, los repuestos de los equipos”. Y el drama de las medicinas lo viven todos, sin importar si reciben atención pública o privada. “Para nosotros es muy triste que un paciente nos pregunte dónde buscar sus medicinas y no poder decirle dónde conseguirlas”.

En su campo, el área neurológica, el déficit es “casi total”. Desde hace al menos tres años han alertado a las autoridades pero no ven cambios. “No hay ningún antidemencial en el mercado. Eso incide en que los pacientes estén totalmente descontrolados y tengan un deterioro demasiado rápido”, indicó Del Moral.

“Hemos hecho manifestaciones, hemos pedido y nada. Sin embargo, nos mantenemos en pie de lucha. No nos hemos ido del país pensando que aquí hacemos más falta, aunque podemos estar en otro país, en mejores condiciones sociales y económicas”, aseguró la galeno.

¿Irse o quedarse?

No todos piensan así. Mauro Di Stasio, por ejemplo, tiene 31 años y está próximo a graduarse como oftalmólogo. Irse, para él, es una opción. Gana sueldo mínimo más las guardias de cada seis días. “Todavía le pido ayuda a mi papá, porque solo no puedo”, admite.

Él trabaja en el Hospital Dr. Francisco A. Rísquez, un centro meramente oftalmológico. Por eso, dice, quizás la crisis le pega un poquito menos. Pero no se salva del todo. En el centro médico acaban de hacer operaciones por primera vez en 2017, porque se habían quedado sin oxígeno y así no podían hacer ningún tipo de intervenciones.

Además, constantemente tienen que referir a sus pacientes a otros centros por no tener los insumos para atenderlos allí. “Un desprendimiento de retina tenemos que referirlo a otro lado, y tiene que ser una clínica. No existe ningún hospital que esté tratando eso. Es la frustración de siempre, no poder resolver”.

“Por este año no me iré, pero es una opción que sí he pensado y sigo pensando”, dijo Di Stasio. “Y me gustaría volver”.

Por su parte Ana Carvajal, infectóloga con 36 años de experiencia, asegura que este día “no hay nada que celebrar”, que más bien debe usarse para llamar la atención del ministerio de Salud y de los entes correspondientes sobre lo que está pasando.

Para ella, trabajar en el Hospital Clínico Universitario “es un reto y un desafío”, pero uno que genera mucha angustia. Por ejemplo, en la actualidad no cuentan con antibióticos para atender a los pacientes.

“No hay información epidemiológica, el boletín no se publica desde el año 2015. No se apoya la investigación médica y los sueldos de los profesionales de la salud son paupérrimos”, indicó Carvajal.

Según Parra, estamos frente a un panorama muy desolador, y lo peor es que no se ve voluntad por parte del Gobierno para solucionar algo. “Lo que hacen es que afianzan Barrio Adentro como una maravilla y eso no es así, todo lo que es mal atendido ahí termina en los hospitales, y no tenemos con qué atenderlo”.

En el hospital donde labora Parra, cada día son menos los servicios activos. Hace ya un par de años cerraron ginecología, obstetricia y neonatología. “Jamás imaginé esto, jamás pensé que a estas alturas de la profesión iba a ver este desastre. Pensé que tendríamos mejor tecnología, médicos bien pagados… nosotros somos los que le ponemos el pecho a los pacientes”.

“Estamos aquí en pie de lucha, seguros de que va a haber un cambio y celebraremos mejores días del médico. Tenemos que tener el recurso necesario para atender a nuestros pacientes, que es nuestro objetivo, nuestro norte, para lo que nos hemos formado”, dijo Del Moral.

Foto: El Norte

 

 

 

 

 

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