“Maestra, quiero más”, piden niños en comedores del programa Escuela Solidaria

Este jueves no hubo libros, tampoco cuadernos y los salones de clases quedaron atrás. El centro de atención estaba en el comedor, donde sirvieron pollo desmechado, ensalada de remolachas, un vaso de crema de arroz y una naranja a unos 50 niños de la escuela Adolfo Navas Coronado, en la parroquia Las Minas de Baruta, Caracas, como parte del programa Escuela Solidaria. 

Duviany tiene 12 años; es la menor de sus hermanos y la prima mayor de la nena de tres años que la acompaña. La niña no ve clases en la Navas Coronado, pero Duviany la lleva para que pueda comer. Cuenta que sus padres “hacen cola todos los martes y miércoles“, días que les toca comprar alimentos regulados de acuerdo con su terminal de cédula, pero que igual “me ha tocado acostarme con hambre cuando no consiguen nada”.

Los  niños empezaron a llegar a la Navas Coronado pasadas las 9 de la mañana y a las 11 ya estaban sentados para comer.  Según contaron las maestras, algunos fueron sin desayunar y, en algunos casos, tampoco habían cenado la noche anterior.

Aunque los niños y los vegetales no suelen hacer migas, difícilmente se escuchó un “no quiero” o “no me gusta”. Por el contrario, “maestra, quiero más“, fue la expresión que más repetía esta mañana. Ningún plato o vaso regresaba con restos de comida. Si alguno dejaba algo, otro lo consumía.

En esa escuela en particular ya dos menores han manifestado que en sus casas no los están alimentando. “Nos dieron las gracias por esta comida y que si podían venir a comer todos los días“, dijo Melkys Machado, directora encargada del plantel.

La profesora Concettina Calandra es la jefa de Educación Miranda, región metropolitana, y cuenta que lo que ha visto estos días es descorazonador. “Me llamó la atención una niña con bolsito en la cocina, cuando me vio me dijo que era para llevarle un plato extra a su hermanita, que si podía hacerlo”, recordó.

La Gobernación de Miranda abrirá desde esta semana y hasta la última de agosto las puertas de 164 de sus escuelas -actualmente han abierto 133- para darle al menos una comida segura a los niños matriculados en estos planteles. En varios casos, la única que recibirán en el día.

En la Navas Coronado el programa de alimentación empezó el pasado lunes, 1 de agosto, y diariamente han atendido entre 40 y 60 niños. Llegan solos o con sus hermanitos o primitos; con esa independencia que caracteriza a los niños que crecen en entornos difíciles, comen, y regresan a sus hogares.

Yenireé Castro tiene 25 años, tres hijos y otro en camino. Los dos que están en edad escolar asisten a clases en el plantel, pero para comer. Todos van durante el período vacacional. Castro lo califica como “una ayuda muy grande“, porque en su casa lucha para alimentar todas las bocas.

La directora del plantel, donde estudian 742 alumnos, contó que la Gobernación de Miranda les hace llegar los alimentos los martes y con lo que reciben crean un menú para la semana. El plato tiene carbohidratos (pasta, arroz o harina de maíz) acompañado de una proteína (como carne o pollo) y frutas o vegetales. También les aseguran el jugo.

“Hemos tenido muy buena receptividad, cada día vienen más. Se ha corrido la voz“, dijo Machado, notablemente alegre. Ella, como muchos de los que trabajan en el proyecto, lo está haciendo de forma voluntaria. En la mañana de este jueves, 4 de agosto, la comida fue preparada y servida por tres mujeres: una trabajadora del Plan de Alimentación Escolar Mirandina y dos voluntarias.

Edith Artigas ha hecho voluntariado toda esta semana, y contó que a ella la motiva la necesidad de su comunidad. Su hijo se graduó este año de sexto grado y ya no recibe clases en el plantel, pero eso no la detuvo. Sus ganas de ayudar son más. 

En el caso de Dalia Freites, ella sí tiene un niño de 11 años que aún estudia, además de uno de 12 que ya se graduó. “En la comunidad lo necesitamos. No estamos ignorando a ninguno de los niños, los estamos recibiendo a todos“, dijo y relató que para ella conseguir comida también es duro. Es bedel del colegio, pero su trabajo en el programa Escuela Solidaria también es voluntario.

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