Lago de Valencia a solo un kilómetro de alcanzar a habitantes de La Punta y Mata Redonda

Marianelly Nieves compró una propiedad en la urbanización Mata Redonda hace 36 años. Era un lugar con muchos sembradíos y una zona de clase media muy popular, donde la inversión aumentó a lo largo de los años. Sin embargo, hoy son quintas sitiadas por aguas estancadas del río Madre Vieja y del Lago de Valencia.

Todo cambió drásticamente desde entonces. De un paraíso para el cultivo de frutas, hortalizas y vegetales, ahora viven bajo el peligro inminente de inundaciones de aguas contaminadas. Además de fincas y avenidas enteras, el crecimiento de la masa de agua también acabó con casi toda la comunidad de La Punta, donde pasó de haber más de 300 viviendas habitadas a solo 20 este año.

“Aquí lo que había era un pocito de agua que pasaba por ahí, podíamos hasta pasar brincando. Cerca del lago nunca hubo problemas”, recuerda la señora Nieves, quien, cuando se mudó de Caracas a Mata Redonda, el Lago de Tacarigua -como también se conoce el Lago de Valencia– estaba a más de 10 kilómetros de distancia, pero hoy el trecho se redujo a solo un kilómetro.

La cuenca cerrada, que tanto miedo siembra en los habitantes, se compone de aguas sucias que desembocan en el lugar. Provienen de los residuos de empresas y zonas residenciales de los estados Aragua y Carabobo, y donde desaguan ríos como El Limón y Cabriales, completamente contaminados. De esta manera el Lago de Valencia se convirtió en un pozo de más de 420 kilómetros cuadrados que, cuando llega la temporada de lluvias, causa mayores estragos.

El drenaje es uno de los mayores problemas en las viviendas, donde el agua queda estancada debido al congestionamiento de las tuberías. Lo mismo ocurre al momento de usar el baño, pues no todos pueden usarse ya que no llega agua.

La avenida Fuerza Aérea es lo único que separa a Mata Redonda del río Madre Vieja, que pasó de ser un simple charco a ser “casi un lago”, según lo describe Marianelly. Como medida de protección, el Gobierno construyó un terraplén de tierra para cercar el río, pero aún así los vecinos no se sienten seguros. “Lo que hacen es represar, pero cada vez que vienen vientos el agua supera la altura de ese terraplén”.

El miedo que describe la señora Nieves ya es un hecho. El primer terraplén construido en la zona cuenta con una mezcla de arena y un muro de concreto (de 4 metros de altura) que se extiende a lo largo de 1.200 metros, levantado en el año 2005 como una “medida temporal” que tendría un período de vida útil máximo de tres años. No obstante, hoy, casi 12 años después, el muro sigue allí; pero con una altura diferente, pues inicialmente se elevó a 408 metros sobre el nivel del mar y ahora está en la cota 414.

De acuerdo con ingenieros expertos en la materia, dicho muro tiene alrededor de 40 fracturas en su base, lo cual genera mayor riesgo de un colapso total que pudiera dejar a 8.000 familias sin hogar.

“Cada vez que llueve no podemos dormir”

Apenas caen las primeras gotas de la lluvia, las alarmas se activan en el hogar de Rafael Araque y su familia. “Son dos semanas seguidas en las que se nos inunda la calle por una simple llovizna”, contó.

Aunque su vivienda no se ha inundado, -el agua como máximo ha llegado al ras de la entrada- sí ha sido afectado con el colapso de las cañerías. De tres baños que tiene en la casa, solo funciona uno a medias.

“Cuando se va la luz, se paran las plantas que bombean el agua hacia afuera de la comunidad y se mete el agua hacia acá. Apenas nos llega agua potable dos veces por semana”, dijo Araque.

Debido a las inundaciones en las calles, el camión del aseo pasa muy poco por el lugar; la basura se acumula y con ella  aparece la enorme cantidad de mosquitos.

Ni Mariannelly ni Rafael han recibido algún tipo de ayuda por parte de las autoridades. Nadie les ha ofrecido una indemnización, a pesar de que por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del año 2006 se obliga a los entes competentes realizar las tareas necesarias para mudar a las comunidades de La Punta y Mata Redonda a zonas seguras, que podrían incluir el préstamo de dinero para comprar nuevas casas o la habilitación de un apartamento a través del programa Gran Misión Vivienda Venezuela.

Sin embargo, nada ocurrió y la amenaza de inundaciones no da respiro.