Judith Bront transformó la muerte de su hijo en una lucha por todos los niños #MadresInspiradoras

Este es el segundo Día de la Madres que Judith Bront vive sin Samuel. Un brote infeccioso que afectó al servicio de Nefrología del hospital de niños José Manuel de los Ríos le arrebató a su único hijo. La falta de mantenimiento a los tanques que surtían agua a la unidad de diálisis, la ausencia de antibióticos en tiempo oportuno y la indolencia de las autoridades en materia sanitaria la condenaron a llevar un luto que la acompañará todos los segundos domingos de mayo. Sin embargo, con su duelo y sin justicia, Judith adoptó una nueva lucha y otros hijos: todos los niños venezolanos a los que se les vulneran sus derechos.

Cuando Samuel nació, inmediatamente lo ingresaron a la unidad de cuidados intensivos. A los pocos días, el piso 4 del hospital de niños se convirtió en su segunda casa. “Nosotros no sabíamos que él venía con una patología renal. Al principio era una situación que no entendíamos cómo enfrentar, pero ya al mes aprendimos a vivir con todas las limitaciones”, cuenta Judith.

ELla peleó por Samuel hasta el último día que vivió el adolescente de 12 años. En febrero inició el brote en la unidad de diálisis y en el mes de las madres se le vino encima el mundo a Judith. Su hijo falleció el 11 de mayo de 2017 tras haber contraído pseudonoma en el servicio, una bacteria que le causó una grave infección. El suministro irregular de antibióticos solo hizo que el bacilo creara mayor resistencia.

Aunque Samuel murió, Judith sigue siendo madre. También continúa visitando el piso 4 del hospital, ya no como cuidadora, sino como voluntaria. Poco después del fallecimiento de su hijo, se unió a la fundación Prepara Familia, una ONG que ayuda a las madres y a los pacientes del J.M. de los Ríos. Desde allí, vela por los derechos de los niños y ofrece su apoyo a otros.

“Cada vez que voy al hospital es como si Samuel estuviera ahí, pero lo que yo quiero es apoyar a mi gente, a todos esos niños con los que Samuel creció y que son como nuestra familia ¿Quién mejor para ayudar que yo, que pasé por todo eso?”, apunta Judith.

El dolor se transformó en fuerza para la madre, una fuerza que la llevó a denunciar la injusticia contra su hijo ante la dirección del hospital, el Ministerio de Salud, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo e, incluso, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Su cruzada no termina y dice que no se rendirá hasta que se respeten los derechos de los más pequeños. Es por esta razón que también trabaja como abogada en el Consejo Municipal de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de Chacao, una labor que cree tiene que ver con su Samuel.

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“Aquí (en Venezuela) siempre se dice que los niños son lo primero, que hay que respetarles sus derechos, pero en mi día a día veo cómo se les vulneran. No solo ocurre en el hospital, sino en cualquier otra parte: en materia de salud, de alimentación, de escolaridad”, añade.

Un año de injusticias para Judith

Desde el 11 de mayo de 2017, Judith no ha encontrado consuelo ni justicia. Tampoco lo han hecho las madres de Raziel Jaure, Dilfred Jiménez y Daniel Laya, las otras tres víctimas fatales del brote infeccioso que afectó a la hemodiálisis pediátrica del hospital. Los resultados de las muestras del tanque, que fueron enviadas al Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel, nunca llegaron a manos de los doctores del servicio para confirmar o descartar la contaminación de las aguas.

La Fiscalía visitó el hospital y citó a madres y médicos en su sede para investigar los hechos, pero nunca hubo respuesta. En casi un año, Judith no ha vuelto a saber el estatus de las investigaciones de las muertes de su hijo y sus compañeritos.

“Siento que no va a haber justicia ni para Samuel ni para otros niños hasta que las cosas mejoren”, dice. Por eso busca hacer justicia para su hijo como puede: evitando que otros vivan lo mismo que él vivió.

—¿Qué le dirías a las madres que, como tú, han perdido a un hijo?

—Que luchen por ellos y que no nos podemos quedar callados, porque esto tiene que cambiar. El trabajo de 12 años que mi pareja y yo hicimos con Samuel lo perdimos en menos de un mes porque alguien no hizo lo que tenía que hacer, porque el Estado no dio los medicamentos o porque el ministro no tomó acciones con mayor rapidez. La lucha de nosotros no tiene ningún sentido si no la visibilizamos.

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