Historias que debe conocer para evitar estafas por medicinas en redes sociales

Las redes sociales han probado ser de gran utilidad en el contexto país actual. Son cientos los que, indiferentemente de la gravedad de su condición, han conseguido medicamentos o insumos a través de ellas. Pero a la par, otra lista ha crecido: la de los estafados que han intentado adquirir un fármaco de esta forma.

Le pasó a Carlos Contreras, un maracayero que sufre de diabetes. A mediados del año pasado no encontraba su insulina en ningún lado, así que se volcó a las redes sociales para buscar una solución. Compartió su pedido en sus redes. Lo mismo hicieron sus amigos. De alguna forma la petición llegó hasta quien, a pesar de sonar muy amable, terminaría estafándolo.

La llamada fue de trato cercano. “Parecía el papá de uno”, recuerda Contreras. Ese día le ofreció cuatro cajas de Humalog Mix 25, su insulina, diciendo que habían pertenecido a un familiar que falleció. El único problema parecía ser la distancia, pero eso también tenía solución. Se suponía que quien lo estaba contactando tenía un familiar en una empresa de encomiendas que podría enviarlo sin problemas.

“Yo te envío eso en una cavita con un gel (necesario para proteger la insulina), y te quedas con la cava. Me haces un envío de regreso con el gel”, dijo entonces el estafador. Que se preocupara hasta por la refrigeración del producto le dio confianza a Contreras. Todo parecía ir bien.

Hizo la transferencia de dinero, pero cuando envío el comprobante de la misma, las respuestas cesaron. Días después recibió un mensaje: “no me han dado el número de guía del envío”. Suspicaz, Contreras investigó en redes sociales: no era el primero que había caído con la misma persona. Luego de eso decidió que ya no había mucho más qué hacer; le escribió un mensaje al estafador diciendo que sabía lo que había pasado y simplemente bloqueó su número teléfonico.

En ese momento el depósito realizado había sido de Bs 5.600, pero para Contreras no era precisamente el dinero lo importante. “A mí lo que me indignó fue que fuera capaz de jugar con esta condición. Si yo no me inyecto eso, muero”.

Lo que vivió Contreras lo han vivido madres que, desesperadas por conseguir medicamentos para sus pequeños, no siempre toman las previsiones necesarias. Susana Álvarez tiene cerca de un año siendo voluntaria en el hospital J.M. de los Ríos y constantemente usa las redes para conseguir algo que se necesite.

Hubo una persona que una vez la contactó porque tenía un medicamento que ella estaba solicitando para una mamá del hospital, pero en esa ocasión no se concretó nada. Pero esta vez una mamá, desesperada por conseguir ampollas de carboplatino para la quimioterapia de su niña, sí llevó a cabo la compra.

El estafador se hizo pasar por vendedor de una cadena de farmacias zuliana que importaba medicinas desde Brasil y Colombia. “Todo sonaba muy convincente, sumado a la desesperación”, dijo Álvarez.

Un jueves se hizo la transferencia. Bs 16.000, que para una familia de estrato bajo representaban un grandísimo sacrificio. Una vez avisado que se hizo el envío, la persona dijo que luego de hacerse efectivo, haría el envío. Posterior a eso, no volvió a contestar.

Álvarez contó que, a pesar de que Bs 16.000 representa más de la mitad de un salario mínimo en el país, las ampollas estaban a un precio accesible. Es el precio en el que se envontraban en Badan cuando se conseguían. Todo lo que “vendía” este estafador, lo hacía a precios accesibles. Por eso tenía tantas víctimas. Claro, de eso no se enteraron hasta luego de haber caído, cuando ya era muy tarde.

También pasa al revés, con hijos comprando medicamentos para sus padres. Eso fue lo que le pasó a Mariela Méndez (*) cuando, en octubre, intentó comprar antihipertensivos para su mamá. Una persona la contactó por sms y le ofreció no solo eso, sino todos los medicamentos por los que ella preguntaba. Las únicas normas eran que tenía que mostrarle el récipe médico y que debía comprar menos de 12 cajas.

Hizo un pedido que en total le sumó Bs 38.000, “que para mí es muchísimo”, dijo. Este modo de operación era distinto. La persona haría el envío (también desde Maracaibo) y le llegaría a una farmacia de cadena cercana a su casa en un par de días. “Me dijo que me tenía que llegar el domingo a mediodía, si no, el lunes”, dijo Méndez.

También fue tarde cuando se dedicó a investigar de la persona en internet, y allí se encontró con lo que más temía: tenía fama de estafar a la gente de esta manera. El Rif que le pasó tampoco se encontraba en el Registro Nacional de Contratistas. “Hablé con un conocido, que es funcionario, y me dijo que estaban al tanto, pero que no podían tocarlo mucho porque estaba implicado el Gobierno”.

Méndez insistió. Fue al banco a ver qué podía hacer, pero no obtuvo respuesta. Haber hecho la transferencia era su responsabilidad. Ese mismo día fue al Centro de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), organismo encargado de estos casos, e hizo la denuncia. Le dijeron que iban a investigar y la contactarían, cosa que aún no ha pasado.

Una fuente del Cicpc, que preferió mantener el anonimato, dijo que el aumento de estos casos se debe a lo sencillo de los mismos. Solo debes saber qué medicina se busca en el mercado y tiene alta demanda, abrir una cuenta bancaria y conseguir una línea telefónica.

“No existe una seriedad de datos en telefonía, y lo más costoso es precisamente comprar un chip, que cuesta cerca de Bs 1.200”, explicó la fuente. “La persona te contacta y te dice que la está vendiendo, que le deposites, y tú lo haces. Son Bs 5.000, Bs 9.000, ¿cuánto puedes hacer así en una semana?”.

Otro agravante es la facilidad de abrir una cuenta bancaria con datos y documentos falsos, explicó la fuente. “La única solución a esto, es que se permita el acceso a los medicamentos”, finalizó.

Foto: Notitotal

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