Fundación Bengoa: Más de 20% de los niños venezolanos sufren de malnutrición

Las cifras de la malnutrición en Venezuela se han agravado en los últimos años. La escasez, el desabastecimiento y el hambre se han convertido en los principales problemas de los venezolanos.

De acuerdo con Maritza Landaeta, investigadora de la Fundación Bengoa, en 2013 se registró que 12,6% de la población infantil padecía problemas derivados de la malnutrición. Esa proporción dio un salto en 2016 y se ubicó 10 puntos porcentuales más arriba: 23 de cada 100 niños tienen una dieta desequilibrada o deficiente.

La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) correspondiente al año 2015 reveló que más de tres millones de venezolanos hicieron dos comidas al día o menos el año pasado. No obstante, la situación se ha agravado en 2016, así lo expresaron los ponentes del foro Hambre y escasez como nueva realidad, promovido por el grupo social Cesap.

Porcentajes de malnutrición (1)

La investigadora de la Fundación Bengoa precisó que las comidas de los venezolanos son “platos blancos“, conformados en 40% por grasas y cereales. También destacó que la obesidad es un problema de malnutrición y que hay venezolanos en condiciones de “hambre oculta“, la cual ocurre cuando existe una deficiencia de micronutrientes en la dieta, como el calcio y el zinc.

Advirtió que las consecuencias del desabastecimiento, la escasez y la mala alimentación están presentes en las salas de los hospitales del país. “En los primeros cinco meses de 2016 se han registrado 31 pacientes con desnutrición grave en el J. M. de los Ríos“, señaló Landaeta. La especialista agregó que, por cada niño en estas condiciones que es ingresado en un centro de salud, hay aproximadamente otros 20 casos que permanecen en sus comunidades.

La docente de Fe y Alegría, Luisa Pernalete, advirtió que los comedores de las escuelas están lejos de tener todos los alimentos necesarios para suministrar a los estudiantes una dieta balanceada.

“Una escuela en Nueva Esparta estuvo un mes sin agua y otro sin el programa de alimentación ¿Cómo se cocina sin agua?”, dijo, “hay colegios donde los jóvenes solo van a presentar el examen y luego se regresan a sus casas porque los liceos no tienen nada para comer“.

Por su parte, la doctora Marisol Ramírez, de Psicólogos sin Fronteras agregó que emociones como la ansiedad, la impotencia, la nostalgia, la irritabilidad y la conflictividad se han vuelto frecuentes en el contexto de la crisis alimentaria. “Ha aparecido una sensación de duelo por la pérdida de algo que no se puede restablecer“, expresó sobre la situación actual.

No obstante, la especialista destacó que en la crisis que atraviesa el país se han presentado signos positivos, como la solidaridad, la empatía y el reconocimiento del otro. “Al igual que la violencia, el hambre se usa como control social: hay un debilitamiento y una disminución del individuo y sus capacidades resolutivas“, agregó Ramírez.

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Susana Raffalli, consultora e integrante de la Fundación Bengoa, destacó que el Estado debe ser el primero en garantizar la disponibilidad, la aceptabilidad, la adaptabilidad y el acceso de la población a los alimentos. “Tenemos el derecho, pero también la obligación de reivindicarlo“, señaló.

Foto principal: El Impulso

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