Entre juguetes y dibujos despiden al niño Erick Altuve

Entre juguetes y dibujos despiden al niño Erick Altuve

La puerta de la casa de los Altuve estaba abierta. El color blanco del ataúd resplandecía en medio del azul de las paredes de la sala. Sobre el féretro había creyones, dibujos, peluches y figuritas de acción. Una gorra de Ben 10 adornaba la urna. Una carta, un papagayo que decía “te extrañamos” y una pulsera hecha en el último minuto completaban los regalos de despedida del niño de 11 años, ofrendados por amigos y familiares.

Hay un niño menos en el barrio 12 de octubre. En el colegio Abajo Cadenas. En el servicio de Hematología del hospital J.M. de los Ríos. En la casa de la familia Altuve Guerrero.

Ese niño se llamaba Erick. Tiene dos hermanos, uno de cinco y una de 12, y junto a su familia lo velaron la mañana de este martes, 28 de mayo, en la casa de su abuela, ubicada cerca de una de las comunidades que abarca el extenso barrio de Petare, en Caracas.

Dentro de la urna, había una figura de madera del Dr. José Gregorio Hernández. La misma que cargaba la madre del niño ayer, 27 de mayo, cuando lo fue a buscar a la morgue del hospital. Devota del médico, a él le pedía que su hijo se curara para seguir yendo a la escuela y terminar su quinto grado.

El dibujo sobre el féretro de Erick se lo regaló Robert Redondo, otro de los niños del servicio. Falleció cuatro días antes, el pasado 23 de mayo, también a la espera de un trasplante medular

Erick era uno de los 30 niños del servicio de Hematología del J.M. de los Ríos que necesitaba un trasplante de médula ósea, pero decir que solo murió porque no pudo realizarse el procedimiento a tiempo es poco preciso.

A Erick le faltó mucho más que un trasplante del tejido óseo. Cuando tenía un año y ocho meses le diagnosticaron inmunodeficiencia primaria, una enfermedad que hace que los niños carezcan de defensas inmunitarias, lo que los vuelve más propensos a las infecciones.

En enero de 2019 tuvo que dejar el colegio porque lo internaron en el centro pediátrico. Los primeros días de febrero le detectaron un linfoma no Hodgkin que crecía con rapidez en su estómago.

Inmunoglobulinas, analgésicos, quimioterapias, anestésicos, antibióticos. Todos se suman a la lista de carencias que tuvo Erick, a la deficiente atención médica que recibió en el sistema público de salud.

“Yo tuve que ayudar a conseguirle a mi sobrino la Vancomicina y el Meropenem (antibióticos) porque no había en el hospital. También tuvimos que salir corriendo a buscarle el Propofol”, relató Marilyn Altuve, tía de Erick.

Erick decía que de grande quería ser albañil como su padre o médico para poder curar a los niños

La pequeña Yusneidy tejía una pulsera para dejársela a su primo sobre el ataud. La gente entraba y salía. Dos compañeritos de Erick vestidos con el uniforme del colegio guiaron a una maestra del Abajo Cadenas por las escaleras de cemento hasta la casa para que se despidiera.

En paralelo, a 40 kilómetros de donde velaban a Erick, despedían a Yeiderberth Requena (de ocho años) en el barrio El Colmenares, de Maiquetía (estado Vargas). Era otro de los niños que esperaba un trasplante de médula ósea en el hospital J.M. de los Ríos.

Yeiderberth murió en la terapia intermedia la noche del sábado 24 de mayo. Casi 24 horas después, el domingo 25, falleció Erick. Pasó más de cinco meses hospitalizado y murió producto de un paro respiratorio.

Solo en el mes de mayo fallecieron cuatro de los 30 niños del servicio que requieren un trasplante medular. Hasta el año pasado, Venezuela sostuvo un convenio con el Gobierno italiano para enviar a los pacientes a Europa a realizarse el procedimiento.

Sin embargo, las deudas de la petrolera Pdvsa y de su filial en Estados Unidos, Citgo —que financiaban el trasplante del tejido óseo—, ascienden a 10 millones de euros y terminaron por paralizar el programa.

El 23 de marzo Erick celebró su último cumpleaños. Le hicieron una fiesta en el hospital con sus padres y sus hermanitos

Aunque voceros del Gobierno insisten en atribuir las muertes del J.M. de los Ríos al “bloqueo” de Estados Unidos, Gilberto Altuve, padre de Erick, sabe que fue el Estado de Venezuela el que le falló a su niño.

Pese a que Erick ya no está, su familia sigue hablando de medicamentos e insumos. “Me dices y le llevamos la Vancomicina”. “Avísame para ver cómo hacemos con el analgésico”. Gilberto Altuve perdió a un hijo, pero ganó otros 26. Los mismos que compartieron con el niño.

“Erick me dijo papi, si yo me llego a morir, yo quiero que ayudes a todos los niños y eso es lo que voy a hacer”, afirmó. “Yo le pido perdón a mi hijo por todo lo que no pude darle, pero voy a seguir luchando por los otros niños”.

Fotos: Iván Reyes

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