El sufrimiento de vivir con VIH en una Venezuela sin medicinas

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El 4 de agosto de 1995 quedó marcado en la memoria de Ángela Delgado, y no por motivos felices. Ese día le dieron la noticia de que ella, ama de casa, era VIH positivo. Un año después, su esposo -que también era VIH positivo- murió de un infarto.

En 1999, decidió hacer su pública su condición. Se volvió activista por los derechos humanos -sobre todo de las personas diagnosticadas positivas- para luchar contra el miedo, el rechazo y el estigma que suele traer su condición.

Hoy, con poco más de 30 años de edad,  vive en Ocumare del Tuy, estado Miranda, donde trabaja como vendedora. Su único otro sustento es una pensión de sobreviviente. Y es que no hay mejor palabra para describirla: ha sobrevivido a su enfermedad y ahora sobrevive buscando sus medicinas.

Además de los medicamentos para infecciones oportunistas, se trata con Saquinavir y Ritonavir (que bloquean la proteasa del VIH, una enzima que necesita para reproducirse). Este año el Ritonavir, que debe ser suministrado por el Estado, no llegó más por cerca de tres meses. Ella tenía sus reservas, pero recuerda incluso el caso de un conocido que murió por no tener su tratamiento.

Falleció a su lado en el hospital Victorino Santaella de Los Teques. Otra expresión de la magnitud de la crisis de salud la vivió esos días: tuvo que comprar hasta las jeringas para el tratamiento de su amigo agonizante, porque en el principal centro hospitalario del estado Miranda no había.

Jhonatan Rodríguez, de la organización StopVIH, ha denunciado en diversas ocasiones que la escasez de los antirretrovirales ha ido en aumento. “Las personas con VIH que toman Ritonavir o las que tienen indicaciones de Atazanavir toman terapias combinadas; es decir, de dos o más antirretrovirales y, al faltar uno, no reciben los otros, lo cual expone su salud a que el virus se vuelva resistente, disminuyan sus valores de CD4 y aumente la carga viral y se vea comprometido el sistema inmune frente a otras enfermedades que pudieran agravar las condiciones de vida de los seres humanos que han contraído el virus”.

Ahora a Ángela le da miedo que, con sus reservas acabadas, el Gobierno deje de traer sus medicinas. “No sé si en el 2017 nos den el medicamento“, dice, con voz pausada, intentando aparentar calma.

“Hemos recibido denuncias desde la semana antepasada, de gente de Bolívar, de Lara, de Zulia, hasta de Caracas“, agregó Rodríguez. “Todo es: no hay, no hay. Es bien grave”.

La ministra de Salud, la pediatra Luisana Melo, no se ha pronunciado respecto de esta escasez. De hecho, la última vez que habló sobre el tema fue en agosto, cuando dijo que los 21 fármacos y 33 presentaciones de los antirretrovirales estaban disponibles en el país.

Ese día también dio otro dato: en Venezuela hay 63.328 pacientes con VIH registrados para recibir su tratamiento. Es la última cifra que se conoce. Se estima, de acuerdo con una investigación previa de Efecto Cocuyo, que 219.025 personas pueden haber sido infectadas en el país desde 1983, cuando se registró el primer caso. Según el Ministerio de Salud, 11.669 personas contraen el virus anualmente.

Rodríguez explica que la mayoría de los nuevos afectados (cerca del 80%) se contagian por vía sexual, uno de los temas en los que el país “está raspado”. Dijo que desde el año 2005 no se hace una campaña de prevención en ningún medio público. “En el 2000 se creó el Programa Nacional de Sida, donde está el componente de prevención, pero eso quedó en un nombre. No hay una inversión robusta. Tú no ves programas masivos que promuevan la realización de la prueba”.

Además, el acceso a los preservativos es otro problema. No hay campañas del Gobierno para entregarlos gratuitamente, y una caja con tres no baja de los Bs 1.500. Es decir, tres preservativos cuestan 6% del sueldo mínimo.

Estevan Colina, de la la Red Venezolana de Gente Positiva (RVG+), señaló que el mayor desabastecimiento se ha visto, precisamente, en la gestión de Melo. “El Ministerio de Salud no tiene la programación de la compra de antirretrovirales. Eso se compra en el exterior, y hay que comprarlo en dólares”. 

El problema de las divisas fue expuesto incluso por la misma Melo. Ese día de agosto cuando habló del VIH, dijo que el único medicamento que estaba en fallas era, precisamente, por esa razón. “Ese medicamento tiene fallas porque se vendía en bolívares: la empresa se fue (del país) y entonces ahora se vende en dólares”, explicó la ministra.

A Ángela eso le importa poco. Mientras el Gobierno se propone (o no) traer los medicamentos, ella ve su dotación agotarse. Solo le queda luchar, y no solo para conseguir sus medicinas: tampoco sabe ya qué hacer con la comida. 

En su casa llega una de las llamadas “bolsas Clap” (las entregadas por un Comité Local de Abastecimiento y Producción) que siempre es insuficiente. Tampoco sabe cuándo esperarla, puesto que no hay frecuencia establecida de entrega. “Una persona con problemas de salud tiene que alimentarse bien, y yo no lo estoy haciendo. Aquí no hay soluciones, solo pañitos de agua tibia”.

Foto: Laprensa.hn