El fin de año escolar para los niños de Fe y Alegría incluye “olla solidaria”

Este fin de año escolar en el colegio de Fe y Alegría José María Vélaz fue distinto al de años anteriores: contó con un sancocho comunal para que los niños, afectados para la crisis de alimentos en el país, contaran con al menos un día de comida segura. 

Allí estaba Mayerlin Cuicas, con sus hijos Franklin y Verónica, de 7 y 11 años, respectivamente, que no habían comido nada desde el día anterior. “Hace año y medio se fue el papá y quedé sola con mis siete hijos. Para poder darles comida cuento con las colaboraciones de la gente de Fe y Alegría“.

Cuicas tiene miedo frente a las venideras vacaciones, porque no sabe cómo alimentar a sus pequeños. “Cuando tengo dinero, les compro yuca, pan pero ahorita abres mi despensa y no hay nada”.

En la escuela, fundada hace cinco años y ubicada en el barrio Los Telares de Caricuao, Caracas, estudian 478 niños. Su directora, Deixy Brito, denunció que desde mayo han registrado cerca de 40% de inasistencia, debido en parte a que los padres no pueden alimentar a los pequeños y no los mandan a clases sin comer.

La escuela les garantizaba la comida mediante el Programa de Alimentación Escolar (PAE), pero eso, así como los fondos para su infraestructura, dejó de llegar. Brito señaló que el personal del plantel, desde obreros hasta maestros, colaboran trayendo comida de sus casas para darle a los casos más graves. “Aquí tenemos niños que vienen de familias de extrema pobreza, y no son de dos o tres personas. Son de siete, ocho… multifamiliares”.

El sancocho fue organizado por la organización no gubernamental Caracas mi Convive, y patrocinado por la sociedad civil organizada (Red Tricolor) y la empresa Ama de Casa. En los galpones de esta última está ubicado el plantel.

Leandro Buzón, de Caracas mi Convive, dijo que el evento fue organizado para hacer un énfasis en la crisis alimentaria, y a la vez ayudar a los más pequeños de la casa. “Queremos hacer un llamado a que las escuelas permanezcan abiertas durante el período vacacional, porque eso es una posibilidad de apoyo a todas las familias“.

Es la tercera vez que líderes comunales han organizado las “ollas solidarias” allí. Carlos Carrasco, de la organización Juventud en Movimiento, señaló que el primero fue en los edificios de Misión Vivienda que se ubican allí. El segundo, en la entrada del barrio Los Picapiedras. “Este fue una especie de agradecimiento al colegio, que nos había prestado las instalaciones para desarrollar talleres de prevención de la violencia a los representantes”.

“Esta es una muestra de la Caracas posible“, dijo Buzón. “Es la Caracas de la convivencia, donde hay muestras de solidaridad. Esa donde padres, docentes y voluntarios se sienten parte de algo bonito, que tiene un apoyo puntual en los niños. Probablemente esto no sea una solución estructural, pero puede servir para que otros se sumen a este tipo de iniciativas“.

Lo que dicen los padres

Milagros Hidalgo estaba en las afueras del plantel buscando a su hija de 9 años. Aunque no era necesario, ella había donado un jugo para la convivencia. Dijo que hay familias que están pasando por momentos peores que la de ella, que no llevaron nada.

“En mi casa estamos comiendo lo que se consiga. Hemos tenido que sacar varios alimentos de nuestra dieta. Ahora todos los días comemos arepas de maíz pilado, hechas desde cero por mí misma. A veces las rellenamos con queso, a veces con mortadela. Resolvemos”, dijo.

Allí además estaba María Yépez, quien agradecía a la escuela la iniciativa que le dio comida a su niño por un día. Contó que ha tenido que “jugar” inventando recetas y estirando lo que tiene, para que su niño no tenga que pasar hambre.

Tiene, además del pequeño de 11 años, dos hijos: uno de 19 y uno de 18. El mayor está en la universidad y el de 18 se acaba de graduar, pero a ambos les pidió que empezaran a trabajar para contribuir con la casa. “La situación está muy dura. Van a tener que trabajar para que podamos comer“.

Amalia Villegas también se convirtió en “devota” de las arepas de maíz. Está cansada de hacer cola y “algo tengo que darle a mi hija”, de apenas 10 años. “Hacer colas es una pérdida de tiempo. Pasas muchas horas ahí y cuando vas a la mitad, te dicen que no queda nada para ti“.

(Visited 14 times, 1 visits today)

Comentarios

No Comments Yet

Leave a Reply