“Eduardo era un muchacho muy familiar”, recordó profesor de joven asesinado en Cabudare

Como muchos jóvenes venezolanos, Eduardo Orozco sintió interés por la situación actual del país. Sus amigos, graduados con él de bachilleres el año pasado, emigraron en busca de iniciar carreras universitarias. Sin embargo, su decisión fue firme: inició los estudios de Comercio Exterior en la Universidad Alejandro de Humboldt, en el estado Carabobo.

“Tenía el empeño de hacer negocios a nivel internacional. Estaba muy ilusionado con sus estudios”, recuerda el profesor Eduardo, quien conoció al joven de 19 años desde que comenzó a cursar el primer grado. “El concepto de familia para él también era muy importante. Tenía dos hermanitas pequeñas a quienes cuidaba mucho”.

Quienes lo conocieron describen a Eduardo como un muchacho bastante tranquilo, “muy amigo de sus amigos”, y un tremendo deportista. Practicaba fútbol y se desempeñaba como defensa, pues tenía un cuerpo robusto que lo ayudaba a mantener la posición. Incluso, algunos lo recuerdan como un “guardián del portero” porque evitaba que cualquier balón llegara al arco.

“No tengo palabras para dar consuelos, solo recuerdos, hermosos recuerdos de todos esos juegos de fútbol donde protegías a mi hijo que no lo golpearan, de cómo jugabas con mi Santi. Mi cuerpo está lejos pero mi corazón y mi dolor los acompañan”, comentó la madre de uno de los compañeros de equipo del joven.

La pasión de Eduardo por el fútbol llegó a ser tan importante que, cuando se vio amenazado de ser castigado por un bajón en sus calificaciones, estuvo dispuesto a cumplir sus compromisos académicos para mantenerse en el club del colegio.

El “gato”, como lo conocían sus compañeros, no formaba parte de la “resistencia“. Tampoco participaba en las protestas contra el Gobierno nacional regularmente, pero siempre que lo hacía, iba acompañado de sus familiares o amigos.

“Almorzó como cualquier otro día y luego decidió salir a protestar”, comentaron los padres de Eduardo a su profesor. Estaban en el distribuidor Bellas Artes, en la avenida Ribereña de Cabudare, cuando funcionarios del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestros (Conas) iniciaron una fuerte represión contra los manifestantes.

El tiempo pasó y nadie conocía su paradero. “Al principio se manejó la noticia de que estaba desaparecido”, dijo el profesor Eduardo, pero pronto se conoció lo que temían: a las 4 de la tarde del lunes, 7 de agosto, una bala impactó en la cabeza de Eduardo, ocasionándole la muerte.

Vestía un jean azul, una franela blanca, zapatos deportivos y un chaleco antibalas de fabricación artesanal cuando ingresó a la emergencia del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda de Barquisimeto con la herida por arma de fuego en la región occipital.

“Eduardo era tranquilo, siempre alegre y con una sonrisa en la cara. Sus chistes eran uno mejor que el otro; siempre era él quien causaba las risas en el salón, no importa si el día fuera horrible y raspáramos todos los exámenes”, comentó Tomás Vives, compañero de clases de el “gato”.