Desde hace cinco meses al Magallanes de Catia le llega agua dos días a la semana

En el hospital “Dr. José Gregorio Hernández” de los Magallanes de Catia abundan filtraciones, servicios cerrados y malos olores; y con los medicamentos e insumos, lo que también abunda es la escasez. En el servicio de emergencia pediátrica, por ejemplo, desde hace un par de semanas no cuentan con ningún medicamento para atender a un niño que necesite ser nebulizado.

La crisis del agua es grave: hace unos tres meses que se dañó la bomba y solo tienen agua los jueves y viernes de cada semana. Si tienen una emergencia los otros días, tienen que atenderla así eso signifique tener que lavar sus manos con agua “de potecito”.

También pasa que, a veces, cuando llega el suministro de la calle, lo hace con tan poca presión que no alcanza a los pisos altos. Esta situación se registra por lo menos en el piso 7, en el servicio de psiquiatría, donde además solo hay dos doctores encargados de todos los pacientes.

Una fuente del hospital que prefirió resguardar su identidad, aseguró que el servicio está cerrado por falta de personal. “Solo aceptan consultas y a los pacientes que estaban hospitalizados los mandaron a su casa”.

Además, hace algunos años -nadie precisa cuántos- una parte del hospital entró en remodelación. De toda la infraestructura, solo se realizó en dos servicios, rayos X y pediatría. “Muy bonitos, pero no tienen nada”, dijo María Villaroel, jefa del servicio de emergencia pediátrica.

El servicio de pediatría, por lo menos, luego de la remodelación el servicio se redujo de dos áreas a una sola. De 60 camas operativas a unas 36. “Todos los servicios se han visto reducidos”.

Una gran parte de los servicios del hospital están clausurados. Al personal le da miedo hablar, pero cuando se le pregunta si considera que la mitad del hospital está parado, todos coinciden: “No, más. Como el 70%”. Obstetricia está cerrado y todos los casos se tratan en Ginecología.

Uno de los servicios de pediatría tiene un candado para evitar el paso. Igual la terapia intensiva neonatal, la pediátrica y la de adultos. También rehidratación. Gastrointerología está casi cerrado, porque no tienen agua ni desinfectantes. El Laboratorio tiene grandes carencias, según Villaroel.  “Hace años no tenemos bacteriología y en Medicina, funciona uno de dos”.

El área de pediatría que está operativa tampoco cuenta con las condiciones óptimas. Una filtración en el techo sacó de funcionamiento una parte. Las trabajadoras están a riesgo y entre charcos. El techo caído contrasta con las grandes papeleras decoradas con osos, lo único que se ve bien de la remodelación.

Los ascensores tampoco funcionan. De seis, sirve uno y con restricciones: los residentes denuncian que a partir de las 10:00 pm, los casos de emergencia deben esperar lo que tarden los médicos y enfermeras en subir o bajar escaleras.

“En todos las grandes áreas faltan recursos humanos. No está completo el personal obrero, ni administrativo ni médico“, dijo Villaroel. Entre la escasez de agua, de insumos y la inseguridad -todos comentan “esto está lleno de colectivos”- el Magallanes de Catia, principal hospital del oeste de la ciudad, se cae a pedazos.