De seis quirófanos que tiene el Hospital Periférico de Catia, solo funciona uno y “a medias”

La terapia intensiva no tiene aire acondicionado. Los pacientes de Traumatología suman meses a la espera de una operación. La refrigeración de la morgue no funciona y han tenido que colocar los cadáveres en el pasillo para que “se ventile” la hediondez. Y a los trabajadores difícilmente les alcanza el sueldo para comer y para movilizarse hasta el centro de salud. Esta es la realidad que viven enfermos, enfermeros, camareras, obreros, médicos y técnicos del Hospital Periférico de Catia, en la capital.

Este miércoles 7 de marzo, el personal de salud se plantó en la entrada de la emergencia para exigir un sueldo digno y mejores condiciones para el nosocomio. Cada vez son más las enfermeras que abandonan sus cargos y menos los residentes que deciden continuar con su formación médica en el hospital catiense.

“De seis quirófanos que tenemos en total, solo uno opera y a medias. Hay dos que fueron totalmente renovados, pero el Ministerio de Salud aún no los ha entregado. Los otros cuatro no tienen los equipos ni los insumos para funcionar”, denunció una fuente interna del hospital que prefirió no revelar su identidad.

Esta situación afecta al centro desde hace 10 días y aún las autoridades no han dado respuesta ni al personal de salud ni a los pacientes. Las emergencias que ingresan al hospital son las únicas operaciones que se cuentan en el Periférico de Catia. Algunos días ni siquiera se pueden hacer cirugías por la falta de insumos.

El pasado lunes, 5 de marzo, un apagón general paralizó a la Gran Caracas. El nosocomio se encuentra entre los afectados por la avería eléctrica y hasta la planta del hospital tuvo problemas para arrancar. Ese mismo día los pacientes de Traumatología se arrastraron con sus camas y protestaron en el hospital porque ya suman hasta seis meses a la espera de una operación.

“Ese día había tres viceministros en el hospital que se movilizaron para ver lo que estaba pasando. La protesta dio resultado porque ayer martes (6 de marzo) llegaron dos camiones con algunos insumos“, explicó la fuente. Sin embargo, siguen faltando los materiales de osteosíntesis, utilizado para tratar fracturas (por ejemplo, clavos), y cuya entrega corresponde al Ministerio de Salud.

La escasez de insumos es tal que los médicos han tenido que resolver con lo poco que tienen para poder atender. “Hemos tenido que utilizar envases de suero para drenar la sangre o las heridas de tórax de los pacientes porque no tenemos sistema de vacío para tratarlos”, lamentó.

Un hospital que se queda vacío

Daniel Druce es presidente de la Sociedad de Residentes del Periférico de Catia. Trabaja como puede en la unidad de terapia intensiva del hospital, sin aire acondicionado y sin material médico quirúrgico. Es uno de los dos residentes que laboran en el servicio.

El espacio cuenta con una capacidad para recibir hasta 12 médicos en formación y requiere de un mínimo de al menos 6 para funcionar correctamente. A Druce y a su compañero solo les queda un año para graduarse y el personal del hospital ve con preocupación que el servicio se quede sin residentes: no hay relevo ni estudiantes para renovar.

Uno de estos médicos devenga, al mes, unos escasos 600 mil bolívares mensuales. Menos que las mujeres embarazadas beneficiarias del bono Parto Humanizado, programa social otorgado por el Gobierno venezolano, quienes cobran 700 mil al mes durante el proceso de gestación.

Los médicos en formación no son los únicos mal pagados en el Periférico de Catia, sino todo el personal de salud. “Yo cobro 100 mil bolívares quincenalmente y gasto 20 mil diarios para venir aquí a trabajar”, denunció Coromoto Maiz, una camarera que tiene 20 años trabajando en el hospital.

Agregó que hay días en los que le toca decidir entre comer o ir a trabajar por el costo del pasaje, pues tiene que movilizarse desde Nuevo Horizonte hasta Catia. También indicó que ha faltado al trabajo por no tener efectivo para el pasaje.

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