“Daniel tiene muchas ganas de vivir”, familia de joven herido #AUnAñoDeLasProtestas

El 24 de abril, Daniel Infante cumplirá un año de haber sido herido durante las protestas ocurridas en Venezuela contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro en 2017. “Daniel tiene muchas ganas de vivir; él y todos esos muchachos heridos son parte de la historia de este país. La gente debe saber que ellos todavía viven, y que están luchando contra esta situación difícil que estamos viviendo”, dice Roxana Zambrano, tía del joven.

Ese 24 de abril de 2017, Daniel estaba en unas residencias ubicadas en la Avenida Las Américas, en la ciudad de Mérida. Ese día se llevaba a cabo el primer plantón nacional convocado por la oposición venezolana y un proyectil, disparado no se sabe aún por quién, se alojó en el cerebro del joven.

Esta bala cambió la vida de Daniel, estudiante de la Universidad de Los Andes, y lo dejó prácticamente en estado vegetal; pero también cambió la vida de su mamá, Olga Zambrano; de su hermana, Diana Infante, y de su tía Roxana, tres mujeres que directamente han sufrido con Daniel las consecuencias del suceso.

“Él era muy activo, no sé de dónde sacaba tanta fuerza. Estudiaba, trabajaba, nadaba, resolvía situaciones propias y de amigos. Mis amigas lo amaban, era para ellas como un hijo. Que si había que cambiar el caucho, que si alguien necesitaba una harina, que si había que montar un evento, que si había que disfrazarse de payaso para entretener a los niños, lo que le tocara hacer lo hacía; y verlo ahora es un contraste muy fuerte para mí”, comenta Olga.

“Siempre supe que mi hijo era grande, pero a partir de esta experiencia me he dado cuenta realmente de lo grande que es. Todo el mundo tiene algo bonito, algo positivo que contar de Daniel. A veces me digo: ‘¡Dios, Daniel tiene amigos en todas partes del mundo!’, porque de todas partes están pendientes de él”, confiesa con la voz quebrada.

Olga sufre por el hecho de saber que Daniel está consciente de lo que le pasa. “Cuando él escucha que alguien pregunta cómo está, o cuando escucha que tenemos alguna dificultad por el costo de algo que necesitamos, se pone a llorar; pero también ríe cuando decimos algo gracioso o alegre. Eso me angustia más, porque está como preso en su propio cuerpo y él lo sabe”.

En busca de padrino para Daniel

Olga ya no sabe cuánto cuestan las cosas, pues todo se ha incrementado muy rápido y ella se ha dedicado exclusivamente al cuidado de su hijo. “Mi mamá no sale del apartamento. Ella se despega de la silla que tiene al lado y Daniel empieza a llorar”, cuenta Diana, la hermana del joven.

“Yo soy docente jubilada –dice Olga- pero trabajaba con un grupo de niños que tenía casi desde preescolar. Tuve que dejarlos, no pude continuar. Perdí ese ingreso porque no podía seguir. A Daniel hay que bañarlo, limpiarlo muy seguido, prepararle su comida cada tres horas, lavarle su ropa, estar pendiente de sus medicinas”.

La situación económica la manejan con mayor claridad Diana y la tía Roxana. Olga solo afirma con certeza que “hemos gastado todo lo de él (Daniel), lo de mi hija y lo mío; los ahorros y lo que nos entra, así como entra se va mayormente en cosas para él, porque él ha sido la prioridad; los demás hemos pasado a un segundo lugar”.

Daniel recibe tres horas de terapias diarias, una en la mañana y dos en la tarde, por lo que requieren de dos terapistas. En el pago de las terapias la familia invierte 3 millones 800 mil bolívares semanales. Pero, además, el joven usa aproximadamente dos paquetes de pañales diarios, y cada paquete tiene actualmente un costo de 1 millón 300 mil bolívares, que varía rápidamente por la hiperinflación . El dinero de las tres mujeres se hace insuficiente. “Todos los días lo que pienso es de dónde más pegar las manos”, clama Roxana.

La dificultad para cubrir las necesidades de Daniel y lo lento de su recuperación ha llevado a la familia a buscar padrinos que lo apoyen. Les sorprende cómo artistas, figuras públicas e instituciones ignoran las peticiones de ayuda realizadas por familiares de los heridos. Para Roxana, es urgente que Daniel ingrese a un centro de rehabilitación sea en Venezuela o en otro país como Cuba, donde, a su juicio, están los mejores en rehabilitación.

La impunidad y la indolencia médica

En abril de 2017, producto del suceso, Diana tuvo que declarar ante los organismos de seguridad. “Supuestamente las autoridades investigaron. Funcionarios del Cicpc vinieron en varias oportunidades a la casa. La última vez que vinieron trajeron una declaración para que yo la firmara, pero no la firmé porque había cosas que yo no había dicho”, relata.

La hermana de Daniel, quien ha tenido que asumir las riendas de la casa, contó a Efecto Cocuyo que los funcionarios del Cicpc señalaron como responsable del hecho a un vecino. “Las autoridades señalaron a un muchacho de nombre Carlos Velazco solo porque era líder de las protestas, pero ese muchacho no tenía nada que ver. Lo vi en tres ocasiones ese día y no estaba en actitud violenta. Ese muchacho tuvo que salir del país y no supimos más de él”.

Para Diana, este año también ha sido un tiempo propicio para constatar la indolencia de muchos médicos venezolanos. “Los médicos no han sido buenos, no han sido diligentes, desde que estuvimos en las clínicas y hospitales pude ver eso. No dicen nada, examinan por encima con total indiferencia. Solo nos dicen que está estable y nada más. Tal vez me caiga encima la sociedad médica, pero es así”.

Atención gubernamental

Para Roxana, “todos estos muchachos que resultaron heridos, deberían ser atendidos realmente por el Gobierno, sin importar si eran de un lado o de otro; lo importante es que son venezolanos y que necesitan ayuda monetaria y de insumos. Me interesa que Daniel se pare de esa cama y camine. Mi corazón siente que Daniel sale de esta, pero necesitamos que nos ayuden, pues lo importante es que Daniel, Oscar (Navarrete) y todos los que resultaron heridos vuelvan a tener una vida normal”.

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