Crónica: El día que Maduro apenas sacó una mano para saludar - Efecto Cocuyo

Crónica: El día que Maduro apenas sacó una mano para saludar

El perímetro de seguridad se extendía a más de 600 metros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Ni motos ni carros podían transitar por la avenida Baralt, al oeste de Caracas, sin la expresa autorización de la Guardia de Honor Presidencial.

La misma distancia estaba rodeada por rejas metálicas que imponían un corredor para el ingreso de las representaciones diplomáticas y los funcionarios de Gobierno.

Las armas largas de francotiradores se exhibían en la cima de edificios cercanos y una comisión de funcionarios de la Dirección de Armas y Explosivos (Daex) estaba alerta en el máximo tribunal.

Una, dos y hasta tres horas de espera bajo el sol descompuso a más de un seguidor que tuvo que ser auxiliado por Protección Civil. El grueso de los asistentes era militancia del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y empleados de ministerios, corporaciones, misiones, alcaldías y gobernaciones.

Las decenas de autobuses y vehículos oficiales estacionados en avenidas como la Libertador, Panteón y la misma Baralt daban cuenta de la gran movilización de recursos públicos para la toma de posesión.

Seis guardias de honor a caballo advirtieron la llegada de Nicolás Maduro en una caravana de camionetas blindadas. El mandatario no bajó la ventanilla del carro ni para saludar, aunque sus seguidores esperaban verlo.

Ya dentro del TSJ, Maduro, acompañado por su esposa Cilia Flores, fue recibido por el presidente del Poder Judicial, Maikel Moreno, para ejecutar un hecho inédito en la historia contemporánea de Venezuela: tomar juramento ante magistrados y no ante el cuerpo de diputados de la República.

El gobernante –a quien la oposición llama “usurpador” y “asaltador” de las funciones presidenciales- repitió la tesis del desacato continuado del Parlamento.

En el recinto del máximo tribunal, el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, no se sentó junto al alto mando militar, el funcionario decidió ocupar un puesto cerca de los ministros.

Un gesto curioso que lo “invisibilizó” durante el acto, en opinión de la presidenta de Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, Rocío San Miguel.

“Quiero un cambio profundo de los errores de la revolución bolivariana y quiero una lucha frontal contra la corrupción”, prometió nuevamente después de recibir la banda presidencial.

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Algunos seguidores replicaban sus gestos como si ellos también hacían el juramento presidencial, otros aplaudieron y pocos corearon: “¡Vamos, Nico!”.

Al mismo tiempo, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobaba, en sesión extraordinaria, “no reconocer su legitimidad”, con el voto de 19 países del foro hemisférico.

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En su discurso, el gobernante saludó a “94 representaciones diplomáticas” de distintos países que aseguró estaban en el lugar, aunque solo se confirmó públicamente la asistencia de 19 estados.

Mientras continuaba su alocución, los funcionarios de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que prestaban guardia a lo largo de la avenida Baralt recibían un gajo de mandarina, una mitad de naranja, un caramelo o menos de la mitad de un pan canilla y un vaso plástico de agua para mantenerse en pie.

“¡Pica la naranja para que rinda!”, ordenó un guardia nacional a otro que sostenía las provisiones.

Embarque presidencial

Cuando terminó el acto protocolar una promesa se extendió rápidamente a las afueras del TSJ. Un animador repetía desde una tarima ubicada a las puertas del Poder Público que el “hijo de Hugo Chávez”, el “presidente Maduro” iba a salir a saludar a sus simpatizantes.

Miembros de Casa Militar hicieron retroceder al grupo de personas que estaba cerca de la tarima “para resguardar la seguridad” del gobernante venezolano.

Pero la creciente expectativa se esfumó como una bocanada de humo cuando Maduro salió, pero en su camioneta blindada. Apenas sacó el brazo para saludar pocos segundos.

“Sí, queríamos verlo, pero entendemos el esfuerzo que hacen para protegerlo”, alcanzó a decir José Santamaría, empleado de Petróleos de Pdvsa (Pdvsa), visiblemente desilusionado.

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La campaña “yo soy Presidente”, ante el desconocimiento internacional, se vio en pancartas, en camisas de la militancia del Psuv, y se expresó en el acto que celebró Nicolás Maduro en el patio de las academias, en Fuerte Tiuna, para reafirmar su poder como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El ministro de la Defensa le juró lealtad.

Fotos: Iván Ernesto Reyes 

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