Con barricadas pacientes de Traumatología del HCU lograron atención para exigir operación

Salir de las cuatro paredes que sostienen el servicio de Traumatología del Hospital Clínico Universitario (HCU) es todo lo que desea César Freitas. Una gandola lo arrolló cuando iba en una moto por la autopista Gran Mariscal de Ayacucho, y desde el 8 de febrero permanece internado en el centro de salud.

Al igual que los demás pacientes del servicio, Freitas ha acumulado todo lo que los médicos le han pedido: insumos, medicamentos, exámenes, cultivos. Solo falta el quirófano para poder hacer la operación. Sin embargo, los pacientes ven cómo ingresan emergencias y hacen otras intervenciones en la sala, mientras que ellos siguen a la espera.

Paciencia es algo que ya no le queda a Freitas. La promesa de ingresar al quirófano la ve lejana. Una vez esperaba la operación, pero la anestesióloga llegó dos horas después y tuvo que ser pospuesta. En otra ocasión, ya estaba sedado y cuando los doctores buscaron la placa que le iban a colocar en la pierna, se dieron cuenta de que no estaba. Se había perdido o la habían robado. Nadie sabe. Afortunadamente, todavía no lo habían cortado con el bisturí, pero los efectos de la anestesia le duraron seis horas.

Freitas pensó que su estadía en el hospital sería rápida. Un par de operaciones y ya estaría de vuelta a su taller de herrería; pero en sus seis meses en el Clínico Universitario solo ha acumulado desilusiones. Es por eso que la madrugada de este jueves, 10 de agosto, trancó el quirófano junto a los demás pacientes del servicio.

A las 4:00 am se levantaron cerca de 16 personas y empezaron a rodar las camillas y a arrastrar los colchones. Todos con heridas vendadas, algunos con muletas o cojeando y otros con sillas de rueda. Apilaron todo en la puerta y protestaron por los meses de espera que pasan encerrados en las cuatro paredes del servicio de Traumatología.

“Lo que estamos viviendo es demasiado duro”, aseguró Freitas con la voz quebrada. La “barricada” de camillas bloquearon el acceso tanto a pacientes como a doctores durante varios minutos. No fue sino hasta que llegaron los directores y se acordó un plan quirúrgico para atender a los enfermos que movieron las camillas.

“Las operaciones están detenidas”, denunció César Freitas

En el acuerdo entre pacientes y galenos se estableció que las operaciones se harán en el quirófano a partir del sábado 12 de agosto y los días lunes, miércoles y viernes de la semana que viene. También que serán atendidos primero los enfermos de mayor edad hasta llegar a los más jóvenes.

Los mismos residentes llaman a Freitas, de cariño, “el inoperable”. Todos lo han evaluado y ven cómo poco a poco sigue acumulando días mientras espera las dos operaciones que le quedan para que le den de alta. Freitas solo espera que la presión ejercida en la madrugada dé resultados y todos pasen por el quirófano. “Si no, vamos a tener que seguir hasta que nos den una respuesta”, aseguró.

Los pacientes bloquearon el acceso al quirófano en la madrugada

Bacterias y reingresos

Esta no es la primera vez que en el servicio de Traumatología se protesta con un “trancazo” al quirófano. Jesús Flores, otro paciente, recuerda que la segunda mitad del año pasado también bloquearon el acceso a la sala de operaciones. En aquella ocasión, aseguró, incluso subió la directora del hospital. “Hicieron una jornada como la que acordamos hoy. Fue espectacular. Apareció todo como por arte de magia: suturas, alcohol, gasas. No tuvimos que poner nada”, dijo.

Flores es uno de los casos que fueron dados de alta y que reingresaron al centro de salud por una bacteria. Ahora anda en la búsqueda de la Vancomicina, un antibiótico para combatir la infección causada por el estafilococo.

Flores no es el único infectado. Derwin Yegüez también está en el servicio de Traumatología y contrajo la misma bacteria cuando le operaron la tibia y el peroné en el Clínico Universitario. Lo reingresaron luego de la osteosíntesis, tratamiento para las fracturas en las que se le implanta un dispositivo para unir o sostener los huesos —como placas, clavos o tornillos. Asegura que su “prótesis estaba vencida” y para ese momento ya estaba infectado. Ya tiene dos meses desde que le volvieron a asignar una camilla y, al igual que otros, vive un viacrucis para conseguir la Vancomicina.

“Mi tratamiento es de 182 ampollas y me tienen que colocar cuatro diariamente. Esas son las que me ayudan a curar la infección, pero las tengo que comprar bachaqueadas porque no se consiguen. Cada ampollita sale en 30 mil o 40 mil bolívares”, lamentó.

Derwin Marcano también espera que le vuelvan a asignar una camilla. Entró en enero de 2017, lo operaron y pasó dos meses de alta. Ahora tiene que volver a las cuatro paredes del servicio de Traumatología porque “le pusieron un implante vencido”. “Me van a reingresar porque rechacé el material”, dijo.

Consigo trae la lista de insumos médicos que debe volver a comprar para su próxima operación. Tiene completar el listado que incluye tapabocas, suturas y gasas. Y aún si lo hace, no le garantizan que haya una fecha pronta para su intervención quirúrgica. Ni que su cuerpo no vuelva a rechazar el implante.

Lista de medicamentos solicitados a Marcano

Imagen principal: Derwin Yégüez