“¿Cómo hacemos para pagar eso?” Niños con leucemia no tienen acceso a medicinas

A Ruby Torrealba no le dio tiempo de mucho. Falleció, con tan solo 7 años, víctima de una agresiva leucemia este martes 30 de mayo. En el Hospital Central de Maracay, cuenta su padre Arnaldo, no había ni morfina para aliviarle los dolores terribles que la enfermedad le generaba y mucho menos el antibiótico de amplio espectro recetado para su caso. Durante dos meses la pequeña batalló contra el dolor y la falta de tratamiento médico.

“En ese hospital no hay nada. Ni guantes, ni yelcos, ni ampollas, ni morfina. Yo le compré una ampolla de Meropenem (antibiótico) a 40 mil bolívares, allá afuera con los bachaqueros. ¿Cómo van a decir entonces que no hay?”, pregunta Arnaldo Torrealba, vía telefónica, entre sentido y molesto.

Pero es que ni siquiera una prueba diagnóstica pudo realizar la familia Torrealba en su ciudad, Valencia, por falta de reactivos. “Nosotros mandamos la muestra de sangre a Caracas y allí nos dieron el diagnóstico. Teníamos que empezar la quimioterapia pronto”, relata el padre.

A Ruby se le pudo realizar una sola sesión. De todos los medicamentos que le recetaron en ese momento, los que pudieron administrarle fueron adquiridos a través de donaciones, fundaciones y privados ya que en el centro de salud público no había nada. La salud de la niña desmejoró muy rápido.

Cuenta Torrealba que el estado del hospital es de terror. “Se va el agua, se va la luz, no hay nada. Con decirte que en la morgue había hasta gusanos”, denuncia. Él, que trabaja en construcciones, como plomero o electricista y su esposa, maestra, se endeudaron para poder pagar lo que necesitara la niña.

Mantener el hogar se ha vuelto muy cuesta arriba. El padre confiesa que procurarle la alimentación adecuada a su familia, a la que se le suman sus otros hijos de 12 y 10 años, es muy difícil.  Eso se agrava ahora con las deudas que le quedaron tras la búsqueda del tratamiento de Ruby. De hecho pedían donaciones para poder pagar el sepelio de la pequeña.

En la capital no es distinto

El mismo día que Ruby murió en Maracay, en Caracas las madres y representantes de los pacientes de Hematología del J.M. de los Ríos firmaban un documento en el que denunciaban la escasez de insumos médicos y medicamentos oncológicos para el tratamiento de sus hijos. Asimismo, llaman la atención sobre el descuido de la infraestructura de los espacios en los que hospitalizan o atienden a los pacientes.

Padres y representantes de niños de Hematología del J.M. de los Ríos denuncian precariedad del servicio

Parte del techo de la sala destinada a hacer la punción de médula a los niños con leucemia se vino abajo esta semana, pero peor aún, no hay filtro para poder realizar el procesamiento de LCR (líquido cefalorraquídeo) o sea que no se puede realizar ese procedimiento.

El servicio de quimioterapia está crítico por falta de 13 medicamentos que atacan las células cancerígenas. “Insumos básicos como inyectadoras,  alcohol, guantes o antibióticos como Vancomicina y Meropenen, tampoco hay”, dice el documento. No cuentan con un anestesiólogo en el servicio.

El techo se vino abajo esta semana, pero la falta de medicamentos e insumos preocupa más

Una ampolla: 70 mil bolívares

El hijo de Hingri López, Cristian Rivas de 10 años, es uno de los pacientes del servicio y padece de linfoma no Hodgkin.  Este, también conocido simplemente como linfoma, es un cáncer que comienza en las células llamadas linfocitos que forman parte del sistema inmunitario del cuerpo. El linfoma no Hodgkin no es común en los niños, pero puede ocurrir en ellos.

Por suerte, Cristian ya se encuentra en la fase de culminación de su tratamiento, luego de cumplir cinco ciclos de quimioterapia. Sin embargo aún su madre se preocupa por la Vancomicina, un medicamento que le recetaron para esta última etapa. El pequeño debe tomar 4 ampollas diarias.

“Una sola la venden en 70 mil bolívares. Dime, ¿cómo hacemos los que no podemos pagar eso?”, se pregunta López.

En una situación parecida esta Carlos Silvera, de 15 años, hijo de Merlly Ávila. Para la última fase de tratamiento para la leucemia necesita 36 cajas de mercaptopurina de 50 mg y, dice su madre, solo una cuesta 300 mil bolívares.

“He pedido ayuda en todos lados, en Pdvsa, en fundaciones y sin embargo… en el hospital se sabe que no hay nada”, apunta.

Ávila teme por los niños que han sido dignosticados recientemente, a quienes, obviamente, no se podrá garantizar el tratamiento necesario para aplacar la enfermedad. “No vamos a esperar a que ellos mueran para exigir que atiendan la situación”, añade