Casos de desnutrición severa en niños crecen en el J. M. de los Ríos y el Domingo Luciani

Hasta el año pasado, los casos de desnutrición severa en niños no eran frecuentes en las consultas de la doctora Mercedes*, del hospital Domingo Luciani (El Llanito). Los pequeños que llegaban en condiciones críticas solían venir de zonas rurales del interior del país. Sin embargo, esa situación cambió en enero de 2016: de un total de 41 pacientes en el área de hospitalización y emergencia pediátrica, más de 90% tiene desnutrición. Estas cifras corresponden a un balance solo del mes de junio.

De esa proporción, 11 niños padecen cuadros agudos, condición que se presenta de dos formas: marismática o tipo Biafra, conocido con ese nombre por la región nigeriana en donde la población se encuentra en extrema delgadez; y Kwashiorkor, un síndrome infantil de carencia de nutrientes en el que los niños se hinchan y presentan formas edematosas (retención excesiva de líquidos).

“Muchas veces se quedan hospitalizados, se recuperan y luego los tienen que volver a internar, porque salen del hospital y los vuelven a alimentar mal en sus casas por la escasez de alimentos”, precisó Mercedes. Agregó que los trabajadores registran aproximadamente seis casos agudos cada mes.

Ambos tipos de desnutrición, de carácter severo, se caracterizan por la poca ingesta de alimentos. No obstante, la pediatra precisó que los niños con edemas presentan menor masa muscular y más grasa, producto del alto consumo de harinas y la ausencia de proteínas en sus dietas. “Comen calorías de mala calidad, como las que traen las bolsas de los Clap”, agregó.

La pediatra precisó que la única proteína barata, el huevo, fue arrebatada de los estratos más bajos; por lo que las dietas de los infantes incluyen alimentos más amigables al bolsillo y que no impliquen la pérdida de horas en largas colas: yuca, ñame, plátano y, ahora, mango.

Los casos de desnutrición no solo llegan a las salas de emergencia ni a las consultas del Domingo Luciani. También en el J. M. de los Ríos está presente la dura realidad que afecta a los más pequeños.

Entre 2013 y 2015, se registraron 30 niños con malnutrición grave en el hospital infantil. Ese mismo número se repitió en 2016, no ya como la cantidad de casos procesados en dos años, sino en solo cinco meses. De 31 pequeños, 21 presentaron condiciones marismáticas o tipo Biafra; mientras que los 10 restantes fueron diagnosticados con el otro síndrome carencial.

Los casos se han cuadruplicado en el centro de salud: De aproximadamente un registro mensual, los galenos han contabilizado alrededor de seis niños por mes que presentan estas condiciones. Maritza Landaeta, investigadora de la Fundación Bengoa, advirtió que de cada niño que ingresa a un hospital por estas razones, hay otros 20 casos que permanecen en sus comunidades.

Una de las principales dificultades de los pacientes para la recuperación es la falta de alimentos necesarios para tener un tratamiento y una dieta adecuada. De acuerdo con la doctora del J. M. de los Ríos, Ingrid Soto, los edemas (presencia de líquido que causan hinchazón) pueden desaparecer en un mes, pero más tiempo es necesario para que los niños recuperen el peso acorde con su edad.

Mercedes explicó que, siguiendo una dieta pensada en la recuperación del paciente, el proceso para volver a un estado de salud normal podría durar aproximadamente ocho meses. No obstante, dependiendo de la severidad del caso y del tiempo de malnutrición, podría haber peores consecuencias.

Puede que el niño recupere el peso; pero en algunos casos, la talla no se recupera (crecimiento de estatura)”, dijo la trabajadora del hospital en El Llanito, “si la desnutrición es severa y prolongada, entonces el deterioro orgánico será mucho mayor”.

Las implicaciones a futuro no solo comprometen la salud de los pequeños y los hacen más vulnerables a enfermedades y complicaciones; sino que, al igual que la reducción de la talla, también disminuye el desarrollo cognitivo. El resultado, señalaron las especialistas, representa pérdidas en la capacidad de concentración y en la memoria.

No solo las condiciones de los niños no mejoran consulta tras consulta; sino que también los padres se sacrifican para darles sus porciones a los más pequeños. “Hay sesiones en las que vienen los papás más flacos y me dicen que han dejado de comer para que sus hijos se mejoren”, expresó Mercedes.

A pesar de las circunstancias, la doctora del hospital Domingo Luciani señala que las madres venezolanas están conscientes de lo indispensable para la nutrición de los infantes; sin embargo, la escasez y la inflación juegan en contra. “Ellas saben qué es lo que tiene que comer el niño. El problema está en el acceso“, puntualizó.

*Nombre ficticio (prefirió no revelar su identidad por temor a represalias)

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