Adriana Ayala volvió a ser niña gracias a su “bebé Marino” #MadresInspiradoras

“Hijo de gato caza ratón”. Adriana Ayala, la comunicadora social mejor conocida por sus 22 mil seguidores de Instagram como “Mamá Surfista”, hizo Kitesurf hasta siete meses antes de dar a luz. A la fecha y con tres años, el “bebé Marino”, como lo apoda en las redes sociales y que lleva por nombre Jesus -sí, sin acento como su abuelo-, está ansioso por subirse a la tabla cada vez que sale con su mamá a la playa para “llenarse de energía solar”.

El bebé no se queja de lo fría que está el agua, mucho menos del calor. Nada logra incomodar en las playas de Margarita, donde su mamá recarga baterías después de una larga semana de trabajo y practica su deporte favorito; luego de años de viajar por el mundo haciendo una de las cosas que más disfruta: la producción audiovisual.

Antes de crear su línea de traje de baños para deportistas “Drika”, empezar la gestión de un spa frente a la playa, sus conversatorios con emprendedores margariteños titulados “Aquí estamos” y el kitesurf, inició sus vaivenes por el mundo a la mitad de su carrera universitaria en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Sin demasiados conocimientos se postuló para un puesto como productora de televisión para una empresa que se encontraba en Maracay. Lo atractivo de la oferta  es que había que hacer viajes por el mundo. “¿Qué es lo que hay que hacer? Dale que yo averiguo”, cuenta Ayala. Fue a una entrevista, hizo varias pruebas y quedó. La primera compañía con la que trabajó era Discovery Channel.

China, India, Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, Japón, China, Tailandia, Nueva Zelanda, la India y Australia. A sus 21 años y durante todo un año Ayala produjo un show sobre curiosidades del mundo, micros de tres minutos de duración. Tras concluir la realización del programa, decidió regresar al país para finalizar su carrera universitaria; aunque se le planteó la posibilidad de hacer una gira más corta.

Después surgieron muchas más oportunidades. Sin embargo, una de las que recuerda con más cariño fue la producción de la película sobre la vida del artista Oswaldo Vigas: “El vendedor de orquídeas”. Empezó a escribir la historia poco tiempo antes de finalizar sus estudios y se comunicó con quien después fue el director del filme: Lorenzo Vigas, su hijo. Transcurrieron cinco años desde la primera idea hasta  encontrar el lugar y el momento preciso para el estreno: el Festival de Cine de Venecia del año 2016.

Los vaivenes continuaron y Ayala fue conquistando espacios “sin palancas”. En su haber profesional se encuentran nombres de shows tan populares como The Amazing Race y Brazil´s Next Top Model. Sin embargo, entre tanto trabajo se dijo: “Ya va. ¿Y si probamos otra vida en esta vida?”.

Literalmente, hace ocho años cambió sus tacones por sandalias y se propuso una nueva forma de vivir el presente. Es así como nace su hashtag #Lavidaenbikini y decidió mudarse a Margarita. Fue allí donde, además de conocer a su esposo, aprendió kitesurf, un deporte extremo acuático que consiste en deslizarse sobre las olas mientras una cometa, llamada kite, guía el paseo por el mar. 

De la #Vidaenbikini a la @Mamasurfista

Siempre tuvo en mente convertirse en mamá, aunque sin mucha planificación. Tanto Ayala como su esposo, Luigi, padecían condiciones de salud que hacían poco probable un embarazo. Sin embargo, llegó Jesús.

Convertirse en madre, en palabras de Ayala, es como “crear una nueva identidad como mujer”. Su usuario en Instagram, @Mamasurfista, nació a los dos meses de estar embarazada del “bebé Marino”, como le llama en su cuenta. Empezó como una plataforma para conocer otras mamás. Actualmente le sirve para dar a conocer sus trabajos e intercambiar información sobre estilo de vida, turismo, emprendimiento, maternidad y más.   

Ser mamá también le plantea el reto de ser una “mujer trabajadora”. Una hora de sueño del bebé, sobre todo los primeros años, “son como diez horas de las de antes”. Implica aprovechar el tiempo al máximo para sacar adelante sus proyectos. Se trata de ser “autoexigente” y de respetar un calendario propio.

Esta nueva identidad va más allá: el “bebé Marino” la ha ayudado a volver a ser niña, a leer cuentos, saltar en la cama y jugar para vestirlo. También le ha planteado la meta de replicar todo lo bueno que le inculcaron sus padres. “Me criaron como una persona de bien para el mundo y es así como me gustaría pasar ese principio”.

Para ella, la clave para vivir plenamente a pesar de la situación de crisis nacional es ser lo más solidario posible, “activar la empatía” y apreciar las cosas pequeñas y valiosas que tiene el país para ofrecer, “lo que extrañaría si decidiera irse de Venezuela”.

“Si tienes como ayudar, hazlo. Intenta aprovechar al máximo lo que crees que extrañarías si no estuvieses acá. Es lo que yo hago para vivir con la mayor alegría posible”.

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