10 lecciones que nos dejó Irma

Laura Weffer Cifuentes

Reportera. Directora Editorial de Efecto Cocuyo. Mamá de dos.

El paso del huracán Irma encendió todas las alarmas posibles. Era el más monstruoso del que se tuviera noticia. Su paso fue devastador para algunas islas como Barbuda y Cuba; pero en Florida no resultó ser el Irmagedón (como vaticinaban los medios).

Sin embargo, esa semana de tensión y desconcierto dejó, al menos,  una decena de lecciones que quizás puedan servir para ocasiones posteriores.

1) Hibernar: Como los osos que se enclaustran en sus cuevas, los habitantes de Florida convirtieron sus hogares en retiros impenetrables, tapando completamente las ventanas con láminas de metal (shutters) o madera (plywood); aprovisionándose de enlatados y agua; sin luz eléctrica y al tanto de lo que ocurría afuera gracias a un sentido supersónico desarrollado después de pasar tantas horas encerrados y sin Internet. Con velas encendidas, la gente volvió al sencillo placer de jugar juegos de mesa y de dormir abrazados, esperando que pasara la tormenta.

2) Modelo americano, modelo europeo, espaguetis: Antes de la llegada de Irma, los venezolanos veíamos como una extravagancia del Norte a los periodistas del tiempo. Apenas irrumpió el anuncio del huracán, los pronosticadores se convirtieron en gurúes vitales. En la televisión, radio y redes sociales desarrollaban complicadas formulas (basadas en relaciones matemáticas) que preveían el rumbo que tomaría el vendaval. Aprendimos que los modelos americanos y europeos son los más comunes y que los gráficos que despliegan se llaman espaguetis. También incluimos a varios pronosticadores en nuestra lista de imprescindibles y entendimos que, por más cálculos que se desarrollen, el camino que al final toma es caprichoso e impredecible.

3) La diferencia entre tornado y huracán: Las reglas estaban claras para la llegada del huracán: había que protegerse, resguardarse. Horas y horas fueron invertidas en advertir sobre qué debía hacerse ante la contingencia, llenar la bañera de agua en caso de que suspendieran el servicio; comprar linternas y tener un radio de pilas siempre encendido. Pero, repentinamente, el celular se encendió con una alarma aterradora, un pito fortísimo y un recuadro rojo que advertía sobre el paso de un tornado. ¿Qué? Nadie nos había hablado de un tornado. Pues había que correr y encerrarse dentro de un cuarto, alejado de las ventanas y con la puerta cerrada. En la mayoría de las casas, aplicaba para un baño en la parte de abajo, porque el tornado podía volar el techo. Apretujados, esperando a que pasara. Lo único bueno es que en el alerta ponían hasta la hora que duraba la emergencia.

4) La madre naturaleza se impone: En las redes sociales fueron muchos los que se quejaron porque algunos trajeron a colación el tema del calentamiento global ante la inminencia del desastre natural. Sobre todo porque la postura negacionista es propia de los seguidores de Donald Trump. Pero lo cierto es que Irma se fortalecía de las aguas calientes y fue el huracán más grande y más poderoso del que se tenga noticia en este lado del mundo. Tapar el sol con un dedo, en este caso literal, no hace que los problemas desaparezcan. Ignorar el calentamiento global, solo ocasiona que la naturaleza se esfuerce más en hacerse sentir.

Los vientos de Irma alcanzaron hasta 300 kilómetros por hora

Así inició el paso de Irma por la ciudad de Miami.

5) Cuáles son las vías de escape de Florida: Cientos de miles de personas enfilaron su carros hacia Tampa, Orlando, Atlanta, New Orleans, Carolina del Sur; algunas pasaron más de veinte horas en cola, entre echar gasolina y la afluencia de vehículos, fue un verdadero peregrinaje para alejarse del ojo del huracán. Sin embargo, a las pocas (o muchas) horas de trayecto se encontraron con que la veleidosa Irma había decidido enfilar toda su furia hacia esas supuestas vías de escape.

Más de 5 millones de personas tuvieron que evacuar el estado de Florida debido a la inminente llegada de Irma

6) Humildad: Atisbar por un instante el tamaño, el poderío, la incontenible fuerza de Irma sirve para recordarnos que solo somos seres humanos y que ante un evento de esta magnitud ni armas, ni dinero, ni fama funcionan.

Superior: Islas del Caribe antes y después del paso de Irma.

Inferior: 59 horas de trabajo tuvieron los radares para seguir el paso del huracán.

7) La autoridad a veces tiene la razón: Es difícil confiar en autoridades, en políticos y en policías. Pero en este caso era de vida o muerte prestar atención, mucha atención a los partes que ofrecían diariamente a través de todos los medios. La prevención, algunas veces demasiado estridente, hizo que el número de muertes fuera reducido y que la evacuación se cumpliera casi en su totalidad.

El gobernador de Florida, Rick Scott, resaltó en todo momento la potencia del huracán Irma.

8) Dosificar las noticias: Hay una delgada línea entre el alerta y el amarillismo. Los floridianos explican que la sobresaturación de noticias es necesaria para que nadie se quede sin enterarse de la gravedad de la amenaza o que después utilicen el desconocimiento como excusa en caso de reclamo. Pero lo cierto es que seguirle la pista a la evolución del huracán más grande de la historia fue más estresante que el huracán mismo. “Se movió hacia el este; ahora hacia el oeste; subió de categoría; bajó de categoría; recomendamos que se vayan; potencialmente catastrófico; seguramente mortal; no hay nada que hacer, este es el fin de mundo”. Un ejercicio “cardio”, pero sin necesidad de pararse del asiento.

CNN fue uno de los medios que desplegó la mayor cantidad de reporteros en las zonas afectadas por el huracán Irma.

9) La imbecilidad humana no tiene fin: ¿De verdad? Salir bailando en bikini en las cámaras de CNN después de haberse anunciado la evacuación obligatoria, hacer paragliding (volar en parapente) con vientos huracanados, tomarse selfies con el mar encrespado atrás, dispararle al huracán, hacer un rito a orillas del mar a pesar de la proximidad del vendaval, quedarse en casa pese a las advertencias y luego pedir que llamen al 911 porque la cosa está muy fea. Ya lo decía Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo”.

10) Siempre tras la tormenta viene la calma: Pasar la tarde, la noche, la madrugada con el viento feroz como sonido de ambiente y el traqueteo de las láminas de metal golpeando las ventanas como si un monstruo de mil cabezas intentara entrar a tu casa; enerva a cualquiera. Caer rendidos del cansancio, para despertar a la mañana siguiente con un azul esplendoroso y una brisa vivificante, sirve para recordar la canción de Rubén Blades y Willy Colón, Tras la tormenta:

Siempre aparece el sol tras los aguaceros/
Siempre tras la tormenta llega la calma/
Después de los tiempos malos llegan los buenos/
Y premian a los que no rindieron sus almas.

Foto principal: Laura Weffer.

  • Leyda Martinez

    Excelente resumen Laura! Lograste describir lo vivido y sentido… Qué pequeños somos… Que bueno haber estado unidas viviendo esto aunque fuera por chat. Un abrazo!!!