Efecto Cocuyo

Rafael Ramírez, la caída de quien aspiraba a defender el legado de Chávez

Eran cuatro los herederos políticos del fallecido presidente Hugo Chávez.

Sin orden de preferencia ellos son: Diosdado Cabello, Elías Jaua, Rafael Ramírez  y Nicolás Maduro. Este cuarteto pasó por mejores tiempos juntos cuando se amparaban en el paraguas de “los hijos de Chávez”, un eslogan propagandístico para facilitar la transición.

Cuando en septiembre de 2014 Ramírez fue retirado de la presidencia de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y enviado a la Cancillería, durante el publicitado “sacudón” de Maduro, circularon distintos comentarios sobre las razones de tal medida. En ese misma movida, Ramírez también fue cambiado de la vicepresidencia del área económica.

En los corrillos políticos y económicos se daba por descontado que la salida de Ramírez implicaba la radicalización del modelo, entre otras cosas, porque el funcionario era proclive a medidas económicas que tendieran a estar a tono con las nuevas realidades como el tipo de cambio unificado, entre otras opciones.

Pero además era el principio de la política de control interno que ejecutaría Maduro y su entorno (Cilia Flores y los hermanos Rodríguez) para alejar a cualquier aspirante al trono y para empezar a gobernar con sus escogidos, no con los hombres o mujeres de confianza del fallecido mandatario.

 Para  aquel momento Maduro había logrado neutralizar a Cabello y a Jaua. A uno porque estaba siendo señalado constantemente por sus supuestos vínculos con el narcotráfico, lo cual lo puso por vez primera a la defensiva -se sumaría luego el caso de Leamsy Salazar- y al  otro porque fue desplazado de posiciones de poder (con Chávez, Jaua fue vicepresidente y era la figura del chavismo mejor evaluada, luego del mandatario, según los estudios de opinión).

Pero no bastaría el enroque  para alejar a Ramírez. En diciembre de 2014 se consumaba su “exilio dorado” al  ser nombrado embajador ante la ONU.  De esta manera quedó prácticamente excluido de la política interna.

El zar de Pdvsa

Pero este hombre, rubio, con ademanes que suavizan su más de metro ochenta de estatura,  voz nasal y un gusto confesado por las “cosas buenas”, aun cuando creció en un ambiente político de izquierda,  siempre ha tenido aspiraciones políticas, más allá de toda su experiencia en el campo económico.

Durante los 12 años que Ramírez fue el zar de Pdvsa y su esposa, Beatrice Sansó-, hija de la exmagistrada Hildegard de Sansó- fungía de presidenta del Centro de Arte La Estancia, eran percibidos como la pareja presidencial paralela, ya que ella en su rol tuvo varios aciertos en la recuperación de los espacios públicos en Caracas y de obras artísticas, mientras él logró gobernar una ex alzada empresa, a la que declaró “roja, rojita” y dirigió la política de socialización de la industria, como bien recuerda en su carta de renuncia obligada, dada a conocer este martes 5 de diciembre. 

No obstante, ambas gestiones fueron blanco de cuestionamientos. La de ella por supuestos despilfarros de dinero y excesos nada socialistas y la de él por su asociación con su primo, hoy caído en desgracia, Diego Salazar, “Míster Rolex”, quien ha sido capturado recientemente por las autoridades venezolanas por su supuesta participación en la Trama de Andorra.

Numerosos informes periodísticos daban cuenta de las presuntas irregularidades de Salazar, especialmente varias de sus andanzas salieron  a relucir en 2015. De igual manera,  en 2016  una investigación de la Asamblea Nacional también apuntaba hacia un “megaguiso” familiar que involucraba a otro detenido: José Enrique Luongo, ex vicepresidente de Refinación de la estatal petrolera. Sin embargo fue hace unas semanas cuando las autoridades venezolanas  procedieron  en su contra. 

Las razones de esta repentina cruzada anticorrupción son vistas con escepticismo por algunos ex altos cargos del gobierno, que prefieren quedar en el anonimato. Solo leen, por los movimientos, no solo una retaliación, sino una expresión de los acomodos y lucha interna por mantenerse en el poder.

“Maduro está empeñado en repetir y en el partido no queremos”, me comenta un dirigente activo de la organización. Aguas adentro, en los grupos chavistas hay mucha discusión, sobre todo por la ineficiencia del Gobierno.

Todo indica que el único que tiene la posibilidad de expresar ese descontento, sin que se lo cobren, es José Vicente Rangel, siempre cercano al Gobierno, pero lo suficientemente lejos para que no lo queme la candela cuando critica.

Es justo a José Vicente Rangel a quien se le atribuye haber logrado cinco años atrás, que los herederos políticos de Chávez no se pelearan entre sí. Por razones de sobrevivencia les ha convenido seguir unidos, pese a las diferencias.

Pero, ahora el grupo de Maduro desea más y ese más es, justamente, repetir como candidato presidencial, sin darle chance a Diosdado Cabello, a Ramírez, a Jaua ni a ningún otro, como Jorge Rodriguez y Héctor Rodriguez ni a El Aissami, estos tres últimos como aspirantes naturales por su figuración.

Ramírez no quiere mucho a Maduro. No le debe haber caído muy bien que el patriarca chavista haya escogido al menos talentoso de sus hijos para que heredara la opción presidencial. El ex embajador en la ONU también tiene aspiraciones políticas, según han revelado varias personas allegadas. Algunas de estas personas incluso le sugirieron no retornar a Venezuela, luego de su destitución como representante de Venezuela ante el organismo multilateral.

La decisión de su despido se le informó la semana pasada, pero negoció su salida hasta poder irse de los Estados Unidos. 

 

¿Y a qué aspira Ramírez?

A  tener la opción de gobernar el país, posibilidad que le fue cerrada de antemano, porque recientemente el vicepresidente Tarek El Aissami, (a cuyo grupo se le atribuye ahora el control de Pdvsa con Ismael Serrano, por una parte, y Samark López por la otra) lanzó la candidatura de Maduro a la reelección.

También pensó en regresar al país para impulsar un movimiento de base con el “verdadero” chavismo. Planeaba fundar un ala con las ideas originarias de Chávez.

En su entorno, Ramírez ha dicho lo que dejó ver en su carta, que el gobierno pactó con la derecha y una élite económica.

Ayer Ramírez probó la medicina del gobierno contra la disidencia. La etiqueta #Ramíreztraidor se ubicó de primera en las tendencias de la red social Twitter. Algunos de los tuiteros que se identifican con el gobierno lo atacaron y le señalan de no seguir los lineamientos de Chávez.

 

 

 

Pero mientras la lucha de poder puede continuar, con cada cabeza de los grupos  internos buscando los cómo, la industria petrolera venezolana sigue en declive.

Foto principal: EFE.