¿Por qué a la cúpula del Psuv le cuesta tanto entender su derrota?

Desde que el presidente Nicolás Maduro ganó la presidencia, distintos estudios de opinión mostraban la fragilidad de su liderazgo. Un año después de mantenerse en el poder sorteando el episodio de #LaSalida, el gobierno empezó a acusar factura por la crítica situación económica del país. Fueron decenas de análisis y proyecciones que predecían las dificultades de 2015.

Para diciembre  de 2014 las encuestas exponían la caída irreversible de la popularidad de Maduro, la responsabilización de los problemas del país y cómo se iba despolarizando la cuestión económica. Ese año ya era evidente que el país no era feliz.

Para abril de 2015 todos los sondeos hallaban que más de 70% por ciento de los venezolanos consideraba que la situación del país estaba muy mal y que tendería a empeorar. Otros hallazgos de las encuestas permitían inferir la derrota electoral.

En ese contexto, dentro y fuera del Partido Socialista Unido de Venezuela fueron muchas las advertencias formuladas. No solo personas de oposición. Gente cercana al gobierno lo hizo. Desde la filas del chavismo se notaba la decepción.

De hecho, las encuestas internas revelaban el deslave que se venía. Sin embargo, la cúpula del Psuv se negaba a creerlo. Tal vez fue ya a dos semanas de las elecciones del 6D, cuando algunos comenzaron a internalizar que perderían los comicios. Se notaban fallas en el 1×10 y los simulacros ya apuntaban lo que se venía. Pero en rigor, muy pocos podían vislumbrar una derrota tan fulminante.

Sin embargo, ya ocurrido el 6D, por sus discursos, parece que aún esta cúpula no entiende muy bien lo que les pasó. Lucen erráticos y hasta infantiles en sus planteamientos. Todo como cuando un boxeador está noqueado y solo por acto reflejo intenta lanzar golpes.

Ya esta confusión se observaba en la campaña, cuando se veía como si hubiese dos lineamientos distintos. Por una parte, la de hacer descansar en el vínculo emocional con el fallecido presidente Chávez la decisión de su electorado, y por la otra, la suerte de plebistización que hizo el presidente Nicolás Maduro de la contienda.

Aun no se sabe si esta participación mejoró la participación de los seguidores del chavismo, aunque los estudios recogieron una recuperación de unos 10 puntos porcentuales del oficialismo desde septiembre a diciembre. No obstante, las encuestas por circuitos evidenciaban la ventaja de la oposición, que incluso desafiaba la creencia de los propios beneficiados.

Pero si lo que está a la vista no necesita anteojos, ¿por qué a la cúpula roja le cuesta tanto entender lo que ocurrió?

Hay muchas hipótesis. Yo me inclino por un efecto de ceguera paradigmática, de la cual he hablado, por el caso del Psuv, desde 2013. Es un concepto acuñado  científicamente y adaptado para el mundo empresarial, pero perfectamente aplicable  a la política.

Un paradigma no es más que un esquema mental inconsciente que permite enfrentar las situaciones, sin necesidad de analizarlas mucho. Funciona porque le ahorra mucho estrés al cerebro y porque suele dar buenos resultados. El problema ocurre cuando las circunstancias externas cambian, y las personas siguen actuando en el mismo cuadro paradigmático.

Este enfoque lo he seguido para intentar entender la caída del bipartidismo en el país y la llegada del chavismo.

¿Qué me parece qué ocurrió?  Les prometo: no estoy descubriendo el agua tibia.

Simple. La cúpula se dejó encapsular en una burbuja de aislamiento y desconexión propiciada por sus éxitos del pasado y por sus dificultades para ver cómo estaba cambiando el presente, lo cual, les imposibilitaba realmente ver qué podía ocurrir.

Decenas de artículos fueron escritos advirtiendo de esta desconexión con las bases y sus posibles consecuencias. Por supuesto que no todo es tan simple. Hay un complejo proceso de cambio y aprendizajes en la sociedad venezolana que aún están por estudiarse, además de que la dirigencia opositora maduró y aprendió de los errores garrafales que cometió en su etapa restauradora (1998-2005)

Lo más grave no es que la alta dirigencia del oficialismo no haya aún acusado el golpe de la derrota. Esto es lógico. Lo peor para ellos puede estar por venir.

Si seguimos en la línea de pensamiento de los paradigmas, además de la ceguera, hay otro fenómeno: la parálisis paradigmática. Ocurre cuando ya sucedido el cambio de realidades, los sujetos que antes tal vez fueron exitosos, no saben cómo reaccionar y cometen nuevos errores.

Algunos ilustran estos procesos con la caída de imperios empresariales que no ven, aunque estén frente a sus ojos, los nuevos productos que pueden ser un “boom”. Los ejemplos clásicos son el desplazamiento de los relojes de cuerda por los de cuarzo, la carrera perdida de IBM -que diseñó la primera computadora- frente a los “nuevos” paradigmas de la PC y del software que tanto impulsó a Apple y a Microsoft.

El filosofo Edgar Morin lo aborda menos pragmáticamente y más densamente:

“…existe en cada mente una posibilidad de mentira a sí mismo (self-deception) que es fuente permanente de error y de ilusión. El egocentrismo, la necesidad de auto-justificación, la tendencia a proyectar sobre el otro la causa del mal hacen que cada uno se mienta a sí mismo sin detectar esa mentira de la cual, no obstante, es el autor…”

La alta dirigencia del Psuv parece no comprender que hay un cambio en la sociedad venezolana. Por eso es muy probable que ahora el Psuv, de no recomponerse y buscar cómo adaptarse de la mejor manera a la nueva realidad, siga dando traspiés y que la bola de nieve que rodó el 6D continúe su desplazamiento, hasta las elecciones regionales, donde una vez más, los rojos van a perder nuevos espacios.