La hora de los periodistas

Luz Mely Reyes | @LuzMelyReyes

Periodista venezolana, analista política. Especialista en Comunicación Organizacional con certificación en Periodismo Emprendedor en CUNY Graduate School of Journalism. Autora de Politikom, Con la Vagina bien puesta y co autora de Marketing Politico. Herramientas para ganar elecciones. Amo las campañas electorales, por dentro y por fuera.

Durante estos dos últimos años, el periodismo venezolano ha vivido tal vez los   momentos más duros de las últimas dos décadas. A la conflictividad, que se volvió cotidiana, frente a un poder político que es poco tolerante con los cuestionamientos, y luego de un gran enfrentamiento entre medios y gobierno, se sumaron situaciones inéditas. Por ejemplo, la compra de dos de los medios más longevos y reconocidos, Últimas Noticias y El Universal, sin que hasta ahora se sepa quiénes son sus verdaderos dueños y un cambio en las líneas editoriales que invisibilizan a quienes no son afines al gobierno; el blackout informativo del 12 de febrero de 2014, la escasez de papel periódico, las demandas contra medios hay periodistas por reportar informaciones publicadas en otros medios y la salida forzada de muchos talentos de los medios con nuevos dueños.

Todo lo anterior sumado a los cambios mundiales que se observan en cuanto al modelo de negocio de los medios tradicionales, nos ha llevado al ojo de una suerte de tormenta perfecta que nos induce  a muchos a cuestionarnos con  preguntas fundamentales.

¿Quiénes somos, de dónde venimos, para donde vamos, cuál es nuestra misión en esta vida?

Intentaré hacer un acercamiento sobre cómo veo estos temas.

¿Quiénes somos?

Prácticamente ya ni lo sabemos. En el marco  de una revolución tecnológica que ha hecho aguas al modelo tradicional de negocio de los medios, y sumergidos en  una sociedad polarizada, los periodistas venezolanos muchas veces nos preguntamos cuál  es nuestro rol. No somos políticos pero nos metemos en la política, no somos artistas pero nos hemos convertido en  protagonistas, no somos empresarios pero le metemos el pecho ahora al emprendimiento porque así nos tocó vivir.

Los jóvenes periodistas son como un milagro. Muchos están aprendiendo a ser técnicos y encajar en algo que llaman productores y curadores de contenidos, solo que algunos no producen contenidos relevante porque no tienen tiempo para leer, cultivar fuentes ni salir a la calle a patear por las noticias.  Y porque la linea en algunos medios es producir contenidos “chéveres”, sin mucho rollo.

En otro extremo muchos veteranos hallan que el futuro no es lo que era, de manera que con todo lo leído, lo bailado, lo sabido y lo sudado se sienten desorientados porque ya no hay papel para escribir, porque en la TV casi no hay información sino espacios para el show, porque no saben hacer “un videíto, unas claves”. Cuando mucho usan Facebook y no saben con qué se come Snapchat o el más reciente Periscope.

En ambos segmentos, jóvenes y veteranos,  varios confiesan tener miedo. Es “natural” ya que el sistema de retaliaciones del gobierno ha cumplido parte de su cometido: que haya autocensura.  Que algunos prefieran guardar silencio incómodo, cuando su conciencia le dice algo, pero se paralizan por el temor. Sentir algo de miedo frente a un poder que se ejerce discrecionalmente y que mantiene clara la táctica de “maten el mensajero”, es razonable, tan es así, que por eso usan tácticas aleccionadoras. Otros están angustiados, otros esperan, otros se van, otros deciden intentar voltear la tortilla y plantar cara a los desmanes.

Ninguno es estos caminos es cuestionable. Cada ser humano tiene el derecho de buscar la mejor manera de salvaguardar su integridad. Lo deseable sería  que hubiese maneras de desarrollar más mecanismos que nos permitan proteger al que están en riesgo, acompañar al angustiado y discutir siempre en profundidad el momento que vivimos.

¿Para dónde vamos?

¿Cuál es el futuro del periodismo?  No lo sabemos,  pero si somos analíticos debemos saber que está lleno de retos y oportunidades. Como afirma la costarricense Gianina Segnini: Es un buen momento para ser periodista

“El miedo y la angustia nos impiden ver la esperanzadora realidad: que el periodismo de calidad nunca ha sido más relevante y necesario; que las democracias actuales lo piden a gritos; que tenemos mucho que aprender” dice Segnini, ganadora del premio García Márquez por su trayectoria, un camino que labró a punta de investigar, de profundizar, de buscar datos y manejar herramienras tecnológicas que facilitan la labor fundamental de buscar la verdad.

Otro gurú como es Alan Rusbridger, exdirector de The Guardian,  asegura “Estamos en un momento excitante para ser periodista. Pienso que si sabemos interpretar por dónde van los tiros, y si intentamos incorporarnos a las tendencias, en vez de combatirlas, entonces es un gran privilegio estar donde estamos… Ahora bien, no quiero pecar de optimista. Sé que hay mucha gente que se ha quedado sin trabajo y compañías que lo están pasando mal, porque el dinero no está ahí, el modelo de negocio sigue haciendo aguas y no hay alternativa visible. Pero en el fondo pienso que es un momento fantástico, de gran experimentación, en el que hará falta reinventar la profesión”.

En lo que respecta a Venezuela no me cabe la menor duda de que es la hora del periodista. ¿Esto qué significa?. Que en medio de la peor crisis que hemos pasado ante tantas puertas que se han cerrado, estamos abriendo cada vez más ventanas.

En tiempos de oscuridad, se ha  encendido muchas linternas, y si me permiten la cuña, muchos cocuyos, luciérnagas y hemos hecho acopio un arsenal de valores democráticos que nos han permitido tomar iniciativas.

Hoy Venezuela vive una primavera de medios digitales. Y hay de todo como en botica. Desde los que siguen un modelo tradicional de un gran capital, los que se originan en ongs  hasta aquellos que son emprendidos  por periodistas. De estos últimos figuran Efecto Cocuyo, Armando.Info y el más conocido RunRunes.

¿De dónde venimos?

Esta pregunta la intento responder con el corazón. A mí me gusta creer, que como mucho de mis colegas  contemporáneos y muchos de los que nos sucederán, llevamos una antorcha y defendemos una herencia por la cual muchos han sufrido hasta la pérdida de sus vidas.

Me gusta creer que venimos de esos maestros que nos enseñaron que no hay pregunta incomoda, que periodismo no es propaganda, publicidad ni relaciones públicas, que ser periodista es una manera de vivir, que  a la pregunta repetida Si no fueras periodista, que sería: la respuesta invariable es Periodista.

¿Cuál es nuestra misión?

Sería muy pretencioso formularla, pero si volvemos al principio, una pregunta que siempre es válida hacernos, es porque hacemos lo que hacemos. Y estoy segura que la mayoría de mis colegas lo que saben y quieren  hacer es Periodismo.

Decía recientemente el director del diario El Mundo, de España, David Jiménez, que nos debemos a los ciudadanos y agregaba:

Cuando hagamos una pregunta incómoda a un político, la haremos en su nombre; cuando denunciemos la corrupción o los abusos del poder, lo haremos en su nombre; cuando pidamos medidas de regeneración -no nos cansaremos de hacerlo-, lo haremos en su nombre; y cuando nos equivoquemos, será porque, también en su nombre, busquemos la verdad. Sin militancias ni sectarismos. Defendiendo principios y no partidos. Sin intenciones políticas propias ni de terceros. Con independencia y sin resentimiento.

Comparto ese sentir y más en Venezuela, una sociedad polarizada, pero a la vez tan necesitada de recibir cada día una mayor y mejor información.

Hoy cuando celebramos el Día del Periodista venezolano y pese a las tribulaciones, no hacemos otra cosa que renovar los votos que nos hicieron enamorarnos de este modo de vida que es ser periodista.

 

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