Firmantes en Maripérez: Si no valido hoy, vengo mañana más temprano

El miércoles 22 de junio fue el día de la paciencia. Algunos firmantes pasaron seis horas de cola para poder validar sus rúbricas. Otros no alcanzaron ni a llegar a la mitad del camino.

Más y más personas se sumaban a la fila de la sede regional del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Maripérez. Llegaban a la esquina del elevado, a la avenida Libertador, a la calle Lima, ya formando una fila en “U”.

Con cientos de personas delante, Génesis Díaz, una joven de 19 años, permaneció inmóvil en la cola. “Si no valido hoy, vengo mañana más temprano. Hasta que lo logre“, dijo tajante.

El estoicismo vino acompañado de banquitos de plástico, gorras, lentes de sol, libros y sombrillas. Aun cuando las posibilidades de firmar eran casi nulas, detrás de otras 700 personas y con denuncias de que la “operación morrocoy” había sido activada, el resto de la gente no se quiso mover.

Para algunos, la tercera jornada también representó el tercer intento. Fue el caso de Ámbar Arteaga, una joven estudiante de la Unearte que se enfiló tras el último de la avenida Libertador a las 11:20 am con su perseverancia.

Este es mi tercer día de cola. El lunes llegué muy tarde, me vine como a las 2:00 pm”, aseguró la joven, y agregó: “seguiremos intentando hasta que valide“. Lo que la motivó, dijo, es lo mismo que ha llevado a los otros cientos de firmantes que tiene a su alrededor a hacer lo mismo: “Lo hacemos para que se pueda conseguir medicamentos cuando a uno le dé la gana. Para que también haya comida y seguridad”.

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Ámbar Arteaga / Foto: Efecto Cocuyo

Lo más probable es que no logren firmar hoy“, decían los voluntarios de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) a quienes se hallaban más lejos del punto. Unos optaron por irse y otros, tercamente, por quedarse. Un tercer grupo decidió probar suerte en otro punto y subirse a los autobuses que dispuso la oposición para movilizar gente.

Aunque las rutas eran de Maripérez hasta Macarao, San Agustín, El Junquito o Coche, algunos traslados fueron suspendidos por la presencia de colectivos en los alrededores de los centros habilitados.

En Macarao lanzaron una bomba lacrimógena dentro de las instalaciones donde se encontraban los firmantes; en San Agustín, grupos afines al Gobierno amenazaban y amedrentaban.

“Estamos llevando gente solo a El Junquito porque es el centro más seguro”, expresaron choferes y movilizadores. Toda la cuadra, desde Plaza Venezuela hasta el elevado de Maripérez, se tiñó de blanco por los toldos y los autobuses.

Al mediodía, la tensión se hizo presente en la cola; no solo porque el tiempo corría y las mesas cerraron temporalmente por el horario establecido, sino también porque trabajadores de Pdvsa marcharon hasta Miraflores en apoyo al presidente Maduro.

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Firmantes esperan para abordar autobuses / Foto: Efecto Cocuyo

Ambas multitudes se encontraron momentáneamente. El chavismo solo fue de paso. Cánticos de “no volverán, no volverán”, sonaron por unos cinco minutos. La voz del presidente Hugo Chávez por otros más. No hubo enfrentamientos, ni lacrimógenas en Plaza Venezuela. Tampoco amendrentamientos ni amenazas.

Un pequeño grupo, de cuatro personas, atravesó el camino por la cola de los firmantes. “Anímense ustedes también”, “¿cuándo vienen a hacer la cola?”, bromearon algunos.

Distrito Capital logró alcanzar el 1% requerido para pasar la siguiente fase del revocatorio. Sin embargo, las validaciones se hicieron esperar. A diferencia del lunes, este miércoles 22 de junio, hubo que mantener la calma y la cordura.

“En este centro electoral deberían estar pasando, según nuestras estimaciones, por lo menos 660 personas por hora. Hoy están pasando menos de la mitad de ese número”, aseguró el coordinador de operaciones del Distrito Capital, Luken Quintana. El voluntario también denunció que las máquinas se reiniciaban y hubo fallas eléctricas. Todo sumó minutos y restó paciencia.

A las 2:00 pm, ya Jorge Cabrera, de 23 años, acumulaba unas cuatro horas de espera. Aún lejos de las mesas de revisión, decidió retirarse. Ni a mitad de camino lograría validar con los retrasos que se registraron en el sitio. La “operación morrocoy” le quitó el chance de validar su firma y de llegar al trabajo.

—Me iré, ya no voy a llegar— dijo.

—¿Y vas a venir mañana?

—Claro. Mañana me levanto más temprano —aseguró Cabrera— A los que no han venido, les digo: tengan fe. Venezuela va a cambiar.

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