El diálogo: ¿control de daños para el Gobierno o tabla de salvación?

Desde mayo del 2016, el Gobierno intenta vanamente entablar un diálogo con la oposición. Algunos consideran que será una tabla de salvación para el oficialismo, el cual está aislado internacionalmente y corre el riesgo de que sus funcionarios sean juzgados y condenados por violar los derechos humanos.

La tesis la manejan tanto chavistas como opositores ante el cerco que se ha producido, por ejemplo, esta semana cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) inició audiencias públicas por crímenes de lesa humanidad en el país y analizará si Venezuela debe pasar a la Corte Penal Internacional y el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, reveló que se pudieron haber cometidos este tipo crímenes sobre todo durante las protestas que se escenificaron de abril a julio de este año.

El Gobierno del presidente Nicolás Maduro y los representantes de la coalición opositora venezolana, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se aprestan para abrir un abanico de negociaciones o conversaciones – en el buen sentido de la palabra- en aras de buscar soluciones a la grave crisis del país. El escenario, un terreno “neutral”: República Dominicana.

Un activista de derechos humanos y un politólogo analizan este paso no solo desde la perspectiva de otros encuentros, sino también de los posibles resultados que se puedan obtener.

Marino Alvarado, del Programa Venezolano de Educación y Acción en Derechos Humanos, Provea, es defensor del diálogo como una herramienta para resolver los conflictos y contradicciones sociales y se busquen puntos de consenso. Expuso que para que ese mecanismo funcione debe haber transparencia y responsabilidad.

El activista recomendó, por experiencias anteriores, que se creen condiciones que favorezcan el diálogo. Afirmó que es fundamental que el Gobierno reconozca que existe una oposición a la que le debe permitir actuar, porque se ha ganado unos espacios que tienen que ser respetados. “Tanto la Asamblea Nacional como los alcaldes de oposición fueron electos en votación popular y tienen derecho a culminar su periodo”.

Dentro de esas condiciones, es necesario que haya voluntad política del Gobierno para disminuir la disidencia y conceder la libertad de los presos políticos.

En el lado de la oposición, llamó a que no sigan aplicando la frase atribuida a Carlos Andrés Pérez: Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. “No pueden decir que no hay diálogo, cuando sí lo hay y tampoco que no hay acuerdos, cuando los hay. Deben dar la información. Es un consejo y además, debe haber uno o dos voceros exclusivamente para que hablen del diálogo y no que declaren todos y que cada uno de una versión distinta. Eso genera confusión”.

Alvarado hizo votos para que de estas conversaciones surja el rescate de elementos fundamentales para el funcionamiento de la sociedad. “Sobre todo de la democracia que han sido secuestrados por la dictadura y deben ser restituidos a la población”.

Enumeró las razones por las cuales se están produciendo los contactos: es la respuesta a la protesta social o rebelión popular que los obligó a buscar salidas políticas a la crisis y al descontento. En segundo lugar, y también como consecuencia de la protesta hoy la comunidad internacional tiene mayor visón de la dictadura y de la violación de los derechos humanos y en tercer lugar, porque a nadie más que a Gobierno le interesa lograr estabilidad y esta la da el diálogo.

Apuntó que será favorable para la oposición en la medida que se logren resultados concretos. Por ejemplo, la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) dado que no hay confianza en ese organismo y la renovación de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en vista de su evidente parcialidad política. “La Sala Constitucional ha contribuido a socavar la democracia y aumentar la represión política en el país”, afirmó.

Sin ADN para el cambio. Fernando Spiritto, director del posgrado de la facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), se mostró escéptico.

“El diálogo nunca ha tenido frutos y no los va a tener. La razón es muy sencilla: El objetivo del Gobierno es mantenerse en el poder. El resultado de una negociación sería pérdida total o relativa del poder y no lo va a aceptar. La variable de compartir el poder o dar y recibir no tendrá resultado concreto. El Gobierno busca ganar tiempo y pulir su imagen en el exterior para evitar sanciones de la comunidad internacional”.

Este politólogo ve el diálogo como un control de daños para evitar perjuicios políticos mayores y no cree que el oficialismo esté tratando de eludir una condena por violación de los derechos humanos. “El Gobierno está aislado internacionalmente desde hace años y está usando e diálogo como una rendija para legitimarse. No modificará la situación política, sino que intenta dar una muestra de apertura”.

Sin embargo, opinó que la oposición actúa correctamente al ir a escuchar al Gobierno. “Eso no les quita nada. Si logran algún tipo de concesión bienvenida sea, como liberación de los presos políticos”.

Está convencido de que el Gobierno no hará mayores cambios políticos como reconocer al Parlamento como tampoco, cambiar al CNE o adelantar las elecciones presidenciales. “En su ADN no tiene genes para introducir un cambio económico de gran calado, como pedir financiamiento al Fondo Monetario Internacional (FMI) o cambiar las variables económicas”.