Ruth Capriles: En esta guerra de posiciones uno va acumulando fuerzas para rodear al dictador

Ruth Capriles marchó ayer 19 de abril y volvió a marchar hoy con la convicción de que la solución a la crisis política de Venezuela no se limita, simplemente,  a la expresión del descontento con el Gobierno que dirige Nicolás Maduro. En su opinión, ni siquiera es suficiente que un día, dos o tres, millones de personas salgan a la calle.

“Marchar no es un enfrentamiento bélico para ganar la guerra. Esta es una guerra de posiciones, como antes de 1914. Uno va posicionando fuerzas, mayorías en nuestro caso. Va creando alianzas, va uniendo voluntades y va rodeando al dictador, de cuya racionalidad y condición moral depende irse con alguna gallardía, caer con honor o como un cobarde”, advierte la historiadora y politóloga.

Capriles reivindica la perseverancia demostrada por los ciudadanos que se asumen como tales, más que como una masa indiferenciada denominada pueblo por el oficialismo. Considera que aunque el miedo es natural ante un incremento desmedido de la represión, los ciudadanos vuelven a salir a manifestar una necesidad histórica de cambio que trasciende las expectativas o aspiraciones que pueda tener cada quien sobre el país que desea.

“El crecimiento de un sentimiento colectivo va a producir el cambio. Es un sentimiento que aumenta al mismo ritmo que disminuyen las lealtades a un gobierno que ya no disimula sus atropellos. Y ese sentimiento mayoritario es y será cada vez más poderoso en la medida en que la ciudadanía constate lo que es capaz de lograr si actúa con perseverancia. Y los que marchan, marchan y marchan pueden lograr que el liderazgo opositor al régimen sea efectivo en el ejercicio  de empatía con la gente”, dice la autora del Libro Rojo del Resentimiento, a través del cual analiza los fundamentos del liderazgo oficialista, así como también la reedición de algunos de sus vicios por parte de la oposición.

La analista no descarta que se comience a resquebrajar el copamiento oficialista de todas las instituciones, con la consecuente ausencia de contrapesos que definen la democracia,  en vista de la profundización de la crisis política, económica y social del país. “Porque el Gobierno de Maduro no tiene más que ofrecer sino represión”, añade. Se refiere específicamente a una eventual multiplicación de distanciamientos del Gobierno, como el de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, al señalar que la disolución de la Asamblea Nacional, por efecto de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, constituyó la ruptura del hilo constitucional.

“Debe quedar alguna institucionalidad en las Fuerzas Armadas; que desde su seno también se exprese la indignación”.

-¿Está pensando en una salida militar?

-No. Más bien en una suma de voluntades, pues nadie puede prever cuál será la salida. Del lado de los demócratas apenas hay el deseo que no sea cruenta ni dañe aún más la institucionalidad del país.

¿Qué escenarios vislumbra?

-Todos incluyen la salida de Maduro; el detalle, que no es cualquier detalle, tiene que ver con los tiempos. El primero consistiría en la asunción de la presidencia por el actual ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López. Ello implicaría la absoluta militarización del país y, en el mejor de los casos, el inicio de un proceso de negociación que puede ser muy complejo, pues está sujeto a las redes de crimen organizado en las que estarían involucrados altos funcionarios de la Fuerza Armada. El segundo escenario tiene que ver con la sustitución de Maduro por el actual vicepresidente Tareck el Aissami, lo cual tampoco beneficiaría a nadie en la medida en que es presumible una radicalización del Partido Socialista Unido de Venezuela en su empeño en mantenerse en el poder a costa de lo que sea. En tercer lugar, no es descartable que la presión internacional se manifieste desde los más poderosos centros hegemónicos; por ejemplo que Donald Trump le diga a Raúl Castro hands out Venezuela. Esta sería una salida diplomática y no de fuerza, que apenas implicaría un respiro, en términos de la liberación del país de la estructura de espionaje y violencia importada desde Cuba. El cuarto escenario es el más temido y más fatal: que enfrentamientos entre cuerpos policiales, unos controlados por el Gobierno y otros por la oposición, como lo que vimos en oriente hace poco, degenere en una guerra civil abierta.

¿Y qué puede hacer la ciudadanía, a la cual usted le confiere tanto poder, para evitar los escenarios caóticos?

-Afinar las estrategias de lucha. Por ejemplo, los que repudiamos esta dictadura no tenemos un centro simbólico del poder para apostarnos allí, a modo de plaza de los indignados. Hay que inventar ese centro de poder. Ese cambio de estrategia supone evitar el derramamiento de sangre, que el Gobierno manipula en respaldo a la idea de que es víctima de un golpe de Estado, promovido por el imperialismo estadounidense y la derecha internacional. Tenemos que entender que no es poca cosa que 6 millones de personas, dos millones y medio solamente en Caracas, hayamos tomado las calles durante tres horas, no es poca cosa. Que debemos preservar nuestras vidas para continuar marchando y, repito, para contribuir al crecimiento del sentimiento colectivo de cambio como necesidad histórica.

 

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