Zapatero a su zapato - Efecto Cocuyo

Zapatero a su zapato

Zapatero, un mediador cuestionado
Piero Trepiccione

Politólogo con especialización en gerencia social. Actualmente es el coordinador general del Centro Gumilla en el Estado Lara. Profesor universitario de pre y postgrado. Analista político y de tendencias electorales. Columnista de opinión. Locutor y conductor de programas de radio.

José Luís Rodríguez Zapatero es un hábil y curtido político, nadie lo duda a estas alturas. Inclusive, en un momento determinado pudo haber sido nominado al premio Nobel de la paz, por su mediación en el conflicto político venezolano que ha tenido amplias repercusiones e impactos tanto en la región como en todo el hemisferio occidental.

Fueron muchos los intentos, las reuniones, los encuentros secretos, medianamente secretos y abiertamente públicos en los que participó el ex premier de España. Lamentablemente, poco o nada se avanzó en la búsqueda de una solución pacífica y constitucional a las diferencias casi irreconciliables, entre quienes ostentan el gobierno en Venezuela desde hace ya veinte años y la plataforma de partidos y líderes opositores.

Luego de esas mediaciones nadie duda tampoco que la figura de Rodríguez Zapatero ha quedado severamente invalidada para seguir cumpliendo el mismo rol. Uno de los factores en disputa en el conflicto venezolano, en este caso, la oposición, viene señalando desde diversas vocerías que Zapatero se ha vinculado mucho al gobierno venezolano y por tanto no es confiable para un eventual proceso de negociación entre las partes. Aunque no tengamos pruebas fehacientes de ello, estos cuestionamientos socavan un principio fundamental en cualquier proceso de negociación que es justamente, la confiabilidad de las partes, en el mediador.

Por lo tanto, aunque haya resultado ser un “globo de ensayo” asociado más a la intención de seguir dividiendo y creando condiciones de debilitamiento de una de las partes, el rumor de una nueva tratativa de diálogo en Venezuela con el auspicio de Rodríguez Zapatero es absolutamente inviable e imposible de producir resultados diferentes a los que hemos tenido hasta ahora.

La situación actual del país ofrece un panorama de una oposición fragmentada y debilitada sin una o varias vocerías actuando en coordinación y con conectividad al descontento generalizado de la población. sin un interlocutor válido aceptado por el gobierno o la comunidad internacional. Algo particularmente grave en medio de las circunstancias actuales.

Pero del otro lado, tenemos a un oficialismo extremadamente débil, con una gobernabilidad fracturada y sin capacidad de respuestas frente a la crisis económica. Además, altamente impactado en su margen de maniobra financiera por las sanciones impuestas por los EEUU y la Unión Europea. Esto, agrava y complejiza más cualquier proceso de negociación que se pueda estar adelantando en Venezuela.

Ante semejante coyuntura, lo mejor para el país y para la imagen personal de Rodríguez Zapatero, es su desvinculación inmediata como facilitador de las negociaciones entre gobierno y oposición. Debería dar este paso dejando claros todos los esfuerzos que realizó para lograr los objetivos propuestos.

Un reemplazo para Zapatero

En lo personal, no es mi estilo caer en descalificaciones ni cuestionamientos morales particulares sin tener pruebas contundentes a la mano. Y creo que, desde las redes sociales, con la visceralidad humana como protagonista, se ha fortalecido esta tendencia de caer en los juegos estratégicos de diversos grupos de poder que buscan desprestigiar a toda costa a quien se les atraviese en un momento dado.

No puedo juzgar a Rodríguez Zapatero por las declaraciones o los señalamientos de algunos voceros políticos, pero lo que si le puedo recomendar sobre la base de los hechos y los resultados que hemos tenido de todos los intentos de negociación política dados en Venezuela es que se haga a un lado y permita abrir el compás de un nuevo proceso, distinto a los anteriores, y con nuevas modalidades y protagonistas en la mediación.

Venezuela necesita urgentemente nuevos mediadores que sean respetados y creíbles para ambas partes. El tiempo y las condiciones socioeconómicas de la población venezolana apremian. Sin sabiduría política podemos desembocar en una guerra, aunque algunos todavía no se lo crean.

 

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