Yo no iba a escribir sobre Adrián Solano

Eloi Yagüe Jarque | @eloiyague

Escritor, periodista y profesor universitario. Autor de novelas, libros de cuentos y guiones de cine. Ganador del premio de cuentos Juan Rulfo-Semana Negra de Gijón.

Gentilicio, una palabra hoy casi en desuso, ha sido actualizada por el caso de Adrián Solano, bautizado por alguna prensa como “el peor esquiador del mundo”. En pocas palabras, un joven de 22 años de la muy calurosa ciudad de Maracay, que en su vida había visto la nieve, de la noche a la mañana se encuentra en la muy nevada ciudad finlandesa de Lahti, compitiendo en un campeonato mundial de esquí y llegando en el último lugar entre 156 participantes.

Previamente había habido una escena en el aeropuerto francés donde llegó Solano procedente de Venezuela con 28 euros y sin poder demostrar de manera fehaciente que estaba en tránsito hacia Suecia, donde supuestamente iba a entrenar de la mano de su coach César Baena. Este incidente aeroportuario lo aprovechó propagandísticamente el gobierno con los previsibles argumentos de racismo y xenofobia endilgados a las autoridades francesas, tanto por el presidente Maduro como por la canciller Rodríguez.

El caso era mediático desde su nacimiento y produjo una gran efervescencia en las redes sociales donde Solano fue llamado de todo, desde enchufado y corrupto hasta paladín de la nacionalidad y el gentilicio. Hubo por supuesto, artículos de opinión, algunos brillantes, donde se habla de la sempiterna improvisación que caracteriza a algunos venezolanos, entre ellos, por cierto, al gobierno.

Solano se defendió como pudo de las acusaciones, demostró que su primer viaje fue con su dinero (los 28 euros se los dio su abuela, que los tenía guardados desde tiempos inmemoriales), que su segundo viaje a Finlandia fue por una colecta o crow founding que organizó un apostador finlandés; pidió disculpas a los venezolanos pero exigió también que se disculparan quienes lo denigraron. El trending topic va cayendo en el olvido y Solano en el anonimato maracayero, a menos que a alguna mente brillante, de las que tanto abundan en el poder, decida designarlo ministro de deportes.

O sea, que este es el momento oportuno para reflexionar. Llama la atención que uno de los argumentos más usados por quienes despotricaron contra Solano fue que supuestamente manchó el gentilicio venezolano exhibiendo el tricolor cuando, en medio de sonrisas, celebraba una derrota que para él era una victoria apabullante: que los medios le prestaran más atención a él que al ganador de la competencia.

El argumento más llamativo fue “Yo no le ha dado permiso a ese payaso para que vaya a hacer el ridículo en nombre de mi país”. Cierto es, así como que la improvisación es una característica nacional que no inventó el chavismo y que persistirá después de Maduro; se trata de una rémora cultural que nos dificultará salir adelante, así como la viveza criolla y la resistencia a cumplir leyes, normas y reglas, tendencia que es el caldo de cultivo de la corrupción.

Facilismo, amiguismo, populismo, todos esos temas ha actualizado el “caso Solano”. Y está bien que se debatan pero no solo por un fugaz intercambio de tweets ni en detrimento de lo más importante

Gentilicio, hacía años que no escuchaba esa palabra. Estaba de tal manera en desuso que ya no recuerdo su significado. Los que la utilizan generalmente no la definen y es curioso que venga a cuento ahora. Si a ver vamos, dentro del gentilicio caben Adrián Solano y Tareck El Aissami; caben Lorenzo Vigas y Diosdado Cabello; caben Dudamel (los dos) y Carlos El Chacal. Dentro del gentilicio caben los narcosobrinos y los héroes anónimos de Fe y Alegría. Todos somos venezolanos. Pero, a fin de cuentas, ¿qué es ser venezolano?

Si lo que estamos sufriendo hoy en día es consecuencia de una forma de ser venezolano, esa forma de ser debemos superarla porque es autodestructiva. Es como el 27 de febrero de 1989, que el maestro Cabrujas calificó como “el día más venezolano” y el chavismo exalta como “revolucionario”. Si así somos los venezolanos tal vez sería mejor hacer las maletas de una vez y que el último en salir cierre la puerta.

Llama la atención que muchas personas le den más importancia en las redes sociales al caso Solano que a las gravísimas acusaciones que se han formulado sobre funcionarios de alto nivel del tren Ejecutivo. Eso sí que debe preocuparnos, porque nos afecta a todos en nuestra vida cotidiana. Cada vez que vamos a comprar comida o a tratar de conseguir medicinas, o a solicitar ayuda policial sentimos que nos han estafado y que los delincuentes andan por ahí sueltos.

Los que están involucrados en la gran corrupción deben responder por sus acciones, no pueden pretender que arropándose con una bandera y exhibiendo su mejor sonrisa, todo quedará olvidado. “Se parten la nación a dentelladas”, como escribiera José Martí; eso sí que mancha el gentilicio. Quebrar el país, eso sí que es una vergüenza. Pero para ellos, no para Venezuela.