“Y hubo caos…”

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

 

Durante siglos, la mayoría de los hombres pensaba que Dios había creado todo en un principio. Y que luego, el mundo se había conservado de alguna forma igual o casi igual. Pero también creían que Dios había terminado tan agotadora misión. Sin embargo, no es así. La creación de Dios ha seguido su curso a través de la historia de todos los tiempos. Sólo que, en medio de lo que ha significado la evolución del hombre en término de sus libertades, esperanzas y manifestaciones de todo género, el mundo se ha visto revuelto. Se ha trastornado ante tantas razones que existen detrás del poder creador.

En consecuencia, la evolución de la vida se tergiversa al extremo de que al lado del poder creador, igualmente surge el poder destructor con la misma fuerza. Aunque su capacidad de exterminio, muchas veces resulta superada en la confrontación que se da entre ambas potencias. O sea la que construye y la que destruye.

Al lado de lo que representa el carácter magnánimo de Dios al momento de crear la vida y de construir el terreno necesaria para que la vida adquiriera ímpetu, sentido y dirección, la dinámica propia de la vida, canalizada a través de los valores negativos que el poder inculcó en el hombre a largo de su desarrollo humano, determinó que buena parte de lo creado por Dios se viera dificultado. Es así como aparecen los llamados pecados capitales como la causas que fracturan al bien toda vez que la naturaleza humana se ve sucumbida ante las tentaciones que dimanan del ejercicio del poder entendido en todas sus esferas.

Así que la lado de haber ordenado las cosas como Él sólo saber hacer con su poder excelso, creando vida en todos los planos posibles, el hombre supo aprovecharse de los recursos con los cuales contó para insuflarse forma y magnitud a la vida para organizarse alrededor de lo que las circunstancias le permitieran. Fue así entonces como, pretendiendo emular a Dios como Arquitecto del Universo, equivoca su estrategia y confunde los procesos de diseño. Por consiguiente, consigue tramar lo que las primeras enseñanzas del cristianismo inspiradas para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana, llama “vicios”.

Y desde un principio, el hombre comienza a enredarse en lo que presumió su “Edén”. La dinámica de la economía revela los problemas que su afán de posesión dada la avaricia, la envidia, la soberbia y la egolatría que desarrolló a lo largo de los tiempos.

Tristemente, es lo que dibuja la historia de Venezuela. Desde su creación como República, en su discurrir decimonónico, muchos de esos vicios opacaron y frustraron lo que muchos venezolanos de entonces procuraron. No sólo desde los libros y de las armas. También, desde las ideologías políticas que se esforzaron por hacerlas ver como guías de distintos proyectos republicanos y democráticos que intentaron promulgarse.

Sin embargo, los resultados actuales son mucho más patéticos que los que evidenciaron aquellos años del siglo XIX. Y hasta los que vieron buena parte del siglo XX. De hecho, el retroceso que el propio régimen socialista y revolucionario, o sea tiránico, se ha afanado por instituir con la colaboración de jefes militares indignos y pusilánimes, así como de altos funcionarios mediocres e inmorales, es inaudito. Insólito. Ya Venezuela no se parece a ningún país que haya pasado por momentos difíciles cuya concurrencia de problemas pudiera ser homologable con los que padece este país. De nada ha valido el establecimiento de tantos símbolos nacionales que buscan exaltar la historia patria, que ni siquiera se arrancó en pos de los objetivos que hablan de Venezuela en desarrollo. Menos aún, de Venezuela potencia.

Aunque es mas vergonzoso dar cuenta del desastre a que el gobierno central, condujo al país, cuyos indicadores lo colocan en los últimos escaños o en los primeros de calificaciones que revelan el estado nacional a instancia del grado de incidencia de la crisis en sus diversas manifestaciones. Pues ya se alcanzó la etapa de mayor agudización de la bancarrota ocasionada. Así que fue ipso facto cuando la alevosía de un gobierno pervertido ordenó, sin el menor derecho a la legítima y justa defensa, hágase el caos. “Y hubo caos…”

Foto: La Enciclopedia Galáctica.

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  • Antonio José Monagas

    Las realidades tienen distintas lecturas. Muchas veces, hasta contradictorias. Sin embargo, no es poco decir que la crisis politica y económica que vive el país, no es fortuita o causada por mera ineptitud gubernamental. El desastre causado fue creado demanera premeditada. Así se pensó, se proyectó y se decidió. Por eso, las realidades se hicieron caóticas, tal y como hoy se padecen…. Léalo en esta entrega exclusiva de EfectoCocuyo​