Violencia machista

Mayell es otra víctima de la violencia
Leoncio Barrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

Mayell, Ingrid  y Sophia, además de mujeres, tienen algo en común: murieron en septiembre  y no de muerte natural, las mató un hombre.  A Mayell, presuntamente, uno que decía amarla, ex marido y padre de su hija. A Ingrid y Sophia, un pariente,  jovencito, que también abusó sexualmente de ellas.  Ambos asesinos las atacaron mientras ellas dormían y se dieron a la fuga. Las edades de estas mujeres si son diversas: 25, 45 y 8.  Lo mismo da.

Otro algo en común: Mayell, Ingrid y Sophia hacían vida en Caracas pero crímenes similares se reportan con inusitada frecuencia en España, Chile, México, Perú, Brasil, Italia, Rusia, Colombia, en cualquier país del mundo.

El asesinato es la forma más cruenta de violencia contra la mujer –hay muchas formas de esa violencia que pueden ver en un enlace más abajo- pero estas noticias refieren a violencia doméstica, aunque encuentro más claro llamarla violencia machista.  En todo caso, es la violencia ejecutada por un hombre, conocido o desconocido, que aprovechándose de la condición de mujer, supuestamente débil, abusa, la ofende, la agrede de cualquier forma y puede hasta matarla.

Violencia cultural

Esta conducta de algunos hombres tiene fuertes raíces culturales.  Por los siglos de los siglos, los varones se han creído y los han hecho sentir, los reyes del universo. Ellos asumen tener poder sobre todos los demás, particularmente sobre las mujeres, uno de sus botines más codiciados.  Para muchos hombres, las mujeres son como un objeto o un animal, algo de su propiedad. Expresiones como “mi mujer” y hasta legalmente,  “la señora de…”, lo reflejan.

La soberbia masculina, reforzada por gran parte de la sociedad, no le permite asumirse como perdedor.  Hombre perdedor es un fracasado, un cobarde, un pelele, parece mujer, mariquito. El hombre triunfador asume que si ella no me quiere (o me desea) ha de quererme (o desearme) de veras.  Aunque sea a la fuerza. Ese pensamiento no es solo letra de canción ranchera del siglo pasado, está instalado en la cabeza y corazón de muchos varones.  En más de los que creemos.

El ex marido de Mayell, hombre de mundo, joven, no un ignorante, ni desquiciado, la había acosado, hostigado, golpeado, amenazado. Se creía con todo el poder sobre ella.   Mayell Hernández, joven, inteligente, enérgica, hermosa, hizo todo lo que estaba a su alcance para defenderse: lo denunció, logró ordenes de protección, prohibición de que él se acercara.  Mayell tenía la esperanza de salvarse.  No pudo. La ley ayuda pero no resuelve cuestiones de la cultura machista.  No así no más.

Y la violencia de pareja es entre dos como mínimo.  En contraparte al agresor está la mujer (o el hombre).  Muchas de ellas, a diferencia de Mayell, como posiblemente eran Ingrid, Sophia y son muchísimas otras, sin información para defenderse. Además, de haber sido criadas sumisas y se asumen como obedientes, dependientes.   Algunas han sido testigo de las varias violencias hacia la mujer en su familia.  Muchas ignoran que sufren del síndrome de la mujer maltratada. No saben, no pueden defenderse del marido o la pareja por más estudiadas que sean.

Ahora, las mujeres, en general, están más educadas que las de generaciones anteriores, conocen más sus derechos, tienen más fuerza social para defenderse de los machistas.  La educación ayuda pero no resuelve.  Hay más instituciones y leyes que las protegen y tampoco es suficiente.  Muchos policías, fiscales, jueces, familiares, amigos del acusado los protegen. Se hacen cómplices.  Ellos y ellas también sufren del síndrome machista.

Es necesario fortalecer la autoestima femenina y ofrecer un apoyo institucional más comprometido.  Además, un secretico a todo leco para ellas: si perciben algún rasgo de violencia machista en su pareja o candidato, aléjense  tan pronto como puedan.

Queda un arduo trabajo por hacer con los originarios de esta violencia, los  hombres.  La violencia machista es un problema cultural que exige acciones de la familia, la escuela, la comunidad, los medios de comunicación, las iglesias, las instituciones todas, las personas.

Tenemos que  educar a los varones y a las hembras en un plano más de igualdad no solo legal, sino social, de respeto al otro y a la otra y con énfasis en que nadie es de nadie, así se esté muy enamorado.

 

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