Violaciones morales - Efecto Cocuyo

Violaciones morales

La escuela como cárcel
Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

Las instituciones educativas se supone que son para educar. Educar no es solo impartir conocimientos académicos, es, entre otras cosas, transmitir valores, normas de comportamiento ciudadano.  La tolerancia, el respeto a las diferencias y la libertad tienen que ser uno de los principios básicos de toda educación.  Cuando la institución escolar ignora esos principios por la ideología de su directiva y docentes, no es un centro de enseñanza, es un nido de alacranes.

Recientemente, un colegio privado de Caracas, prestigioso en los años 60, donde acuden hijos e hijas de familias con ciertos recursos económicos, expulsó a una alumna por haber besado (ojo, no golpeado, ni ofendido) a otra. La escuela al revés.  Esa institución, a nombre de la moral victoriana en el siglo XXI, viola el derecho humano de expresar afecto.  Besar y ser besado, venga de quien venga y con quien sea, es un derecho humano.

En caso semejante, hace pocos años, otro colegio privado de Caracas, prestigioso desde los años 60, donde acuden hijos e hijas de familias con ciertos recursos económicos, salió a la defensa de uno de sus docentes acusado de haber abusado sexualmente y en forma reiterada de varios niños.  Es un colegio seglar pero actuó como cualquier iglesia.

El prestigio del colegio se afectó y eso preocupó más a las autoridades que la violación sexual y el trauma de los niños (dicho en masculino porque todos los violados eran varones).  Inclusive, padres y madres de otros niños, quién sabe si algunos de ellos también violados sexualmente en la sede del colegio, salieron en defensa del violador.  La escuela y la familia al revés.  Como epílogo del caso, el violador está cumpliendo condena de 30 años.

Violaciones morales de los colegios a sus estudiantes ocurren en cualquier lugar. Muchos de quienes han ocasionado decenas de muertos y heridos en instituciones educativas y sitios públicos en los Estados Unidos fueron víctimas de “bullying” sin que la escuela interviniera.  Al contrario, algunos colegios, con sus filosofías recalcitrantes, aúpan este tipo de delito escolar.

En Colombia, hace pocos años, un estudiante de 16 años se suicidó como consecuencia del acoso que recibía en un colegio donde acuden hijos e hijas de familias con ciertos recursos económicos y donde las autoridades se hacían la vista gorda ante lo que sucedía con el niño.  Es más, según declaraciones de la madre, el colegio lo aupaba porque la conducta del niño no era cónsona con las normas (¿la moral?) de la institución.  No proteger a un niño del acoso en la escuela es violencia en si misma.

Lo común de estos casos de violencia escolar es que ha sido motivada por conductas sexuales.  Lo sexual como pecaminoso. Lo sexual como vergonzoso. Lo sexual como oprobioso. Lo sexual para discriminar.  Lo sexual para castigar.  Suena a Foucault. Educador que no ha leído a este autor, debería.

Prohibir un beso, expulsar de un lugar a quien bese, defender a profesores que abusan sexualmente de alumnos, no defender a un niño o niña que por ser como es, puede ser objeto de burla y acoso por parte de compañeros e inclusive de autoridades de la escuela, pone a la institución escolar en contra de los principios humanos de afecto, respeto y no violencia. La escuela al revés.

La escuela y no la cárcel

Una vez, mi hijo, mientras lo conducía al prestigioso colegio donde estudiaba, me preguntó: a ti te gustaba ir al colegio? Me puso en aprietos porque mi respuesta sería un contundente “no”. Para evitar la contradicción entre lo que estaba haciendo y mi respuesta, fui moderado: No mucho, y a ti?  Él, más sincero y contundente que yo, dijo: No, es como una cárcel.

Esa respuesta, a mi, como educador, me golpeó. Siempre me he arrepentido de no haber metido el freno en aquel momento y que tomáramos otro rumbo.  Y eso que él no era víctima de acoso sexual pero era diferente al común.  Y es que las instituciones educativas, con honrosas excepciones, suelen ser castrantes,  violatorias del desarrollo y la expresión individual, con muchos grilletes morales.   Cómo duelen.

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