Un país de perversiones

Miguel Ángel Latouche | @miglatouche

Internacionalista. Director de la Escuela de Comunicación Social - UCV. Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en la Universidad Central de Venezuela. Consultor.

¿Hay razones para ser optimistas? La verdad es que no lo sé. La verdad es que a mí me cuesta serlo en estas circunstancias. Fui por mera curiosidad al acto de la MUD en la Plaza Brión de Chacaíto del día de ayer y me quede bastante preocupado. Por una parte, uno tiene que reconocer que la convocatoria fue bastante pobre. Había poca ciudadanía y muy poca militancia para un acto público convocado y por un número importante de dirigentes. La verdad es que yo tuve la sensación hueca de que había mucho jefe y pocos seguidores. Muchos generales y pocas tropas, con todo lo que eso significa.

Por otro lado, me llamo la atención la pobreza del discurso. Se trata de un discurso que no emociona, que no mueve, que no convoca. Uno siente cierta desolación cuando se encuentra con ese cuadro. Es interesante que la dirigencia no se dé cuenta de la terrible circunstancia que vivimos. Un pueblo desmovilizado que parece estar cansado de participar en actos políticos que se convierten en ocasiones para aparecer en los medios, en un pobre intento por dirigirse al país.

Creo que esta situación es una muestra clara de la desconexión que existe entre los jefes de los partidos y la gente. Vale decir, por lo demás, que es terrible que los partidos tengan jefes. Uno podría hacer el ejercicio de atribuirle propiedad a los diferentes partidos que constituyen en espectro político venezolano. Esto constituye una perversión en la medida en que implica un secuestro de los espacios de funcionamiento de la ciudadanía.

Uno tendría que preguntarse cuanto tiempo tienen Borges, Ramos Allup o Diosdado Cabello al frente de sus respectivas organizaciones ¿Cuál es la posibilidad real de que alguien más ocupe esos espacios? Cuesta mucho pensar, con las excepciones correspondientes, que en Venezuela exista la posibilidad real de un relevo generacional masivo.

En un libro genial, ¿Por qué fracasan las naciones?, los economistas Daron Acemoglu y James Robinson señalan que las instituciones tienen un peso específico en la construcción de la confianza y en la posibilidad de que la gente se apropie del fruto de su esfuerzo.

Se refieren a instituciones sanas con capacidad para relevar la estructura de Gobierno de las diversas organizaciones que funcionan bajo el marco normativo que definen. Entonces allí donde se han impuesto estructuras cupulares que no se mueven, que no tienen capacidad para renovarse fácilmente, se produce una perversión que afecta la gobernabilidad toda del Sistema Político y lo hace inestable, que genera sistemas de incentivo negativos que afectan la eficiencia y que reducen la innovación.

Todo ello, nos dicen los autores, afecta el correcto funcionamiento de lo político, reduce los espacios de la ciudadanía, genera desconfianza, desgano, desilusión. Rescatar al país, desde lo político, pasa, en mi opinión, por revisar los mecanismos de organización de los partidos políticos, modernizarlos, dejar a un lado la organización de tipo leninista, hacerlos más flexibles.

Pasa, además, por pedirles a los políticos que se bajen del pedestal que les hace creer que son imprescindibles, que en ello reposa la suerte de la República. Necesitamos que los políticos escuchen más y mejor a la gente. A toda la gente sin importar de donde venga, cuales sean sus creencias, cual es su militancia.

Uno siente que el país se va al diablo, que hay una ruptura institucional demasiado importante, que se ha rasgado nuestro tejido moral, que cada vez son menos nuestros muros de contención. La responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos adultos de este país es, como mínimo levantar una voz crítica y pedir que cambien algunas cosas. No basta con ser optimistas, a fin de cuentas las cosas van a cambiar, eso es obvio; el problema es el costo que debemos pagar los ciudadanos en los términos de nuestra existencia.

Es necesario establecer mecanismos que permitan la reconciliación entre nosotros, que nos permitan generar confianza, que permitan que se renueven las personas que ejercen cargos públicos, que exista alternabilidad en el ejercicio del poder tanto como en la administración de los espacios públicos, sean estos los que fueren. No hay nada que empobrezca mas a la democracia que una dirigencia que permanezca más de la cuenta.

Uno de nuestros peores males que sufrimos fue el regreso de los expresidentes Pérez y Caldera a Miraflores, otro fue la permanencia de Chávez en el poder durante tantos años. La gente tiene que comprender que llega un momento en la vida en el cual uno debe abrirle paso a las generaciones futuras. Pero claro, este es un país de perversiones.

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