Un pacto social - Efecto Cocuyo

Un pacto social

Un pacto social de solidaridad
Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

No, este no es un artículo sobre los manidos pactos sociales gubernamentales, esos que cualquier candidato a la Presidencia enarbola como bandera –cual juramento- por aquello de que los pobres deben ser prioridad durante las campañas.  Luego,  al llegar a la Presidencia, quienquiera que sea, firma el pacto, se divulga y se va olvidando, poco a poco.

El pacto social al que voy a referirme es uno más intimo, personal, informal, tansitorio.  Uno que tiene que surgir entre quienes quedamos en Venezuela y su círculo de amistades, basado en el apoyo y la solidaridad.

La emigración familiar y de amigos hace que la soledad empiece a ser ingrata compañía de quienes decidimos permanecer en el país.  Sobre todo de los que tienen más edad, no tienen pareja y son de la llamada clase media.

El pacto es entre gente que está sola no solo porque se le ha reducido el apoyo social y afectivo presencial sino porque son pocas las oportunidades, los espacios que en Caracas, en particular, existen para el encuentro con el otro en tono de esparcimiento.

A lo hosco de Caracas, se agrega algo sociocultural, actitudinal de la gente de clase media donde la pauta en las relaciones sociales suele ser el distanciamiento, el alejamiento (¿el temor?) del otro.  La privacidad por encima de todo.

La experiencia del Baile al Aire Libre –BAL- una actividad en la que participo semanalmente en un espacio público de una urbanización caraqueña me ha hecho percatar de que no sólo cada vez hay más gente sola sino que se siente más sola. 

Enfatizo que esta soledad se nota en una ciudad capital y en sectores de clase media porque, presumo por lo que oigo y sé,  que en las ciudades de la provincia venezolana la gente se mueve a un ritmo menos atropellado y comparte más entre ella, como en los pueblos.

También es distinto en los sectores populares caraqueños donde el encuentro con el otro es inevitable por lo reducido y poco ventilado de las  viviendas que obliga a mantener ventanas y puertas abiertas y las rejas no impiden la vista del pasante.  A esto se agregan pautas socioculturales de cercanía.  En los barrios, desde muy temprana edad, gran parte de la vida transcurre en el espacio público compartiendo con el otro.

Entonces, en las actuales circunstancias, la gente de la clase media caraqueña tenemos que establecer un pacto social con los familiares y amigos que quedan en la ciudad, con los vecinos tantas veces ignorados, hasta detestados, con sus excepciones, of course.

Hay que generar un pacto de acompañamiento, de apertura, de mayor confianza, de un compartir distinto a las odiadas asambleas de condominio y fastidiosos grupos de WA.

La solidaridad, un valor fundamental en los sectores populares por razones de sobrevivencia, tiene que ser practicada por esas mismas razones, por los sectores medios de la sociedad.   Asimismo, tenemos que reivindicar el valor del vecino en estos momentos del país.  Ojalá perduraran ambos cambio de actitud.

En una publicación sobre las personas mayores que viven solas en un conjunto residencial en Japón se dice que la señal de amanecer bien es correr la cortina de una ventana visible a los vecinos.  Si a determinada hora esa cortina no se ha corrido, se prenden las alarmas vecinales.

Un manual de sobrevivencia

Quienes se han quedado solos, independientemente de la edad, deberían pensar en una señal de saludo o de alarma a los vecinos.  Una llamada o un mensaje por cualquier vía podría ser más de esta época y cercana a nuestra arquitectura social.  También hay que  indicar a más de un vecino qué hacer en caso de una emergencia personal.

Al escribir esto me dio la impresión de más que un pacto social, estar redactando un manual de sobrevivencia y sí, eso pudiera ser.  Las circunstancias de país lo exigen.

Por mi parte seguiré impulsando el BAL, muchos BAL en Caracas, como parte del pacto social necesario en los sectores de clase media.  Hemos conseguido el apoyo de la alcaldía de Chacao y de eso se trata: un pacto de las alcaldías con sus vecinos para abrir intersticios sociales.

En el BAL no solo se baila sino que, como todo baile, es una oportunidad para el encuentro, hablar, compartir, tocar u dejarse tocar,  tejer redes que siguen en las redes hasta que el próximo encuentro semanal sea real.  Pero podría ser interdiario, dos veces por semanas, cuando sea, como el sexo: según apetezca y se pueda.

Foto: Yordi Arteaga

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