Un enfermizo poder universitario

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

Frente al innegable asedio que hostiga a la Universidad autónoma por parte del autoritarismo que domina al país, disfrazado de democracia protagónica y participativa, se tienen otros problemas que, desde adentro, igualmente fustigan el sentimiento universitario y confiscan sus libertades académicas. Las señales de deterioro derivadas de estas realidades, son distintas. Muchas veces, son difíciles de comprender de cara a la institucionalidad universitaria toda vez que resulta vapuleada por discursos y declaraciones que en nada se compadecen de las dificultades que acarrea el afán de poder de quienes equivocadamente se arrogan posturas de autoridad académica y gremial en cualquiera de sus diferentes estrados o representaciones.

Pretender enroscarse en el poder, constituye uno de esos males que tanto daño hacen al sentido y vida democrática de las instituciones. Y ello, igualmente lo padece la Universidad, lo cual ha devenido en serios problemas que terminan por complicar la situación, pesadumbre ésta que acongoja la política nacional cuando sus dirigentes buscan por todos los medios erigirse en posiciones de poder que les permita continuar usufructuando oportunidades en beneficio de minúsculos grupos.

Esta patología política no deja de contribuir al desarreglo de la institucionalidad universitaria tan golpeada en los últimos años. Muchas veces viene acompañada por acuerdos encubiertos que responden a intereses politiqueros sin que los mismos tengan correspondencia alguna con objetivos ni siquiera planteados en momentos electorales. Las circunstancias se vuelven cómplices de anhelos que arrastran actitudes y, a su vez, determinaciones. Todas en detrimento de una sana y virtuosa funcionalidad universitaria pues sólo interpretan una mínima parcialidad de la realidad que engloba el discurrir académico.

Todo pareciera que quienes así piensan y viven, son víctimas de una concepción errada de Universidad. De una institución a la que todavía siguen creyendo infalible. O peor aún, intangible dado el carácter de su simbología apegada al mundo del conocimiento y de los saberes. Indiscutiblemente, es la vía que personas así abonan incurriendo en espejismos que han llevado a deformar el concepto de Universidad que demandan las nuevas realidades. Realidades estas discordantes con las que, precariamente, han modelado los escenarios sobre los cuales se depararon teorías económicas, políticas y sociales. Todas ellas, estructuradas a partir de un mundo cartesiano o binario. Cuando actualmente la complejidad engloba todo lo que compromete al hombre y sus instituciones. Pero que no es considerada por los programas sobre los cuales se forman los profesionales universitarios egresado de universidades que se jactan de ser “autónomas”.

Es absurdo seguir resignándose a vivir entre contradicciones que se animan en la fuente de un poder institucional viciado por la obstinación de personas cuyas ideas no trascienden las circunstancias por cuanto su visión de las realidades es cerrada. Es lo que ha coadyuvado a cercenarle a la Universidad más empellones que los que le propina el régimen a propósito de embargar su autonomía mediante imposiciones poco académicas. Pero sí, fuertemente, populistas y demagógicas. Todo por culpa de “un enfermizo poder universitario”.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.

 

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