Un balance para reorientar la lucha por la democracia

Mirla Perez | @mirlamargarita

Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Trabajo Social. Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora en antropología cultural del pueblo venezolano y sobre el fenómeno de la violencia en Venezuela.

Tenemos un contexto socio-político conmocionado y, para una buena comprensión, considero que es importante que nos ubiquemos con respecto a los tiempos, a los sujetos involucrados y a los eventos a los que nos referimos. Esta ubicación nos permitirá precisar la naturaleza de cada tópico y librarnos de esa común explicación según la cual colocamos el conjunto de acontecimientos como pertenecientes a una misma línea histórica, sin hacer las diferenciaciones necesarias.

El momento histórico que tomaré, me permite precisar algunos de los lapsos significativos del desarrollo de la oposición venezolana. Me encuentro, así, con el primer sujeto: el liderazgo político y este me lleva de inmediato al segundo sujeto político: el pueblo.

Tras el ropaje democrático

Tomaré algunos hitos temporales y organizativos de la participación política de la oposición de los últimos 15 años. Iniciaremos con el año 2002, en ese momento teníamos la coalición opositora denominada “Coordinadora Democrática”. Ese fue un año con varios eventos políticos significativos, señalaré sólo el paro petrolero. No podemos hablar de huelga general. Chávez, según distintas encuestas, tenía una popularidad de 30% en promedio, con un crecimiento de 10% después del golpe militar de abril.

Fue la primera vez que se dio una protesta y confrontación directa contra el presidente. Efecto: quedó en evidencia el talante dictatorial del régimen y de quien lo presidía. De haber estado en democracia se hubiese reconducido el camino. La dictadura se mostró en la figura de un presidente Chávez abusivo y autoritario al despedir a los gerentes de PDVSA, con un pito en la mano se burlaba y gritaba: “pa’ fuera…” parafraseando: el poder y el dominio está en mis manos.

No fue diferente el trato frente a las manifestaciones multitudinarias que habían tenido lugar en el país, no hubo una respuesta democrática, sino la búsqueda absoluta del sometimiento, el dictador que gira instrucciones: “me le echan gas del bueno”, gas que puede matar, que asfixia, que domina. Someter y no dialogar son expresiones de un régimen que eligió la dictadura.

Ese era el elemento que había que destacar para hacer política desde ahí, esto es, centrarse en el carácter dictatorial que reforzaba sus signos. La política opositora: obligarlo a mostrar su naturaleza. El régimen se centró en una política de depuración (al peor estilo nazi) que fue mostrando la terrible cara de una dictadura cruenta que todavía jugaba de modo utilitario con el ropaje democrático.

No se hizo lo que se debió hacer

Quiero destacar que la política que se debió hacer no se hizo, tenerlo claro es importante para, por lo menos, diferenciar los momentos y no decir que si hoy se llama a huelga general “incurriríamos en el mismo error” de entonces. Hoy no hay ropaje democrático, tenemos una dictadura pura y dura, sin matices, totalitaria.

El año 2004 el régimen, descubierto en su carácter totalitario, da un vuelco en su proceder político y se reimpulsa a partir del populismo como mecanismo ocultador de la cara dictatorial y represiva. Este año se lanzan las misiones, con ese nombre desmantela las políticas sociales en su carácter orgánico respecto al “Estado de Bienestar” (planeado así en la Constitución de 1999) y crea programas sociales (misiones) cuya ejecución se la reserva para sí el gobierno en su definición ideológica. Estas misiones resignifican las políticas sociales y el estado de bienestar, propiamente democrático, a partir de este momento el foco estará centrado en el control social. Mostrar esto era importante para una dirección política que se ocupará de desenmascarar la naturaleza del régimen.

Lo que marca este año no es el referéndum, sino el avance en el control social. Aquí se presenta una dificultad muy importante para la oposición: ¡hacer política fuera del populismo! El régimen se lava la cara totalitaria (no cambia el rumbo) a partir de algo tan pernicioso como la demagogia populista.

Mientras muestra un discurso popular, lo que realmente ocurre en el fondo es un gran rechazo a estos sectores, porque desde la lógica teórica del régimen, los sectores populares son conceptuados como “lumpen proletario”, escoria humana, desecho del capitalismo, ante estas definiciones la demagogia le sirve muy bien como estrategia política.

No se asumen las consecuencias

En el año 2005 se producen las elecciones parlamentarias. La oposición decide no participar. Esta fue la línea política asumida pero no se asumen sus consecuencias. La convocatoria a no participar es un éxito y la abstención fue de 75%. Lo que correspondía ante esa convocatoria era producir un camino político en correspondencia con esa decisión. El porcentaje tan alto de abstención delineaba claramente un camino, no participar no fue un error, ni un evento casual, fue provocado, fue una decisión de la coalición democrática opositora. ¿Por qué no se hizo política a partir de esa línea? Nuevamente el impulso de cambio que prefiguraba un camino se contrajo en un largo y prolongado mea culpa, auto-flagelación y no se asumieron las consecuencias e implicaciones políticas que obligaban a avanzar en una dirección de acorralamiento del régimen.

Pasados dos años llega otro evento electoral: el referéndum para la reforma constitucional. Esta vez Chávez pierde la propuesta, lo interesante no es el evento electoral en sí mismo, sino el movimiento de contención que se levanta en torno a este. El año 2007 es el momento de los movimientos sociales y estudiantes que se activan en la política, interpretan que una propuesta como esta aniquila principios fundamentales de la democracia liberal y asumen un compromiso tal que logran parar el fraude que se estaba haciendo contra la Constitución del 99.

Hasta el año 2007, los movimientos políticos estuvieron centrados en los partidos o en la coalición de los mismos. Siete años después explota el hervidero popular, ciudadano, civil, que estaba organizándose en la sombra de una dictadura que se hacía cada vez más fuerte. El descontento popular del 2014 buscó frenar un sistema dictatorial y totalitario. Del régimen dirigido por Chávez se pasa al régimen dirigido por Maduro sin haber seguido ni respetado ninguna regla democrática.

A lo largo de todos estos años el deterioro en el nivel de vida del venezolano ha sido constante. La sociedad civil va tomando mayor participación fuera de la ideología del régimen. Esto nos lleva al año 2015, momento en el que la oposición obtiene uno de los triunfos más grande de estos últimos 15 años. Logra una votación de más de 7 millones, y gana 112 curules de los 167 que conforman la Asamblea Nacional.

La coalición democrática opositora se ha convertido en una gran fuerza. De una sociedad polarizada ha pasado a una sociedad controlada por una minoría que ha intervenido las instituciones, sin posibilidad de esclavizar al pueblo. Como vemos, hemos avanzado como pueblo que ama la libertad y practica la democracia. El balance nos lleva a decir que las decisiones políticas de la oposición han sido adecuadas, el desacierto se produce cuando hay que enfrentar las consecuencias, ejemplo parlamentarias 2005. La actual circunstancia obliga a pensar en una política desde el hoy y desde la inmensa mayoría, proyectar el futuro resignificando el pasado.

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