Tramposos, cínicos o manipuladores

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

Quienes buscan facilitarse el tránsito al cual obligan las complicaciones de la vida, ajustan su comportamiento al cinismo, que no es distinto del sarcasmo, la ironía o la burla. O que también se entiende como aquellas actitudes que refieren la impudencia, la obscenidad descarada y la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones indignas. He ahí el cínico que busca tergiversar la visión de las realidades a fin de imponerlas de acuerdo a la intención de su fechoría.

Por eso la política subalterna se regodea de las cualidades de la mentira. Pero también, del cinismo a fin de manipular situaciones para las cuales se tiene un interés determinado. Es entonces cuando el gobernante cínico, aunque busca apoyarse en la fuerza que le prodiga la violencia y la inmoralidad, recursos estos con los cuales sabe defenderse y manejar, busca falsear las realidades con el propósito de convencer y así ganar el espacio no sólo inmerecido, sino también impropio.

No obstante, sus resultados muchas veces terminan arrojando las ventajas que ponen adelante a quien se adosa al cinismo como recurso para hacer política. Sólo que los resultados que logra alcanzar suelen ser tan efímeros, tan fugaces, que casi siempre se caen por su propio peso, quedando al descubierto la perversidad implícita en la tramoya.

El cinismo no resulta ser un buen recurso para elevarse ante las circunstancias pues, antes del tiempo necesario, el cínico sale mal parado de la carrera. Precisamente, por la trampa o la zancadilla que pretende utilizar como instrumento de “escalada”. El ventajismo que el cínico se plantea, se le revierte al extremo de que al final de la escaramuza sale con las “tablas en la cabeza”.

Y en política, este tipo de argucia no dura mucho tiempo sin ser advertido por lo que termina siendo no sólo derrotado, sino que además sale más frustrado del intento. Es así como el cinismo se constituyó en bandera que sólo garantiza el retroceso de cualquier acción que pretenda asirse a razones de lógica, ética y moralidad.

Oscar Wilde, escritor norteamericano, expresaba que cínico “es un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada”. Particularmente, por el hecho de presumir, equivocadamente, que la vida se aprovecha mejor de servirse el mayor tiempo posible de quien se convierta en víctima de aquellos a quienes el abuso se torne en cómplice de sus alevosías. O sea, de quienes apuestan a fungir como estafadores, cínicos o manipuladores.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

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