Temas espinosos

Leoncio Barrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

El reciente debate en el senado argentino sobre la Ley de Interrupción del Embarazo puso un tema álgido en la agenda pública no solo de aquel país, sino en el plano internacional y, particularmente, en América Latina donde hay tanta tela que cortar sobre el asunto.

Ante la arremetida en la calle de quienes apoyaban el proyecto, reaccionaron los sectores conservadores con el argumento de ser pro-vida, pero dejan en riesgo a centenares de mujeres de morir por interrupciones mal practicadas.

Igualmente, esta semana generó expectativa la resolución de la Sala Constitucional de Costa Rica sobre la modificación de algunos artículos del Código de Familia que permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo en ese país.

Los grupos organizados GLBT costarricenses se movilizaron y se activó la alerta roja a los grupos religiosos en Centro América. Ambas mociones fueron negadas por los órganos institucionales de sus países.

Así, Latinoamérica sigue siendo junto a África y Asia las regiones más atrasadas en cuanto a derechos sexuales y reproductivos de sus pobladores yendo en contracorriente a lo que en ese aspecto ocurre en la mayoría de los países de Norteamérica y Europa. Esos, donde muchísimos latinoamericanos quisieran emigrar, entre otras razones, por el clima de libertad que allá encontrarán.

Y es que la piedra de tranca para avances en estos aspectos de los derechos humanos no está en la gente de a pie, sino en el poder de las iglesias y de los sectores sociales más apegados a ellas.

A la hora de la verdad, las decisiones que tienen que ver con aspectos sexuales humanos se hacen en concilio a puerta cerrada donde los obispos y pastores alzan su voz indicándoles a los legisladores cómo deben alzar sus manos.

El sexo es tema tabú para las religiones y la vida comienza con sexo, por ende, las decisiones que tienen que ver con la vida – como es el caso de la interrupción voluntaria de un embarazo o el que una pareja se una en matrimonio no necesariamente para procrear – son vistas como una amenaza a los designios del Señor, cualquiera sea el nombre que ese Señor lleve.

Así, discusión o decisión jurídica (y judicial también) que tenga que ver con sexo, se asume con pinzas morales impregnadas de creencias religiosas y con ello se hace espinosa, delicada.

La moral, las religiones se basan en dogmas, en “verdades” incuestionables y por tanto, no hay contra argumento que valga. Los debates en esos términos están preñados de fanatismo y así, las razones poco pesan.

Lo que permitirá avanzar será el empuje en las calles y el envalentonamiento de legisladores y legisladoras que resistan y se enfrenten a las presiones de grupos religiosos y económicos (que muchas veces son lo mismo).

Digo avanzar porque el reconocerle derechos a la gente, cualquiera que estos sean, es avance social. Es avanzar hacia una sociedad más justa y libre donde las personas puedan decidir lo que les parezca con sus cuerpos y relaciones sin que otros se lo impidan, decidiendo por ellas.

El pensamiento de unos no tiene porqué regir las acciones de los demás. Eso es autoritarismo.

Hace años, en Nueva York, vi un grafitti que me impactó por la capacidad de síntesis y simple verdad que recogía: “Si no estás de acuerdo con el matrimonio gay no te cases con un gay” (léase: vive y deja vivir). En una sociedad realmente libre se podría asumir que si a uno no le gusta o no comulga con algo, no lo practica y listo, pero no tiene porqué impedir que otros lo hagan o comulguen con ello.

Ese principio libérrimo también aplica para la interrupción voluntaria de un embarazo. Si no estás de acuerdo, no lo ejecutes, pero deja que quién decida hacerlo lo pueda hacer en forma legal y segura para su salud.

El mundo es ancho, ajeno y diverso. Allí deberíamos caber todos en igualdad de derechos.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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