Somos amantes. Somos enemigos

Eritza Liendo

Escritora y periodista venezolana. Licenciada en Comunicación Social y Letras de la Universidad Central de Venezuela. Jefe de la Cátedra de Literatura en la Escuela de Comunicación Social de la UCV. Con su primer libro, Shadow y otros cuentos sombríos, obtuvo en 2013 el Premio para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores.

Rosa Montero (Madrid, 1951) cumplió años hace poco, el 3 de enero. Desde Caracas, le canté y celebré su vida porque es una de mis escritoras favoritas. Me siento afortunada porque, hace unos meses, le escribí un email ¡y ella me respondió! No sólo me parece una mujer talentosísima sino que la considero una maestra en el arte de describir… ¡Qué maravillosa capacidad tiene Montero para mostrar imágenes! De personajes, de lugares, de objetos, de estados de ánimo y, sobre todo, de ambientes morales.

Su libro Amantes y enemigos es una de mis lecturas predilectas. No sólo por lo que en sí mismos encierran los 19 relatos que integran el volumen, sino porque encuentro en ellos una extraordinaria plusvalía de sentido (en el sentido en que la refiere Umberto Eco en Lector in fabula). Leer estos relatos es, de alguna manera, leer la vida. Leerla inclusive fuera de cualquier pacto de ficción: no se trata sólo de que los cuentos sean verosímiles, sino de que remitan al lector a otras esferas de reflexión más allá del goce estético.

Los 19 relatos que integran el volumen tratan historias de parejas, de amor y desamor, de encuentros y desencuentros, de fantasmas, de obsesiones. Dicho en palabras de la misma Montero: “Me interesa todo lo que se cuestiona desde la pareja: la propia identidad, donde empieza uno y termina el otro, cómo los propios deseos pueden ser una condena, el problema de la turbiedad del ser, la destrucción del ser…”.

Rómpeme, mátame, ¡pero no me ignores!

Del mismo modo en que Julián Hidalgo (el hombre) y Villabrava (la ciudad) son protagonista y antagonista en la novela Todo un pueblo (M. E. Pardo, 1899), asimismo una relación de pareja puede ser, analógica o paradójicamente, la misma relación (muchas veces de amor/odio) entre los ciudadanos y sus gobernantes. Un romance fatal cuya banda sonora diga Te odio y te quiero porque a ti te debo mis horas amargas, mis horas de miel…

Pienso en ello cuando Rosa Montero afirma que los deseos pueden ser una condena o la destrucción misma del ser. Pienso en aquello de ten cuidado con lo que deseas ¡porque se te puede cumplir! Y pienso en aquello otro de no es lo mismo llamar al demonio que verle llegar. Eso de ir por la vida pidiendo “mano dura” para la resolución de los problemas de un país termina siendo cuchillo para la propia garganta.

En la misma entrevista, publicada en El País el 31 de marzo de 1998, Montero añadió: “También es en la pareja donde asoma la cabeza esa parte más inconfesable del yo […] ya que es en la pareja donde afloran nuestros traumas y complejos, donde nos manifestamos más ridículos; en definitiva, donde se nos ve el plumero”.

¡Ocurre lo mismo con los gobernantes que elegimos! Nos empeñamos en creer en sus promesas. Nos dejamos deslumbrar por sus retóricas envolventes. Presentimos el engaño ¡y aun así sucumbimos! Nos entregamos a la seducción del sátiro y el sátiro se nos convierte en sátrapa. Nos pega y nos grita mientras alimentamos la esperanza de que, con el tiempo, cambiará.

Mentiras verdaderas

Hay quienes se toman muy al pie de la letra lo que dice el refranero: quien bien te quiere te hará llorar. Hay quien termina creyendo, a pie juntillas, que el amor y la disciplina deben ser dolorosos. Ya sea que se trate de una relación de pareja o de la relación que el pueblo establece con sus autoridades gobernativas.

No se le enseña a una gente a valorar la comida privándola de alimentos. No se le enseña a nadie el valor de la salud negándole los medicamentos. No se educa a nadie en las bondades de la austeridad exhibiendo lujos y derroche. A nadie se le convence de lo malo que es ser rico ostentando la opulencia. El valor de la honestidad no se fija desde la delincuencia.

La prédica del amor funciona mejor como práctica. Ya sea que se trate de ese amor de parejas, en el que se detiene Rosa Montero. Ya sea que se trate del amor entre un hombre y su pueblo, en el que se detiene Miguel Eduardo Pardo. En materia de política, el amor tiene que ser más que un eslogan. Tiene que ir más allá de un sticker con forma de corazoncito y más allá de unos ojitos que, más que cuidar, vigilan con advertencia.

Me gusta leer a Rosa Montero, en definitiva, porque sus historias (ya sean cuentos o novelas) están llenas de significación. Una de las primeras cosas que leí de ella es un relato maravilloso titulado El amor se adapta a lo que hay. Si lo consiguen, ¡léanlo! Es una historia estupenda de amor entre feos. No una historia de amor feo como la que viven muchos venezolanos con sus gobernantes.

El amor tiene que ser bonito para que nos llene de alegría. Tiene que ser bonito pa’ que nos dé su corazón… Un amor que nos dé besos y no mortificación… Es muy triste ir por la vida cantando Miénteme más, que me hace tu maldad feliz… aun cuando Montero diga, como frase que resume su propuesta en Amantes y enemigos, que “El amor es una mentira, pero funciona”.

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