Socialismo sin causa…

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

La historia política, social y económica de los pueblos del mundo, está atiborradas de cuanta revolución ha sido posible. Revoluciones en nombre de razones o causas que ni siquiera las justifican. O, al menos, las explican. Más aún, muchas han obedecido simplemente a determinaciones furtivas que ni siquiera asoman alguna motivación que fundamenten sus procesos. Peor aún, muchas han sido el parapeto o la entelequia que más inmediatamente se ha manejado con el urdido propósito de manipular condiciones y aspiraciones personales. De esa manera, han podido aprovecharse de realidades en beneficio de algunos pocos.

Venezuela, no escapó de tan enrarecidas consideraciones. Y según las vigentes realidades, tan trogloditas necedades tienen su réplica en medio de las situaciones de crisis que agobian y padece este país.

Muchas revoluciones se han decretado en Venezuela sin que ninguna haya cumplido el cometido que llevó a que sus dirigentes las emprendieran debidamente. Revoluciones que a pesar de refinadas denominaciones, distorsionaron sus propósitos convirtiéndose más en fuente de nuevos o vetustos problemas, que de soluciones o enmiendas que pudieran corregir realidades impugnadas o saturadas de problemas.

El siglo decimonónico estuvo cargado de revoluciones que se pasearon por motivos habidos y por haber. La revolución azul, de Abril, de Marzo, de Coro, la revolución de Queipa, de las Reformas, la revolución Liberal Restauradora, la Liberal Conservadora, la Legalista, la Reivindicadora y la revolución Popular, particularmente.

El siglo XX, igualmente se revistió de otras insurrecciones que tomaron el remoquete de “revolución” para argumentar los gastos que sus arremetidas causaban. La revolución Libertadora, emprendida contra el gobierno de Cipriano Castro, estrenó el nuevo siglo. No obstante, otros movimientos emularon la beligerancia que esta protagonizó. Pero no fue sino hasta la Revolución del 18 de Octubre de 1945, cuando la onda revolucionaria comenzó a enfriarse. Esta sería la última revuelta armada que se dio en el país.

Las mal llamadas revoluciones, no dejaron de ser excusas de revueltas que sin mayor organización, perseguían el poder a partir de acciones belicosas. Pero siempre allanando realidades de las cuales pudieran extraer el mayor provecho político-económico.

Quizás, las revoluciones que con acierto y sentido de trascendencia son propias de exaltarse como tales, fueron la revolución del 19 de Abril de 1810, la revolución Independentista y la revolución Federal. Sus propósitos se tradujeron en acciones no tanto de fuerza, como de resultados que definitivamente cambiaron el curso de los acontecimientos. Y por tanto, de la historia venezolana.

Otras igualmente fueron las revoluciones dirigidas bajo pretensiones de cambios en el modelo de desarrollo económico y social que se seguía. Si bien es posible aludir a interesantes intenciones llevadas desde gobiernos que supieron exhortar cambios sociales fundamentales, la revolución educativa propiciada mediante la ejecución del V Plan de la Nación, entre 1976 y 1980. El mismo, bajo la égida del gobierno nacional presidido por Carlos Andrés Pérez.

Sin embargo, el mismo discurso no cabe al momento de destacar la situación bajo la cual pretendió imponerse un cambio en el sistema político y económico venezolano con el cuento imposible de precisar cual fue y al parecer sigue siendo: el socialismo del siglo XXI, enfundada bajo el cobijo de la “revolución bolivariana o revolución bonita”.

De socialismo, se ha escrito y hablado mucho. Después que Karl Marx lo enunciara a consecuencia de la crítica que hizo al capitalismo, las realidades políticas y económicas han revelado la gran distancia que se ha erigido entre el discurso que lo promueve, y las realidades que han pretendido accionar sus criterios.

La historia ha hablado en función de lo que los hechos han evidenciado toda vez que las intenciones socialistas se han apropiado de distintos espacios.

Comenzando por el propio Lenin, quien al objetar algunos apartes de lo expuesto por Marx, concluye con una opinión según la cual el socialismo era inconcebible si acaso se desestimaba aspectos concordantes con formas de organización del capitalismo.

A pesar de haberse inspirado el socialismo, como doctrina económico-política, en intenciones apuntaladas en objetivos alrededor de un supuesto bienestar general: la fraternidad, la solidaridad, la paz y el desarrollo, sus resultados han demostrado lo contrario: la población depauperada, la economía destrozada y las libertades y derechos conculcados. O sea, un craso fracaso. Si no, véase a Venezuela en términos de sus realidades políticas, económicas y sociales.

El socialismo, indistintamente como se le endilgue, no ha dejado de ser una seria amenaza para la calidad de vida solicitada. Tanto ha sido el denigrante reparto de la miseria toda vez que se basa en una falsa igualdad, que Friedrich Hayek, economista austriaco, expresaba que “el totalitarismo es la nueva palabra que se ha adaptado para describir las inesperadas manifestaciones de lo que en teoría se ha llamado socialismo”. Justamente, en medio de tal grado de contradicciones y desafueros ocurrido bajo su engañoso amparo, sólo queda por decir que lo que hasta ahora se ha tenido, ha sido un socialismo sin causa…

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Comentarios

No Comments Yet

Comments are closed

¡Suscríbete!