Sobre la acción política

Miguel Ángel Latouche | @miglatouche

Internacionalista. Director de la Escuela de Comunicación Social - UCV. Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en la Universidad Central de Venezuela. Consultor.

Toda acción política requiere que se cumplan, al menos, dos condiciones para su materialización: que la misma genere un efecto político y que tenga viabilidad. De manera que una acción que no puede implementarse o que una vez implementada no genera efecto alguno, o que genera un efecto inconveniente se convierte en un sinsentido. Un asunto similar sucede con la verdad: no basta con declarar que uno dice que algo sea cierto para que lo sea. La verdad no es declarativa, requiere que aquello que se considera cierto pueda ser demostrado a los demás. Así, es necesario definir unos criterios a partir de los cuales la veracidad de un hecho pueda, efectivamente, ser demostrada. No basta con la visualización tipo Conny Mendez.

Así, no basta con declarar que alguien ha abandonado un cargo para que nos encontremos ante un hecho cumplido. Para que alguien no se encuentre presente en el ejercicio de una función, es necesario que, en efecto no lo esté. Yo siempre he pensado que al chavismo hay que ganarle políticamente. No basta con desear que las cosas sucedan para que se materialicen, pero tampoco bastan los actos de voluntad. La política requiere de un pensamiento complejo que nos permita evaluar correctamente la realidad, más allá de nuestras expectativas y nuestros deseos. A veces se nos olvida que al chavismo hay que ganarle políticamente y no por medio de subterfugios. Hay que recordar, como diría Sabinas, que al infierno se va por atajos.

La política es un asunto serio. Platón plantea que el Político debe constituirse en un epistemón. Un sujeto capaz de evaluar la realidad, de construir una visión del mundo definida a partir de categorías teóricas complejas. La política no puede constituirse en una actividad meramente instrumental, el político requiere de una constitución que le permita evaluar adecuadamente los contenidos de la realidad, evaluar las posibilidades de la acción e implementar estrategias que permitan lograr los objetivos trazados en beneficio de la convivencia colectiva, más allá de los intereses políticos particulares que cada cual tenga.

Pero ojo, el asunto no es sencillo, uno tendría que decir que no basta con haber pasado por Harvard o por Oxford, los grados académicos son condición necesaria pero no suficientes para garantizar que prevalezca la inteligencia. Uno tiene que recordar que una cosa es haber sido discípulo de Sócrates y otra, muy distinta haber sido Platón. Así, la política requiere de un ejercicio permanente y refinado del pensamiento y la reflexión; de la discusión de las ideas que nos lleve más allá de lo que dicen las encuestas o de las exigencias de los radicales.

Es desde ese pensamiento desde donde podemos pasar a la acción. La acción política requiere de una estructura de justificación a partir de la cual se valida aquello que se hace, se trazan metas, se definen estrategias, se convoca a la gente, se organiza y se moviliza. Uno no puede dejarse llevar por sus preferencias particulares. Así, por ejemplo uno no puede hacer equivalente el abandono de ejercicio de la Presidencia de la República del abandono del hogar por un sujeto malvado. Uno no puede darse el lujo de pensar lo político ingenuamente. Un axioma fundamental de la actividad política es aquel según el cual estamos obligados a considerar que nuestros adversarios son, al menos, tan buenos jugadores como nosotros podemos llegar a serlo. Uno no puede subestimar a los demás.

Llevamos años hablando de la estupidez del chavismo, considerando tontos a sus adeptos. A estas alturas deberíamos reconocer que estamos ante jugadores respetables en términos de su capacidad para armar el juego político. Se trata, sin duda de malos administradores de lo público, de una clase política autoritaria y corrupta, de gente que ha abusado en el ejercicio del poder. Sin embargo, se trata de jugadores que han logrado prevalecer en el ejercicio crudo del poder, en la administración de los recursos públicos, que ha avanzado asfixiando a la sociedad y reduciendo el espacio de juego de la oposición.

Yo creo que es necesario dar cuenta de que estamos perdiendo el juego democrático y abriéndole la puerta al autoritarismo liquido del Siglo XXI. Tenemos la responsabilidad de preguntarnos cuales son las razones por las cuales el chavismo permanece en el poder en medio de esta profunda crisis, cuáles son las razones que explican las debilidades de la unidad, por qué es tan difícil movilizar a la gente en defensa de sus derechos, cuál es la calidad y la naturaleza del liderazgo opositor, hasta dónde nos han traído y por qué.

Mientras tanto Maduro permanece en el cargo y nada avizora que eso vaya a cambiar en el corto plazo. Nos viene un tiempo de represión dura, en medio del desorden, la anarquía y la destrucción generalizada. Se gobierna sobre tierra arrasada. Se gobierna mal pero se gobierna. Es evidente que no se ha materializado el abandono del gobierno. No es tiempo para ingenuidades, ni para buenos deseos. Vivimos tiempos duros que requieren de reflexión profunda, de trabajo permanente y de un nuevo discurso que se aleje de las ilusiones y los espejismos y nos coloque frente a la realidad, para intervenir sobre ella y para construir soluciones que garanticen la restitución plena de la democracia.

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