Siria se une al acuerdo de París. ¿Y ahora qué?

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

Es oficial. Cuando se trata del cambio climático, literalmente ahora hay dos tendencias: Estados Unidos de Norteamérica y todos los demás. Siria, a través de la Agencia Árabe Siria de Noticias, anunció en una reunión de las Naciones Unidas, que su parlamento había votado sumarse al Acuerdo de París. Esta declaración significa que EEUU es el único país en el mundo que ha rechazado el tratado y prometió retirarse de él.

El 1 de junio de 2017, Donald Trump, anunció que los EE.UU. dejarían de participar en el Acuerdo de París 2015 sobre la mitigación del cambio climático. Trump declaró que “el acuerdo de París socavará la economía ” y “ponía (a EEUU) en desventaja permanente” frente a China e India. Durante la campaña presidencial, Trump se había comprometido a salirse del pacto, diciendo que se retiraría para ayudar a las empresas y trabajadores estadounidenses.

Pero, que un país como Siria, desgarrado por la guerra, se haya adherido al acuerdo debería hacer que la administración Trump se detenga y reflexione sobre su mal aconsejado anuncio de retirarse. Con Siria a bordo, ahora el mundo entero está decididamente comprometido con el avance de la acción climática, ¡salvar el Planeta! La participación de Siria pone un punto de exclamación sobre el hecho de que las acciones de Estados Unidos son contrarias a las acciones políticas y las creencias sinceras de cualquier otro país sobre la faz de la Tierra. La decisión del presidente Trump de retirarse del Acuerdo de París muestra una flagrante indiferencia por los deseos de las mayorías, un desprecio irresponsable e insensible a la salud, seguridad y bienestar económico, un vacío moral al ignorar los impactos sobre los más pobres y una gran ignorancia sobre la abrumadora evidencia científica.

Nuestro futuro colectivo y el de gran parte del resto de la vida en la Tierra depende, en buena medida, en enfrentar el cambio climático y la acidificación de los océanos. Hacerlo requiere una acción colectiva global. La decisión del presidente Trump de presentar una solicitud para abandonar el acuerdo de París en 2020 es lamentable. Niega los resultados de análisis científicos serios (algunos realizados por científicos estadounidenses) sobre la urgencia de abordar el problema del cambio climático; además de la rigurosa evaluación realizada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático referente a los aspectos técnicos y socioeconómicos, incluidos sus importantes beneficios colaterales en otras áreas, como la calidad del aire, la seguridad energética, la salud o la creación de empleo.

Siria aún no ha presentado un plan para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, como exige el Acuerdo de París. De hecho, la preparación de un plan para emitir menos contaminación de carbono es casi lo único que requiere el tratado de París aun cuando no sé las razones por las que Siria decidió centrarse en este asunto ahora. Probablemente, sea porque tiene suficientes problemas y no quiere ser visto como un caso atípico en la lucha contra el calentamiento global.

Desde que Nicaragua se unió al acuerdo de París el mes pasado, Siria era el único país que quedaba fuera del proceso. Nicaragua obtiene casi toda su energía de fuentes renovables y se negó a unirse al tratado en el 2015 porque argumentó que el acuerdo no fue lo suficientemente lejos. Así, con Venezuela ya son 195 países miembros en el Acuerdo de París que han adoptado un histórico arreglo acerca del cambio climático, que logró unir por primera vez a naciones desarrolladas y en vías de desarrollo.

En nuestro país, la Asamblea Nacional adoptó, el 30 de Diciembre de 2015, una Ley mediante la cual se aprueba el Acuerdo de París (Gaceta Oficial No 40.819), aunque desconocemos las obligaciones y las implicaciones del Acuerdo para nuestro país, no se sabe qué significa para los sectores productivos, para nuestros ecosistemas, la salud y, sobre todo, cómo cumpliremos los compromisos.

Según datos del Banco Mundial, Venezuela figura como uno de los países latinoamericanos con mayores emisiones anuales de dióxido de carbono por habitante: 6,4 toneladas métricas per cápita, principalmente por la actividad en el sector de hidrocarburos. Por tanto, me resulta incomprensible que en nuestro país, siendo tan dependiente del negocio petrolero, no le hayamos dado la importancia que tiene a un tema tan crucial como este.

Venezuela esgrimió como argumento la “neutralidad energética”, lo que implica que ninguna fuente de energía es buena o mala por sí misma y que hay maneras de hacer que las fuentes de energía “sucia” no influyan en el balance de emisiones de los gases de efecto invernadero mediante la captura de CO2. El Acuerdo de París, después de todo, establece algunos límites a sus signatarios. Lo que es más importante, permite a los países establecer sus propios objetivos de reducción de emisiones, en lugar de imponerlos.

Los EEUU han desempeñado un papel muy importante a lo largo de los años, fomentando la investigación científica de calidad sobre las causas y los procesos del cambio climático, los riesgos potenciales y las opciones de respuesta. Es una pena que este liderazgo de ese país se haya perdido. Otros en Europa, Asia y en las economías emergentes probablemente compensarán esta pérdida, transformando una dificultad en una oportunidad. Bajo los términos originales del Acuerdo de París, los Estados Unidos pueden anunciar un nuevo plan de reducción de gases de efecto invernadero en cualquier momento y pueden elegir permanecer en el tratado hasta el 2020. Aproximadamente siete de cada 10 estadounidenses quieren que los Estados Unidos permanezca en los acuerdos de París, según una encuesta de la Universidad de Yale realizada a principios de este año.

La aceptación por parte de Siria al tratado fue la primera buena noticia que emergió de las negociaciones climáticas de la ONU este año, que se llevan a cabo en Bonn, Alemania. El Acuerdo de París no es perfecto, pero es un camino a seguir. Creo que vamos a reducir las emisiones y alejándonos de los combustibles fósiles en el futuro.

Fotografía: Ecobidon

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